Un mendocino decidió cruzar fronteras, geográficas y culturales, para construir una vida distinta y, al mismo tiempo, generar impacto social. Se trata de Daniel Cabrillana, oriundo de Las Heras, quien desde hace cuatro años vive en Mauritania junto a su familia, desafiando prejuicios y aportando una mirada propia sobre realidades que muchas veces se perciben como lejanas.
Instalado en ese país africano en el marco de un proyecto de ayuda social, Cabrillana trabaja en una ONG, colabora con una clínica y desarrolla iniciativas deportivas que tienen al fútbol como eje de inclusión. Su tarea alcanza incluso a una prisión juvenil, donde acompaña a jóvenes de hasta 18 años.
Su experiencia refleja una convicción firme: el deporte puede ser una herramienta clave de contención y transformación. A través de entrenamientos y actividades, busca generar espacios de integración, aprendizaje y acompañamiento para chicos que atraviesan contextos complejos.
Lejos de los estereotipos, el mendocino también destaca la calidez de la gente y describe una vida cotidiana que, en líneas generales, transcurre con tranquilidad. En ese sentido, subraya la capacidad de adaptación de los latinoamericanos, quienes, según su mirada, logran integrarse con mayor naturalidad que europeos o norteamericanos, en parte por las similitudes con ciertas realidades de Argentina.
En la previa del amistoso frente a la Selección argentina, Cabrillana aporta una mirada desde adentro sobre la expectativa que se vive en Mauritania. “Los mismos amigos de acá me dicen: ‘Por favor, hasta 10 a cero, más no’”, cuenta entre risas. Y agrega: “Es una selección que está en crecimiento y quiero ver el viernes cómo lo va a disfrutar Mauritania, el marco argentino, el estar cerca de Messi”.

