En el año 1985, un momento hoy evocado como la “primavera alfonsinista,” un grupo de jóvenes, varios alumnos de la Escuela Normal Vicente Fatone, dependiente de la Universidad Nacional del Sur y luego de la carrera de letras en la misma universidad, resuelve iniciar una actividad que tendría una larga proyección en los años siguientes.

Entonces eran apenas estudiantes en la Universidad Nacional del Sur en Bahía Blanca, autores de versos que buscaban poner la poesía en contacto con el entorno. La poesía, vale recordarlo, fue un discurso que perdió circulación entre nosotros y en el mundo. Basta buscar la sección “poesía” de cualquier librería para comprobarlo.
Panfletos, fanzines y aviones de papel
Su trabajo comenzó con panfletos (los matefletos), fanzines, aviones de papel con poemas impresos arrojados desde los edificios hacia plazas de Bahía Blanca e intervenciones como revistas murales o poemas pintados en las paredes de la ciudad.
Los poetas tomaron la plaza central de Bahía como punto de intervención y su actividad era repartir poemas a los transeúntes. Así comenzó el grupo de poetas mateístas integrado por sus tres miembros fundadores: Omar Chauvié, Marcelo Díaz y Sergio Raimondi, a los que luego se sumaron figuras como la artista Silvia Gattari, la poeta Roberta Iannamico y el poeta Mario Ortiz.
El narrador Luis Sagasti, a pesar de prosista, también integró el colectivo. Para quienes no conocen los pormenores de la historia cultural bahiense, vale recordar un programa radial “Maldición, llegó el verano” (1992-95), emitido desde la misma plaza, a cargo de Luis Sagasti y Mario Ortiz, un episodio que paralelo a la actividad de los mateístas y de gran impacto colectivo.
Poesía por otros medios no solo recobra y escribe la historia del grupo, sino que elabora hipótesis sobre su impacto y su programa poético: sacar la poesía de un lugar recluido y elitista y restablecer la relación entre el arte y la gente.

Lo interesante del experimento es que consiguieron su propósito. Su huella perdura en acciones como el Museo de Arte Contemporáneo (el primero del país, hoy dirigido por Marcelo Díaz y fundado por Andrés Duprat, hoy director del Museo Nacional de Bellas Artes, en 1995), el Festival de Poesía de Bahía Blanca, la editorial Vox y muchas otras acciones derivadas de la intervención de los poetas mateístas en la polis bahiense.
Condiciones de posibilidad
La pregunta que este libro procura responder es, ¿cuáles fueron las condiciones de posibilidad para este colectivo de artistas y escritores que generó una producción tan prolífica y de tan alta calidad en una ciudad mediana, de poco más de trescientos mil habitantes, que durante la dictadura militar alojó (y aun aloja) una base de la Armada Argentina y donde Alfredo Astiz solía pasearse orondo por las calles exhibiendo su impunidad? ¿Cómo fue posible que jóvenes con poca experiencia internacional, alejados de las metrópolis, pusieran en marcha semejante acción y lograran, desde una ciudad de provincia, construir una formación cultural cosmopolita, experimental y al mismo tiempo creativa y perdurable?
Vale la pena recordar, y acaso no sea una casualidad, que el periódico La Nueva Provincia, órgano del pensamiento conservador y vocero de la ideología de la dictadura cívico-militar, es de la misma ciudad donde este grupo floreció.
La respuesta a estas preguntas ofrece varios itinerarios y líneas de investigación que Poesía por otros medios repone y recorre. Los años 80 y la década del 90 del siglo XX, cuando el grupo florece, produjeron resultados significativos en el país y en el mundo.
El grupo Belleza y Felicidad en Buenos Aires es de los más conocidos, pero en el interior del país, en ciudades como San Salvador de Jujuy, Rosario, Mar del Plata, Viedma o Córdoba hubo también colectivos semejantes.
El libro también recupera el contacto con grupos de Chile, Brasil y Perú. El viaje que realizaron en mayo de 1990 Chauvié, Díaz y Raimondi a Chile, invitados por el Encuentro de poesía argentino chileno, donde conocieron a Nicanor Parra, y también las lecturas (y escucha) del movimiento punk o las canciones de Velvet Underground en Nueva York, todos estos acontecimientos contribuyeron a articular posiciones y programas poéticos que el grupo expandió.
Los poetas mateístas, sin embargo, aunque comparten ciertos rasgos, sobresalen entre todos estos grupos. Cabe señalar el privilegio de la dimensión colectiva sobre lo individual, la horizontalidad (subrayada en el libro), no solo del paisaje pampeano y bahiense, sino de la relación respetuosa entre sus miembros: tolerante, democrática y renuente a liderazgos autoritarios, como ocurría en ese momento, tan diferente del presente, en que las palabras democracia y comunidad, gozaban de un prestigio hoy seriamente erosionado.
Otro de los factores que resulta preciso resaltar para comprender a los mateístas se encuentra en el también hoy devaluado sistema de educación pública. La universidad, donde todos ellos estudiaron y aún enseñan, aparece como un elemento central para entender el fenómeno y su trayectoria.

Un dispositivo clave
La Universidad Nacional del Sur, hoy muy bien ubicada en los rankings académicos del país, opera como un dispositivo clave, que permite explicar algo que reconocemos también en el rock, el cine, la música y el teatro, todas expresiones que aprovecharon la energía de la apertura democrática para salir a la calle y buscar el diálogo con la ciudadanía.
Por último, vale resaltarlo, el marco urbano de la ciudad de Bahía Blanca. Su Biblioteca por ejemplo, ubicada próxima a la plaza Rivadavia, donde los entonces adolescentes poetas y artistas accedieron a libros y estímulos potentes, multiplicadores.

El libro, que es una tesis defendida en la UNS, dirigida por la poeta Ana Porrúa, se organiza en cuatro capítulos que recorren los comienzos del grupo y pone énfasis en la interacción entre poesía y ciudad: la actividad mural, los panfletos y fanzines iniciales, la consolidación del grupo en revistas murales, las pintadas donde arte y palabra interactúan y, por último, en el capítulo cuarto, su efecto en editoriales y museos que hoy perduran.
Estas instituciones, recibieron el apoyo de la Fundación Antorchas, así como el acompañamiento comunitario, que no hizo oídos sordos a las voces de los entonces jóvenes poetas bahienses. Ellos vindicaban, como en el ritual del mate, el poder comunicativo y social de la poesía y el arte.
La poesía, como el mate, iguala, invita a conversar, a compartir y a gozar de aquello que el arte nos provee: una actividad alejada del lucro y la utilidad. La utilidad y la riqueza de lo inútil, pero no por ello, como este libro lo demuestra, desprovisto de valor.
Poesía por otros medios, de Omar Chauvié (Ediuns).

