-Sí, siempre estuvo ahí, en mi cabeza, en el recuerdo, entre mis anhelos. Siempre, siempre, siempre. Bueno, y finalmente salió», le decía hace unos días Guillermo Héctor Francella a Revista GENTE, como un chico al que le acaban de regalar su juguete preferido. Y sí, hoy, lograr llevar al teatro la obra basada en el imperecedero filme Desde el jardín, para el gran actor argentino sabe más que a un anhelo. Así él mismo explicaba los porqué…
«Apenas descubrí en 1979 aquella película de Hal Ashby que obtuviera el Oscar, dos Globo de Oro y un Premio BAFTA, con un inolvidable Peter Sellers como protagonista, encabezarla fue uno de mis grandes sueños artísticos. No sólo eso: cuarenta y seis años después, la versión porteña se está por convertir -adelantaba- en la primera adaptación teatral del planeta de dicho filme. Y con un casting increíble, dirigido por Marcos Carnevale y compuesto por Andrea Frigerio, Martín Seefeld, Horacio Erman, Mayra Homar, Diego Jaraz, Daniel Miglioranza, Edgardo Moreira y Carla Pandolfi. El espectáculo, te aseguro, va a impactar al público», señalaba poco antes de que esto mismo ocurriera el sábado último, cuando se abrió el telón del Metropolitan.
«A MÍ ME GUSTA EL DESAFÍO SIN RED QUE PROPONE EL TEATRO»

Dudaba, pensaba y definía por entonces Francella: “A mí me gusta la masividad que brinda la tele, la contundencia feroz del cine y esa cosa maravillosa de las plataformas, pero también me pueden la inmediatez y el desafío sin red que propone el teatro. Lo relevante, en todos los casos, es que esté bien escrito y bien contado», admitía quien no para de trabajar en todas ellas, al punto de inspirarnos un leve paréntesis para la siguiente pregunta:
-Acaba de estrenar el filme hispano-argentino Playa de lobos, en breve llegará El encargado 4 (que tendría una quinta temporada), ahora Desde el jardín. ¿Cómo le da el cuero, Guillermo?
-Me siento bárbaro físicamente -hinchaba sus pulmones de aire apenas le recordábamos que pocos días atrás, el 14 de febrero, arribó a los 71 años-. Celebré el cumpleaños en mi casa, explotado de amigos, comiendo un rico asadito -ilustraba.

-¿Y cómo lo trata la soledad? -aprovechamos para consultarle.
-Nunca estoy solo.
-¿¡Nunca!?
-Tengo a mis hijos (Johanna -32- y Nicolás -35-), a mi hermano mayor (Ricardo), varios amigos.
-Okey, ¿y cómo se lleva con usted mismo cuando no se encuentran ellos?
-Muy bien. Me he separado, sí (en 2025, de María Inés Breña, con quien compartió media vida), pero me llevo muy bien conmigo.

-¿Qué actividades lo apasionan y desarrolla en la intimidad, lejos de los estudios, las tablas y los sets?
-Lo aeróbico me gusta mucho: camino entre siete y nueve kilómetros por día o día por medio. Juego al golf -algo que me encanta- una vez por semana. Ando muy activo en ese sentido. Me cuido bastante.
-Puertas adentro, ¿cómo es Francella?
-Me armé una oficina en el balcón de mi departamento con una decoración que incluye tapas de revistas en las que salí (hay varias de GENTE, por supuesto, incluyendo la primera, de agosto de 1992), mis premios, una compu. Paso mucho tiempo en ese lugar. Me divierto viendo cosas, me distraigo con algunos juegos. Soy bastante simple. Chusmeo reels, aunque no tenga redes propias. Ahí leo, estudio las letras. Ahora, para el caso, los textos de Desde el jardín, una obra más que especial, como te comenté recién -nos vuelve al tema.

-Para quienes no vieron aquella adaptación inédita de la novela Being There, escrita por el polaco-norteamericano Jerzy Kosinski, que se publicara en 1971, ¿cómo la resumiría?, ¿qué cuenta Desde el jardín?
-La historia de Chance Gardiner (mi rol), un hombre de inteligencia limitada, criado toda su vida dentro de la mansión de un rico benefactor, que no sabe leer ni escribir y cuyo único conocimiento proviene del cuidado del jardín y de lo que ve en la televisión. Cuando dicho benefactor fallece y Chance es expulsado de la casa, viéndose obligado a integrarse a la sociedad, el azar hace que conozca a Eva (Frigerio), una mujer de la alta sociedad que decide acogerlo en su casa junto a Ben, el marido (Miglioranza), un empresario influyente y enfermo en fase terminal, para el que Chance pronto será su mejor medicina.

-¿Por qué?
-Porque Chance carece de malicia, ambición o deseo de poder. No obstante, y sin proponérselo, se convierte en un sabio accidental. Su literalidad, simplicidad y forma de expresarse con metáforas sobre plantas y estaciones climáticas son interpretadas por las personas que lo rodean -incluido el presidente de Estados Unidos (Seefeld)- como un discurso filosófico o político de gran relevancia intelectual a tener muy en cuenta. Tanto que llega a ser considerado un consejero influyente e incluso un candidato a la Casa Blanca, todo por las malas interpretaciones de su lenguaje inocente.

-Cualquier semejanza con la actualidad…
-(Risas) Tal cual. Hablamos de una comedia negra, de un drama social sobre los particulares tiempos que corren en el mundo actual y muestran cómo la apariencia y el contexto pueden crear prestigio sin que exista realmente conocimiento o mérito. Y sí, se trata ciertamente de una sátira de cómo la sociedad y los medios valoran la forma sobre el contenido, mostrando que el poder puede recaer en alguien que literalmente “no sabe nada” pero está en el lugar correcto y dice las palabras correctas. “¿Será que el mundo se encuentra ciego y Chance Gardiner es el único que lo ve con pureza? ¿Estamos en presencia de un idiota o de un sabio?”. La pieza abre ambos interrogantes.
-¿También los cierra?
-Yo lo único que puedo asegurarte es que la gente partirá del teatro preguntándose eso y mucho más.
Fotos: RS, Gentileza de Martín Bonetto y Silvia Santos y Archivo Atlántida

