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Mujeres platenses: símbolos de resistencia joven

En Vive la Plata, por ser el Mes de la Mujer, decidimos sostener durante todo marzo conmemoraciones diarias a las mujeres platenses que marcaron nuestra historia con un impacto significativo a nivel regional, nacional o global. Hoy, por ser el último día del mes, queremos recordar a las víctimas directas y protagonistas de la última dictadura cívico-militar que atravesó nuestro país: las mujeres desaparecidas de La Plata. A 50 años del Golpe, informarnos sobre su lucha y entender sus historias es nuestra responsabilidad como platenses para mantener viva la Memoria.

El objetivo de esta nota es dar visibilidad a un colectivo que sufrió los actos de violencia más atroces en la época más oscura del país: nuestros símbolos de resistencia joven, algunas de las mujeres platenses desaparecidas y asesinadas en la última dictadura cívico-militar. Según los datos oficiales del Informe Nacional sobre Desaparición de Personas, el 33% de los desaparecidos entre 1976 y 1983 fueron mujeres, y el 10% de ellas estaban embarazadas.

Victoria Álvarez, investigadora del CONICET, explicó en uno de sus informes la relación entre los dictadores y el cuerpo femenino. Detalló que “la concepción que los perpetradores tenían de las secuestradas es que eran mujeres que se apartaban de la moral patriarcal que ellos valoraban, que creían que peligraba y que pretendían reforzar”.

Muchas mujeres desaparecidas tenían roles activos en la sociedad; eran militantes activas de diferentes partidos políticos, docentes, estudiantes y profesionales. Podría decirse que se «salían» de los roles estereotípicos de género: eran más que amas de casa o madres. En nuestra sociedad, existe una deuda de entender la dictadura y su impacto también desde una perspectiva de género. Para eso, Memorias y marcos sociales de escucha sobre la violencia sexual del terrorismo de Estado es una lectura recomendada, donde la investigadora ya mencionada, Victoria Álvarez, analiza testimonios reales y, a partir de ellos, reflexiona sobre «la experiencia concentracionaria argentina desde una perspectiva de género».

La presencia de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP) explica por qué La Plata fue una de las áreas metropolitanas que más afectadas por la violencia militar de la época. Al igual que en otras ciudades estudiantiles, la mayor parte de desaparecidos y desaparecidas pertenecían a la institución, y por ser la capital de su provincia, siempre existió mucha presencia política y militancia estudiantil.

A continuación, compartimos algunos nombres e historias de mujeres platenses asesinadas y desaparecidas en la última dictadura para que, 50 años después, la Memoria de sus historias de vida y lucha no se desgaste.

María Clara Ciocchini (1958-1976)

María Clara fue militante estudiantil y una de las víctimas de la denominada «Noche de los Lápices». Aunque nació en Bahía Blanca, su figura está íntimamente ligada a La Plata, donde desarrolló su activismo y donde fue secuestrada por las fuerzas represivas de la última dictadura militar.

Antes de mudarse a La Plata, María Clara tuvo una activa participación en los Scouts de Argentina en Bahía Blanca, llegando a ser guía de la Comunidad Guía Nº 1. Su vocación de servicio se transformó en militancia política al mudarse a nuestra ciudad, donde se inscribió en el Bachillerato de Bellas Artes de la UNLP: ahí, se sumó a la Unión de Estudiantes Secundarios (UES). Desde ese espacio, participó activamente en los reclamos por el Boleto Estudiantil Secundario y en tareas de alfabetización en barrios periféricos, vinculando el arte y la educación con la justicia social.

A los 18 años, María Clara fue secuestrada durante la madrugada del 16 de septiembre de 1976 en el domicilio de la calle 56, donde vivía junto a su compañera de militancia María Claudia Falcone. Ambas fueron llevadas inicialmente al centro clandestino de detención conocido como «Arana» y luego al «Pozo de Banfield».

Según testimonios de sobrevivientes, como el de Pablo Díaz, María Clara mantuvo su entereza a pesar de las torturas. Permanece desaparecida desde entonces, convirtiéndose en un símbolo de la resistencia juvenil frente al terrorismo de Estado.

María Claudia Falcone (1960-1976)

María Claudia nació en La Plata, en una familia con fuerte tradición política, y cursó sus estudios en el Bachillerato de Bellas Artes de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP). Comenzó ahí su militancia en la Unión de Estudiantes Secundarios (UES), donde rápidamente se destacó por su capacidad de organización y su compromiso social.

A pesar de su corta edad, participó activamente en tareas de alfabetización y apoyo sanitario en barrios vulnerables, como Villa Argüello. Claudia no quería que su lucha se limite a las aulas; buscaba vincular el derecho a la educación con las necesidades de los sectores más abandonados de la región.

En septiembre de 1975, María Claudia fue una de las principales impulsoras de las movilizaciones para conseguir el Boleto Estudiantil Secundario ante el Ministerio de Obras Públicas. Este reclamo la puso en la mira de las fuerzas represivas, junto a sus compañeros de la UES.

El 16 de septiembre de 1976, a los 16 años, fue secuestrada en el departamento de su tía en la calle 56, junto a su amiga y compañera de militancia María Clara Ciocchini. Según testimonios de sobrevivientes, ambas pasaron por los centros clandestinos de detención de «Arana» y el «Pozo de Banfield». Permanece desaparecida, y al igual que su amiga y compañera Clara, se convirtió en un símbolo de la resistencia juvenil frente al terrorismo de Estado.

