Monseñor Ramón Dus destacó que esta liturgia actualiza la necesidad de una «memoria íntegra, no anulando el pasado, pero también que sea luminosa», citando palabras del Papa Francisco para invitar a la comunidad a no detenerse en lo transcurrido, sino a asumir el presente con sus desafíos y también la reciente declaración de la Conferencia Episcopal por el 24 de Marzo, en el aniversario del inicio de la dictadura.
El arzobispo explicó que la aclamación con palmas y olivos simboliza dos pilares de la fe: la conquista de «lo perenne con el don de la vida» y un «mensaje divino de armonía y de integridad» representado en el olivo. Para Dus, la conmoción de la ciudad ante la entrada de Jesús debe traducirse en un compromiso ético y social, donde el don de uno mismo permita construir «un camino de historia con tanta gente».
En cuanto al rol de las instituciones, el prelado fue contundente al señalar que el bienestar común depende de una estructura sólida. «Lo que nos garantiza la defensa de los derechos de todas las personas es una presencia inteligente y eficiente del Estado», afirmó Dus, subrayando que dicha presencia es la que asegura el cumplimiento de las obligaciones y derechos para «vivir todos con una mayor dignidad».
Finalmente, el obispo de la Arquidiócesis de Resistencia instó a los ciudadanos a integrar sus libertades individuales en una construcción de nación común iluminada por la ley. Al recordar al beato Mamerto Esquiú, señaló que la prosperidad social surge cuando somos capaces de «inmolar una parte de nuestras libertades en función de la fraternidad de los otros», logrando que el diálogo y la aceptación de las diferencias enriquezcan la vida democrática.



