Por Alejandro Laurnagaray*
Es cierto que Irán venía creciendo en poder militar e influencia política en la región, y eso era una amenaza desde el punto de vista de Israel. Cuando China sentó en la mesa a Irán y Arabia Saudita para que se reconcilien, Estados Unidos e Israel prendieron las alarmas. Y eso fue antes del 7 de octubre de 2023.
Ahora, todos los actores de la guerra dicen que ya ganaron, pero ¿qué es ganar? ¿Derrocar al régimen de Irán? Mientras, Irán también puede decir que derrotó a Estados Unidos porque no lograron destruirlo. La guerra puede quedar así o seguir escalando, la realidad es que no se sabe y que no se puede descartar una incursión terrestre.
El cambio de régimen es un objetivo complicado, al punto de que Estados Unidos ni siquiera lo logró en Venezuela. Están intentándolo desde 1979, o sea que no es un conflicto nuevo. En el poder estadounidense la línea belicista era menor, pero es la que Donald Trump terminó eligiendo.
Trump, la guerra, los republicanos y las elecciones
De todos modos, para entender a Trump hay que escuchar lo que dice en voz baja y tranquilo: lo que dice a los gritos es para la tribuna. Antes del 28 de febrero, cuando comenzó esta guerra, la perspectiva de los republicanos hacia las elecciones de noviembre ya eran negativas.
De no ocurrir algo extraordinario, la contienda electoral está perdida para los republicanos: en Estados Unidos, más del 70 por ciento de la población no quiere esta guerra. Trump no tiene reelección y está quemando sus últimos cartuchos con todas las decisiones que pueda tomar.
Estados Unidos se veía desplazado por la creciente influencia de China, Rusia e Irán en la región, e Israel fue una cuña de la estrategia occidental. Mientras tanto, el Gobierno argentino está un poco más callado: quizás, alguien advirtió que convenía no subirse al exitismo atrás de Trump y Netanyahu.
*Analista internacional



