El baúl de los proyectos archivados por los anteriores gobiernos de la Generalitat, rescatado del olvido por los actuales responsables autonómicos con el supuesto propósito de generar nuevas ilusiones, no parece tener fondo. Govern, Parlament y Ayuntamiento de Barcelona anunciaron ayer un protocolo de intenciones –por ahora no más que eso– para ampliar la sede de la Cámara catalana y atender así a una eterna demanda de los diputados, que desde que se recuperó esta institución en 1980 vienen quejándose reiteradamente de ese déficit de espacio vital del antiguo arsenal de la ciudadela militar de Felipe V que, al parecer, les impide desarrollar su trabajo en buenas condiciones. El documento firmado ayer parece una copia literal del que, en julio de hace 20 años, establecía “un marco de colaboración (de las tres instituciones) para posibilitar la ampliación de las dependencias del Parlament dentro del marco de la futura modificación del Plan General Metropolitano del conjunto del parque de la Ciutadella”.
La crisis financiera que explotó en el 2008 y las políticas de austeridad impuestas aconsejaron, con buen criterio, dejar para mejor ocasión las ansias expansionistas del Parlament, que unos años antes había conseguido una primera victoria: expulsar del edificio al Museu d’Art Modern de Catalunya.
Una idea de hace 20 años sepultada por las políticas de austeridad y un tímido amago de mudanza a las Glòries
Desde entonces, la ampliación de la sede parlamentaria ha sido un Guadiana de la política catalana que ha tenido episodios de crecida, como el que se produjo en 2012, cuando se atisbaba por fin una salida de la crisis y, desde el Ayuntamiento gobernado por el convergente Xavier Trias, se planteó –nunca oficialmente– que el Parlament del siglo XXI podría encontrar acomodo en una plaza de las Glòries que encaraba entonces un largo proceso de renovación urbanística.
También en esos tiempos, aunque con menor resonancia mediática, se acuñaron algunas ocurrencias tales como las de construir el nuevo Parlament en el distrito 22@ o la Sagrera, otra área en transformación de la ciudad. Y hasta recuerdo alguna conversación de café en la que un político local con nulas dotes adivinadoras insinuaba que Ayuntamiento y Generalitat tenían otro escenario escondido en la manga: la Zona Franca. Incluso en la campaña de las elecciones municipales del 2019, el candidato hispanofrancés Manuel Valls insistía todavía en llevar la Cámara autonómica a las nuevas Glòries.

Han pasado tantos años que Barcelona, esa ciudad donde entre el momento en que se planifican las cosas y el de su materialización suele distar una eternidad, ha tenido tiempo para definir y ejecutar la mayor parte de una plaza de las Glòries que es más un parque una plaza al uso. O de empezar a desarrollar un nuevo proyecto, el de la Ciutadella del Coneixement, que reconfigura todo el ámbito del viejo parque central y de los alrededores. O de mantener el Zoo de Barcelona como inquilino de la Ciutadella y vecino del Parlament. O de descartar para los usos parlamentarios –y de vivienda– el disputado solar de los antiguos juzgados del paseo Lluís Companys, donde dicen que algún día la Generalitat levantará la nueva Audiencia de Barcelona
El anuncio de ayer es el fruto, bien magro por cierto, de otro anuncio anterior, efectuado en agosto del 2024, cuando Jaume Collboni y Josep Rull informaron de la creación de una mesa de trabajo –una marca registrada de la política catalana– para estudiar la ampliación del Parlament. Ha pasado un año y medio y casi todo sigue igual. La única novedad, la foto de la firma de otro protocolo de colaboración. Visto lo visto, no es de extrañar que el calendario oficioso de este redivivo proyecto nos traslade, en el mejor de los casos, al año 2033.

Periodista catalano-brasileño. Redactor jefe de la sección Vivir. Más de media vida en La Vanguardia