Ana Teresa Diego (1954-1976)

Ana Teresa Diego nació en Bahía Blanca, pero se mudó a La Plata para seguir su vocación científica. Era una alumna destacada de la Facultad de Ciencias Astronómicas y Geofísicas (el histórico Observatorio). Al mismo tiempo, desarrollaba una activa militancia en la Federación Juvenil Comunista (FJC), donde participaba en debates políticos y sociales de la época.

El 30 de septiembre de 1976, a los 22 años, Ana Teresa fue secuestrada por fuerzas represivas al salir del Observatorio, en la zona del Bosque platense. Según testimonios de sobrevivientes, fue vista en los centros clandestinos de detención «Pozo de Quilmes» y «Brigada de Avellaneda». Durante décadas permaneció desaparecida, convirtiéndose en un símbolo de los estudiantes de ciencias exactas perseguidos.

En el año 2012, el Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) logró identificar sus restos, los cuales habían sido enterrados como «NN» en el Cementerio de Avellaneda. Este hallazgo permitió a su familia y a la comunidad académica cerrar un ciclo de búsqueda y darle sepultura oficial.

La Unión Astronómica Internacional aceptó la propuesta de bautizar al Asteroide 11441 con el nombre de «An Diego» en su honor. Fue la primera vez que un cuerpo celeste recibió el nombre de una persona desaparecida por el terrorismo de Estado. La iniciativa fue impulsada por sus propios compañeros y docentes del Observatorio de La Plata, como una forma de que su presencia en la ciencia fuera permanente.

Diana Teruggi (1950-1976)

Diana Esmeralda Teruggi nació en La Plata, cursó sus estudios secundarios en el Liceo Víctor Mercante y luego ingresó a la carrera de Letras en la UNLP. Durante su juventud, comenzó una activa militancia en la organización Montoneros, donde era conocida como «Didi».

Se casó con Daniel Mariani, también militante, con quien tuvo a su hija, Clara Anahí, en agosto de 1976. La familia vivía en la casa de la calle 30 entre 55 y 56 de La Plata, un sitio que funcionaba además como una imprenta clandestina de la revista Evita Montonera.

El 24 de noviembre de 1976, su vivienda fue blanco de un violento operativo conjunto de las fuerzas armadas y policiales (bajo el mando de Ramón Camps y Miguel Etchecolatz). La casa fue atacada con artillería pesada durante horas. Diana Teruggi fue asesinada en el lugar junto a otros cuatro compañeros de militancia.

Su hija, Clara Anahí, que en ese entonces tenía tres meses de vida, fue secuestrada durante el operativo y desaparecida. Este hecho dio inicio a la incansable búsqueda de su abuela, «Chicha» Mariani, una de las fundadoras de Abuelas de Plaza de Mayo.

Hoy en día, la casa de la calle 30 se conserva tal como quedó tras el ataque, con los impactos de bala y boquetes visibles. Funciona como el Museo Casa Mariani-Teruggi, un Sitio de Memoria que testimonia el terrorismo de Estado en la ciudad y preserva la historia de Diana como símbolo de la resistencia y el compromiso militante de la década del 70.

Irma Zucchi (1918-1976)

Irma Zucchi fue una destacada médica cirujana, obstetra y docente universitaria. Su carrera marcó un hito en la historia de la Facultad de Ciencias Médicas de la UNLP, al convertirse en la primera mujer en alcanzar el cargo de profesora titular en una cátedra de Cirugía en esa institución.

Zucchi desarrolló una extensa labor en el ámbito de la salud pública y la formación de profesionales en La Plata. Se especializó en ginecología y obstetricia, áreas donde se consolidó como una referencia técnica y académica. En la UNLP, fue titular de la cátedra de Obstetricia, donde se destacó por su capacidad técnica y su compromiso con la formación ética de los futuros médicos. Su prestigio la llevó a ocupar lugares de relevancia en una época donde las jerarquías académicas en medicina estaban compuestas casi exclusivamente por hombres.

El 12 de noviembre de 1976, durante la última dictadura militar, Irma Zucchi fue secuestrada en su domicilio de La Plata. Tenía 58 años al momento de su desaparición. A pesar de su trayectoria y su reconocimiento en el ámbito científico, fue víctima del plan sistemático de represión que afectó a la comunidad universitaria platense. Según investigaciones posteriores y testimonios, su desaparición se dio en el marco de las purgas y persecuciones que sufrió el claustro docente de la Facultad de Medicina en aquellos años.

En el año 2018, en un acto de reparación institucional, la Universidad Nacional de La Plata entregó el legajo reparado de Irma Zucchi. En dicho documento se dejó constancia de que el cese de su actividad docente no se debió a razones administrativas, sino a su condición de detenida-desaparecida por el Estado.

Hoy, su nombre es recordado en las aulas de Medicina como un símbolo de excelencia profesional y de la pérdida irreparable que significó el golpe de Estado para la ciencia y la educación superior en la región.

Aunque el mes de Marzo llega hoy a su fin, es nuestro compromiso, como comunicadores y ciudadanos, mantener viva la Memoria por el resto del año: el aniversario de los 50 años del último Golpe tiene que mantenernos despiertos, y la lucha por defender los derechos conquistados sigue en marcha.

Hace 50 años, los dictadores y represores le arrebataron al país una juventud hermosa que pensaba y proyectaba una patria más libre, justa y soberana. Hoy, los ideales de los más de 30.000 desaparecidos y desaparecidas están más vivos que nunca.

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Redacción

Fuente: Leer artículo original

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