En las paredes, un afiche artesanal oficiaba de prólogo visual: una composición de recortes con titulares de época que daban cuenta de cómo el aparato mediático no sólo calló, sino que fue arquitecto de la apología del terrorismo de estado. En la puerta, los libros de Ediciones IPS daban la bienvenida a los y las ingresantes, con varios ejemplares para trabajar la memoria colectiva. Las bolsas de rosquitas ya sobre los bancos, las luces se apagaron y la última pava anunciaba la hora de empezar.
El documental La construcción del enemigo, es una obra que reconstruye la operación de prensa montada alrededor del secuestro de Alejandrina Barry cuando era apenas una niña, tras el asesinato de sus padres a manos de las fuerzas represivas. La actividad, cargada de simbolismo, fue organizada por la agrupación estudiantil EnClaveROJA – Pan y Rosas junto a las Secretarías de DDHH y de Género y Diversidades. La presentación estuvo a cargo de Cami Escribano, abogada y militante del Centro de Profesionales por los Derechos Humanos (CeProDH), quien trazó el puente necesario entre la impunidad de ayer y las luchas políticas de hoy.
Alrededor de 60 personas —estudiantes de Abogacía, Trabajo Social, Sociología y Comunicación, junto a docentes de la casa— poblaron el aula. El silencio durante la proyección solo se rompió cuando se encendieron las luces y la palabra empezó a circular. Estudiantes y profesores tomaron el micrófono no solo para preguntar, sino para volcar reflexiones que conectaban el documental con la realidad actual de los derechos humanos en Argentina.
“Me quedó resonando una de las frases de una de las docentes, compañera de militancia de tu mamá que dice ‘es un deja vu’. Se me hace inevitable pensar hoy lo que pasa en el país, que el gobierno niega a los desaparecidos. ¿Qué te pasa a vos cuando ves que vuelven a gobernar quienes niegan la dictadura?” preguntó Emi, estudiante de Trabajo Social. Vicky, estudiante de Abogacía, se animó también a tomar la palabra y preguntó por las lecciones que le dejaron sus padres para pensarse hoy como jóvenes interpeladas a militar. Caro, también de Abogacía, le preguntó a Alejandrina “¿qué mecanismos jurídicos específicos y herramientas podemos construir para conseguir la apertura de los archivos de la dictadura?”. Itatí, estudiante de Comunicación retomó la temática sobre el rol de los medio de comunicación que aborda el documental, para preguntar “¿cómo hiciste para enfrentar a ese medio (Editorial Atlántida) y contraponerle tu historia?”. Sol y Uli, estudiantes de Sociología remataron con preguntas sobre el rol de la CGT y sobre el Proyecto X, mencionado en el documental, para pensar la vigencia del rol de los servicios de inteligencia, la represión y la lucha por la autoorganización obrero-estudiantil en la recuperación de los sindicatos de manos de la burocracia.
Alejandrina Barry escuchó y dialogó con la calidez de quien sabe que la memoria es un músculo que se ejercita en común. En ese aula de la FADECS, cada pregunta de los estudiantes recibió su espacio y su tiempo. “Ninguno de nosotros hubiera podido conocer su historia y enjuiciar a los genocidas si no hubiera sido por una lucha enorme que existió en nuestro país”, señaló Ale, con la firmeza de quien ha hecho de la verdad una bandera. «En esos juicios participamos y tratamos de utilizar todos los mecanismos legales posibles, pero lo más importante lo conseguimos con la movilización.
«La búsqueda de justicia también tuvo su anclaje técnico y legal en el debate. Alejandrina destacó un precedente fundamental: ’En mi caso, logramos la apertura de los archivos de la causa de mis padres para demostrar que, si el Estado entregara toda la información que posee, hubiéramos conocido la verdad rápidamente. No estaríamos, 50 años después, con juicios fragmentados que solo avanzan por el enorme esfuerzo y los testimonios de los sobrevivientes’. Se recordó, en este sentido, que en Neuquén acaba de comenzar el noveno tramo de la causa ’La Escuelita’, un proceso donde el CeProDH ha sido querellante histórico en todos los tramos anteriores, de la mano del trabajo de las abogadas Natalia Hormazábal y Mariana Derni, junto a otros organismos de derechos humanos.»
Sin embargo, su intervención no se quedó en el pasado. Con la mirada puesta en el presente, trazó un puente histórico: “Milei es apologista de la dictadura, pero piensen que este no fue el único gobierno que buscó la impunidad. En los ‘90 tuvimos que pelear porque, aunque conseguimos el Juicio a las Juntas con una gran movilización, inmediatamente vinieron las leyes de Obediencia Debida y Punto Final con Alfonsín, y luego los indultos de Menem. Por eso, cuando nos dicen que es muy difícil pelear contra este gobierno, yo recuerdo lo que fue luchar cuando fundamos H.I.J.O.S. en aquellos años. ¿Qué tiene que ver con la actualidad? Pelear por juicio y castigo pero también todas las defensas actuales por la educación pública, por derechos laborales, enfrentando esa reforma laboral que era el sueño de Videla. Yo me siento profundamente orgullosa de mis padres y me convertí en militante, no sólo contra la impunidad, sino por un proyecto que construya una sociedad rompiendo los marcos del capitalismo, completamente distinta a esta. Porque los militares quisieron erradicar la idea de revolución: el orgullo que me dio conocer su historia fue saber que ellos querían cambiarlo todo”, remató Alejandrina.
Una de las últimas preguntas hizo referencia a la importancia de movilizar el próximo 24/3. En este sentido, convocó a construir una jornada unitaria en todo el país que incluya la lectura de un documento crítico que apunte no solo contra gobierno nacional, sino también contra la oposición patronal, denunciando su complicidad en la aprobación de leyes reaccionarias y el avance del plan de ajuste, los cuales —según señaló— «no podrían haberse concretado sin su apoyo.»
Y si todo emocionaba hasta ahí, al final todo fue mejor aún. En el día de su cumpleaños, con dos tortas enormes y las luces apagadas, el aula entera se unió en un solo canto de «Feliz Cumpleaños» para Alejandrina. El cierre se transformó en abrazo.
El compromiso estudiantil en la FADECS recordó que la memoria es una herramienta para transformar el presente. En las voces de las impulsoras de la Secretaría de Género y Diversidades que llamaron a tomar en sus manos la militancia transformadora, revolucionaria, a pelear por reconstruir los lazos de solidaridad y cooperación dentro y fuera de la universidad, en unidad con quienes hoy también sufren las consecuencias del ajuste y para hacer una fuerza que pueda derrotar en serio los planes del gobierno. Reconstruir el pasado es, en definitiva, apostar a la conquista de una sociedad sin opresores ni oprimidos, un proyecto con tanta o mas vigencia que cuando luchó la generación de los 70. Por ese futuro el compromiso de mantener vivo el grito de ¡Son 30.000, fue genocidio! Y la cita de honor de llenar las calles también en su nombre el próximo 24 de marzo.







