Dom, 29 marzo, 2026
20.7 C
Buenos Aires

Tenía 13 años, mató a su madre y volvió a dormir: Robert Coombes, el asesino que sacudió a la Inglaterra victoriana

Las escenas de horror muchas veces son obra de los más inesperados. A veces, un joven de 13 años, de apariencia prolija e inteligente. En el East End de Londres, en 1895, la moral victoriana se enfrentó a una situación que no sabían cómo titular.

Robert Coombes, no era el típico criminal marginado. Por el contrario, era un chico inteligente, curioso y obsesivo, que vivía en un contexto atravesado por la violencia, el abandono y los relatos sangrientos.

El caso no solo impactó por el crimen, sino por la frialdad y la mentira posterior. El niño no solo había asesinado a su madre, sino que convivió con el cuerpo, hizo movidas económicas y siguió con sus actividades como si nada.

Robert Alan Coombes nació en enero de 1882 en Bethnal Green, Londres. Era el hijo mayor de una familia inestable. Su padre trabajaba en un transatlántico y pasaba largos periodos lejos de su casa, dejando a Emily, su madre, a cargo de todo.

Robert consumía «penny dreadfuls«, que eran publicaciones baratas sobre asesinatos, violencia y morbo. Estaba fascinado, pero nadie lo vio como un problema. Mientras crecía, fue testigo indirecto de los crímenes de Whitechapel. La presencia de Jack el Destripador estaba muy presente por los relatos populares.

La historia popular

¿Plan o impulso?

La noche del 6 al 7 de julio de 1895, la casa quedó sin la figura paterna (como tantas otras veces). Ese domingo, a raíz de una discusión, Emily golpeó al hermano menor, Nathaniel, quién anunció que quería matarla.

Días antes, Robert había comprado un cuchillo que escondió en una chimenea en desuso. Por la madrugada del domingo, casi pisando las 4, entró a la habitación donde dormía su madre.

Primero, la golpeó en la cabeza con una cachiporra y, después, le dio dos puñaladas directo al corazón. Luego de eso, simplemente volvió a dormir.

A la mañana siguiente, fue a la habitación de su hermano y le contó que había matado a su madre. Nathaniel no le creyó, hasta que la vio.

A partir de ahí, la historia dio un giro aún más perverso. Robert robó dinero de su madre, cambió monedas, pagó el alquiler y continuó con su vida normal, manteniendo la fachada.

Durante días, convivieron con el cadáver en la casa. Robert incluso esparció cal sobre el cuerpo para retrasar la descomposición. Todo siguió con normalidad. Hasta invitaron a un amigo de la familia a vivir con ellos, John Fox, a quien convencieron de que su madre estaba enferma.

Fox, con discapacidades mentales, fácil de manipular, fue una pieza clave del plan. Los hermanos tenían limitaciones por su corta edad, por lo que lo utilizaron para empeñar cosas de la casa -haciéndose pasar por el padre-: relojes, una mandolina y pertenencias familiares de valor.

A la par de eso, también falsificó cartas, inventó enfermedades e intentó conseguir dinero adelantado del trabajo de su padre. Para sostener la narrativa, los hermanos habían dicho que su madre se había ido de viaje a Liverpool, pero con el tiempo, el cuerpo empezó a hablar.

El olor, las moscas, la ausencia. Los vecinos empezaron a sospechar. En primer momento, intentaron acercarse para hablar con los habitantes de la casa, que sostenían la versión del viaje. Sin embargo, nadie les creía. Un día, uno de los vecinos consiguió una llave de repuesto y entró.

Boceto de Robert Coombes en el banquillo de acusados. Foto: Wikipedia

Una vez adentro, y después de tirar la puerta de la habitación abajo, encontraron el cuerpo en descomposición avanzada, siendo consumido por gusanos y orbitado por moscas. Además de estar tendido sobre una gran mancha de sangre seca y cerca del arma homicida. Llamaron a la policía.

La resolución policial frente a la mente de un joven asesino

La policía llegó y arrestó a Robert, junto a Fox. El juicio en la Old Bailey fue inquietante. Durante la declaración, no había una gota de arrepentimiento, sino que demostraba fascinación por su trabajo.

Robert escribía cartas hablando de su posible ejecución con indiferencia. Decía que no le importaba ser ahorcado, siempre y cuando le dieran un buen desayuno antes. Dibujaba su propia muerte, se imaginaba en el cadalso, hasta se despedía.

Los médicos intentaron entenderlo. No encontraron una locura explícita, pero era alarmante la ausencia total de brújula moral. Se concluyó que era un «maníaco homicida con períodos lúcidos».

Fue declarado culpable, pero no condenado a muerte. Por su edad, fue enviado a Broadmoor, el hospital para criminales insanos, era el interno más joven. Pasó 17 años encerrado.

Hospital mental Broadmoor. Foto: Victorysocieti.org.uk.

Salió a los 30 años y migró a Australia. Se enlistó en la Fuerza Imperial Australiana durante la Primera Guerra Mundial y fue condecorado por valentía en la campaña Gallipoli como camillero. Era irónico que la misma persona que mató a su madre, ahora salvaba vidas.

Después de la guerra, trabajó en una granja en Annaglen y enseñó música en la región de Nueva Gales del Sur.

Nunca contrajo matrimonio, pero adoptó un hijo a quién le dejó todas sus pertenencias. Robert falleció en el hospital de Cobbs Harbour en mayo de 1949, a los 67 años.

Robert Coombes fue un joven que con sus acciones despiadadas desafió las normas sociales y dejó una marca indeleble en la historia policial inglesa.

Redacción

Fuente: Leer artículo original

Desde Vive multimedio digital de comunicación y webs de ciudades claves de Argentina y el mundo; difundimos y potenciamos autores y otros medios indistintos de comunicación. Asimismo generamos nuestras propias creaciones e investigaciones periodísticas para el servicio de los lectores.

Sugerimos leer la fuente y ampliar con el link de arriba para acceder al origen de la nota.

 

El «pequeño universo» de Decur llega a la contratapa de Clarín

Guillermo Decurgez es ilustrador, y todos lo conocen como Decur. Desde el 1° de abril será el nuevo dibujante...

La vuelta de una misión tripulada a la Luna: medio siglo después, cómo será el histórico vuelo de Artemis II

Durante más de medio siglo, la Luna quedó ahí, suspendida en el cielo y en la memoria. Un territorio...

Destrozos por un temporal: vientos huracanados en el sur de Santa Fe y fuertes lluvias en Córdoba dejaron pueblos sin luz y dañaron silos

Un fuerte temporal de lluvias y vientos huracanados provocó graves daños en localidades del sur de Santa Fe, donde...
- Advertisement -spot_img

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí