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Argentina se aleja de la recuperación de Malvinas ante una América Latina fragmentada

La Cuestión Malvinas ha reingresado al primer plano de la agenda política argentina a partir de un comunicado de un sector del peronismo que – con un título optimista – sostiene que el país nunca estuvo tan cerca de recuperar las islas en los últimos cincuenta años

Esta declaración – en un contexto de alineamiento ideológico del Gobierno de Javier Milei con Estados Unidos – ha reavivado el debate sobre los verdaderos alcances de la estrategia argentina y los límites que impone la geopolítica real.

La recuperación del ejercicio de soberanía plena sobre Malvinas no depende – exclusivamente – de una voluntad política doméstica. 

La geopolítica del Atlántico Sur está determinada por el control de pasos bioceánicos, la proyección antártica y una alianza militar angloamericana que convierte al archipiélago en una pieza clave de la seguridad hemisférica.

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Para analizar la actualidad del conflicto, es necesario identificar las fortalezas y debilidades de la posición argentina en el Atlántico Sur.

En el plano diplomático multilateral, la Argentina exhibe una de sus mayores fortalezas. El respaldo casi unánime de la comunidad internacional materializado en Resoluciones Anuales de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y en el firme apoyo de la Organización de los Estados Americanos (OEA) y la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) constituye un activo invaluable que hay que capitalizar con más fuerza porque aísla  -políticamente – al Reino Unido.

En 1965, la ONU aprobó la Resolución 2065 que solicitaba negociaciones directas entre Argentina y el Reino Unido teniendo en cuenta los intereses de los isleños.

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Otra fortaleza significativa es la construcción de una posición histórica y jurídica sólida. Argentina ha logrado instalar en los principales foros internacionales el principio de integridad territorial vulnerado por la ocupación británica de 1833, un acto calificado por la ONU como de colonialismo anacrónico. 

La Causa Malvinas es un punto de encuentro transversal en la política argentina, un consenso nacional que trasciende los colores partidarios aunque la forma de abordarlo genere discrepancias.

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Mientras la diplomacia argentina celebra consensos en las Naciones Unidas y la OEA, una realidad geopolítica incómoda emerge en el propio continente: la ausencia de una política común con los países de América Latina – especialmente con Brasil – permite que cada nación juegue sus propias conveniencias con Gran Bretaña en acciones que socavan el reclamo soberano nacional.

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El caso de Brasil se erige como el ejemplo más paradigmático de esta contradicción. En 2012, el entonces presidente Luiz Inácio Lula da Silva lanzó una frase que se convirtió en un faro de esperanza para la causa argentina: «¿Cómo es posible que Argentina no tenga las Malvinas?». 

En el 2022, Brasil tenía un mayor acompañamiento a la posición argentina porque había un marco ideológico común. En la actualidad – a pesar de estar en veredas antagónicas- tendría que haber una Diplomacia argentina más activa para unificar posiciones en contra de la militarización británica que es una amenaza contra la región.

C5N

Aquella declaración – realizada en un contexto de fuerte integración regional – parecía sellar un compromiso de hierro entre los dos países más importantes de Sudamérica contra el colonialismo británico.

14 años después, la realidad concreta desnuda una historia muy distinta. Mientras Brasil mantiene un discurso de respaldo a Argentina en los foros internacionales; se establece una relación pragmática con Londres que favorece directamente la logística británica en las Islas Malvinas y el Atlántico Sur. La retórica de apoyo se ha desacoplado de los hechos concretos.

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El anuncio reciente de la «Sociedad Estratégica Brasil–Reino Unido 2026-2030» es la evidencia más clara de esta dualidad. El acuerdo, sellado entre el canciller Mauro Vieira y la secretaria de Asuntos Exteriores británica, Yvette Cooper, fortalece el diálogo político, la cooperación internacional, el comercio, la inversión y los lazos en seguridad hasta el 2030. 

El ministro brasilero Mauro Vieira, se reunió con la secretaria de Asuntos Exteriores del Reino Unido, Yvette Cooper, en el marco de la cumbre de ministros de Asuntos Exteriores del G-7 en Francia.

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Para la Argentina, las consecuencias de este acuerdo son devastadoras. Cuando la principal potencia regional de Sudamérica define objetivos comunes con la potencia ocupante, el reclamo argentino deja de ser una causa continental para transformarse en un conflicto bilateral aislado. 

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La solidaridad regional que alguna vez fue el mayor obstáculo para la expansión colonial británica se ha diluido.

Este tipo de cooperación fortalece el poderío militar británico y normaliza su presencia con una señal de aceptación tácita que debilita la posición argentina.

La logística aérea es otro punto crítico. El uso de aeropuertos brasileños por parte de la Royal Air Force (RAF) para sus vuelos hacia las Islas Malvinas se ha vuelto una constante. 

A pesar de las protestas formales de la cancillería argentina, estos sobrevuelos y escalas técnicas continúan facilitando el abastecimiento y la operatividad de la base de Monte Agradable que constituye la principal fortaleza militar británica en el Atlántico Sur.

Esta situación expone la principal debilidad de la estrategia argentina: la falta de una política común con los países de América Latina. Sin un frente unificado que condicione cualquier relación con el Reino Unido al respeto por la soberanía argentina, cada país queda libre para perseguir sus propios intereses comerciales, militares y diplomáticos con Londres.

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Brasil, en este sentido, ha actuado con un pragmatismo desnudo. Mientras su cartografía oficial, sigue denominando al archipiélago como «Islas Malvinas» en los mapas sudamericanos, su política exterior ha priorizado la atracción de inversiones británicas y la modernización de sus fuerzas armadas por encima de la solidaridad continental.

La importancia de tener una política común con los países de América Latina radica precisamente en esto: crear un dique de contención colectivo. 

Si todos los países de la región, en bloque, condicionaran sus relaciones con el Reino Unido al cese de la ocupación colonial, el costo geopolítico para Londres sería insostenible. 

Pero si cada país actúa por separado, la potencia ocupante puede jugar con las necesidades y ambiciones de cada uno.

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El ejemplo de la CELAC (Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños) es un claro reflejo de lo que podría lograrse con voluntad política. En sus cumbres, este foro ha emitido innumerables declaraciones de apoyo a la soberanía argentina sobre Malvinas. Sin embargo, la falta de mecanismos de seguimiento y de condicionalidades para aquellos estados que incumplen el espíritu de esas declaraciones las reduce a meros gestos simbólicos.

La ausencia de una política común no solo beneficia al Reino Unido sino que también abre la puerta a otras potencias extracontinentales. El Atlántico Sur se ha convertido en un tablero de disputa geopolítica donde China y Rusia también buscan influencia. En este contexto, la fragmentación sudamericana impide que la región hable con una sola voz, diluyendo su capacidad de negociación y defensa de sus intereses comunes.

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La soberanía sobre los recursos naturales del Atlántico Sur – que  incluyen las reservas de hidrocarburos en la Cuenca Malvinas y la riqueza pesquera – es un interés común de todos los países sudamericanos que bordean ese océano. 

Sin embargo, la falta de una política regional para regular la explotación de esos recursos permite que empresas británicas operen con total impunidad extrayendo una riqueza que pertenece a las naciones sudamericanas.

La proyección hacia la Antártida es otro punto crítico. La presencia británica en las Malvinas es un eslabón fundamental para su estrategia antártica. 

Una política común latinoamericana de coordinación de las bases y la investigación científica de Argentina, Chile, Brasil y Uruguay podría disputar eficazmente esa hegemonía. 

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Pero la falta de articulación actual deja a cada país lidiando individualmente con el peso de la OTAN en el continente blanco.

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En el ámbito económico y energético, Argentina posee un potencial latente que puede transformarse en una fortaleza. La exploración de hidrocarburos en la Cuenca Malvinas y la riqueza pesquera del Atlántico Sur representan intereses estratégicos vitales

La capacidad de Argentina para desarrollar una industria nacional que proyecte su presencia en la región es un pilar sobre el cual construir soberanía efectiva.

En un anuncio que en Londres califican como un «hito histórico para la autosuficiencia de las Islas», la petrolera israelí Navitas Petroleum y la británica Rockhopper Exploration confirmaron que tomaron la «Decisión Final de Inversión» (FID) para el yacimiento ‘León Marino’.

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El objetivo: comenzar la extracción masiva de crudo en 2028 -con las licencias ilegales e ilegítimas del gobierno colonial – en abierta violación de la legislación argentina.

El proyecto – ubicado en la Cuenca Norte de las Malvinas – prevé una producción estimada de 55.000 barriles diarios. Para poner en marcha las fases 1 y 2, las compañías desembolsarán inicialmente 1.800 millones de dólares, con una proyección total de 4.000 millones para completar el desarrollo. 

La licencia de explotación se extenderá por 35 años con una estructura económica de largo plazo que la Argentina – hasta ahora – sólo observa desde la periferia diplomática o con un silencio cómplice.

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La participación de la israelí Navitas Petroleum es el punto más sensible. Meses atrás, la Cancillería había emitido una advertencia a la firma.

Con posterioridad, el gobierno de Israel tomó distancia de la empresa y el Gobierno Argentino reconoció el gesto.

 Sin embargo, con el actual esquema de relaciones carnales con Tel Aviv, la presión sobre Navitas parece haberse diluido en los despachos oficiales.

En la prensa israelí, mencionan el proyecto en el Atlántico Sur como una expansión estratégica de su cartera con una referencia discreta al conflicto de Soberanía que pesa sobre el área.

La principal debilidad en el Atlántico Sur para Argentina es la asimetría militar. Mientras el Reino Unido mantiene en el archipiélago la base de Monte Agradable, una de las más modernas del hemisferio sur con capacidad para desplegar aviones de combate Eurofighter Typhoon y buques de la Royal Navy; Argentina carece de capacidad de disuasión militar convencional para convertirse en un actor -operacionalmente -creible para gravitar con mayor peso en la controversia.

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En este punto, Juan Gabriel Tokatlián propone un equilibrio de las «4 D» para poner en acción como Política de Estado en Malvinas: Divisas, Derecho Internacional, Defensa y Derecho Internacional.

La ausencia de una Política de Defensa coherente y sostenida en el tiempo constituye otra debilidad crítica. Las Fuerzas Armadas argentinas han sufrido décadas de desinversión, falta de modernización y un despliegue logístico limitado en el Atlántico Sur. Sin la posibilidad de elevar los costos operativos para el ocupante, la discusión soberana queda circunscripta al ámbito retórico.

El analista internacional, Juan Gabriel Tokatlián, propone las 4 D como política para Malvinas: Divisas, Derecho, Diplomacia y Defensa. La Universidad de Lanús y la Fundación Meridiano coinciden con este planteo más allá de sus propios aportes.

Punto de Encuentro

En términos geopolíticos, una debilidad central es la incapacidad de Argentina para ofrecer una alternativa de estabilidad regional que compita con el rol que hoy cumple la presencia británica.

 Para Estados Unidos, la base británica en Malvinas es un eslabón fundamental en su perímetro de seguridad porque garantiza la vigilancia de pasos bioceánicos y la proyección hacia la Antártida.

Es en este punto donde emerge la pregunta clave: ¿Puede Estados Unidos mediar para una resolución pacífica del conflicto? 

La respuesta, según los analistas, es negativa en el corto y mediano plazo. Washington mantiene una neutralidad formal en la disputa de soberanía pero su comportamiento práctico revela una alineación estratégica total con Londres, su principal aliado en la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN).

La relación angloamericana no es sólo política sino estructural. Forman parte del eje central de inteligencia de los Five Eyes, colaboran estrechamente en la industria de Defensa y sostienen acuerdos de cooperación militar que incluyen el uso compartido de bases estratégicas como Diego García en el Índico y la Isla Ascensión en el Atlántico.

El reciente acuerdo entre Reino Unido y Mauricio por el archipiélago de Chagos es un caso testigo que disipa las ilusiones sobre una mediación estadounidense favorable a Argentina. Estados Unidos condicionó cualquier transferencia de soberanía a la garantía de su control operativo sobre la base militar de Diego García. 

La prioridad de Washington es mantener su capacidad militar, no resolver disputas coloniales por razones de justicia histórica.

Como bien lo expresó el análisis publicado en Escenario Mundial, la afinidad política entre Javier Milei y Donald Trump tiene un límite claro cuando colisiona con la alianza histórica angloamericana. 

Para Trump, la crítica no fue la cesión de soberanía de Chagos en sí sino el temor a que ello debilitara la seguridad occidental al afectar la base clave. Las Malvinas – desde esa óptica – son aún más estratégicas.

Para agregar otro elemento que complejiza el análisis, Irán disparó misiles contra ese base de Diego García a más de 4000 kms. en los últimos días.

En los últimos días, Irán demostró alcance de fuego porque atacó la base conjunta entre EEUU y Gran Bretaña.

El Comercio Perú

Una lectura geopolítica general del Atlántico Sur revela que el Reino Unido no actúa solo sino como el guardián de los intereses de la OTAN en la región. Su presencia en Malvinas – junto con el control de las Georgias y Sandwich del Sur – le otorga una continuidad territorial que – desde su perspectiva colonial – es clave para controlar la proyección de potencias como China y Rusia hacia la Antártida.

La narrativa que sugiere un «desafío británico» a la influencia estadounidense, esgrimida por algunos sectores locales, no se sostiene bajo el análisis de la defensa. La Strategic Defence Review del Reino Unido (2025) y la National Defense Strategy de Estados Unidos (2026) identifican a los mismos competidores estratégicos: China, Rusia, Irán y Corea del Norte.

Esto implica que – en lugar de un conflicto de intereses – existe una profunda convergencia

El Reino Unido necesita a Estados Unidos para sostener su presencia global y Estados Unidos valora al Reino Unido como su socio más confiable para proyectar poder en el Atlántico Sur y contener a adversarios en el hemisferio sur. 

Hasta el momento, Argentina no figura en esa ecuación de seguridad como un factor determinante.

La ‘doctrina Monroe’ citada como una garantía implícita para Argentina, es reinterpretada en este contexto geopolítico. La máxima de «América para los americanos» siempre fue una política estadounidense de exclusión de otras potencias europeas en beneficio propio, no un mandato para que Washington resuelva disputas territoriales en favor de naciones sudamericanas.

Un repaso histórico es esclarecedor: a menos de una década de proclamada la doctrina Monroe, Estados Unidos atacó Puerto Soledad en 1831 debilitando la administración argentina y allanando el camino para la invasión británica de 1833.

La historia demuestra que los intereses de Washington priman sobre cualquier solidaridad hemisférica.

En la actualidad, los Estados Unidos no tienen incentivos para presionar a Reino Unido en Malvinas. La Argentina no presenta una postura de confrontación militar que pueda desestabilizar el statu quo y la alianza con Londres funciona sin fisuras.

Pedir a Estados Unidos que actúe como mediador activo para devolver las islas es – en la práctica – pedirle que se posicione contra su principal aliado militar.

De todos modos – en la vorágine de la guerra contra Irán – Trump disparó contra el Primer Ministro británico, Keir Starmer por su ‘poco compromiso’ en el conflicto. A esta situación, se suma el acercamiento de Gran Bretaña a China  – en los últimos meses – en una relación que también ‘enfureció’ al presidente de EEUU.

Estos factores en el marco de una focalización del gobierno de EEUU en América – con la invasión a Venezuela y las declaraciones sobre México y Cuba – promueven interpretaciones de una visión geopolítica de un continente son la presencia de potencias extracontinentales. 

De inmediato, la atención se posa ante la usurpación británica en Malvinas y ese cuadro alienta esperanzas de una corriente de opinión en Argentina hacia un eventual acercamiento de EEUU a acercar posiciones entre Argentina y el Reino Unido por Malvinas..

¿Las diferencias entre EEUU y Gran Bretaña en la guerra de Irán pueden abrir una grieta en esa ‘relación especial’ para reconvertir la mirada en el Atlántico Sur? Dirigentes políticos y periodistas argentinos le ponen una luz de esperanza a esa posibilidad.

Polianalitica

El concepto de «esferas de influencia» que manejan algunos analistas locales también requiere matices. Si bien existe un retorno militar a una lógica de esferas, la preponderancia del poder estadounidense y la superposición de intereses económicos globales impiden la consolidación de Bloques que podrían beneficiar a Argentina.

En este sentido, la Argentina no es un peón pasivo. Una de sus fortalezas es la capacidad de construir alianzas estratégicas más allá del eje occidental.

CREDIBILIDAD ARGENTINA: 43 AÑOS DE DEMOCRACIA, MIEMBRO DEL G-20 Y NACIÓN LÍDER EN AMÉRICA LATINA

El verdadero punto de inflexión para la recuperación del ejercicio de soberanía radica en un factor endógeno: el protagonismo argentino

Desde 1983, Argentina desarrolla un sistema democrático (siempre perfectible pero inobjetable), mantiene una posición protagónica en América junto con Brasil y México; es una nación bicontinental, tiene una amplia extensión territorial, posee recursos estratégicos; un pueblo resiliente, trabajador, creativo y talentoso; lideró la luchas más importantes de la civilización contemporánea e integra la ‘mesa chica’ del poder mundial en el G-20.

La lista sería muy larga pero subraya que Argentina merece un tratamiento especial para reanudar las negociaciones por la soberanía de las Islas Malvinas e Islas del Atlántico Sur. En otras notas de ADNSUR, alertamos sobre los riesgos de un mundo en ebullición. 

Hoy, atravesamos un mundo en conflicto que exige ejemplos concretos para darle oportunidades a la paz de manera inmediata. 

La Cuestión Malvinas es el desafío ideal para demostrar que el diálogo entre las naciones para resolver sus conflictos – de manera pacífica – es el único camino posible.

La devolución del territorio no la garantiza ni una alianza con Estados Unidos ni con China. Depende de lo que Argentina haga para modificar los costos y beneficios del statu quo para el ocupante.

Argentina tiene 43 años de Democracia ininterrumpida, forma parte de los organismos internacionales más importantes, cumple misiones de Paz y está lista para resolver la Cuestión Malvinas ahora mismo.

Conclusión

Los expertos en Defensa sostienen que Argentina debe asumir un rol más activo en el Atlántico Sur. Esto implica una estrategia dual: por un lado, elevar los costos militares, logísticos y diplomáticos de la ocupación británica mediante una presencia naval y aérea disuasiva. 

Por otro lado, es imperativo construir una relación de confianza con Estados Unidos basada en la seriedad y la estabilidad, no en la afinidad ideológica pasajera. 

Argentina debe presentarse como un actor garante de la estabilidad en el Atlántico Sur dispuesto a cooperar en seguridad pero con un reclamo soberano innegociable.

Argentina es una nación bicontinental, marítima y oceánica.

Un buen vínculo con Washington es una condición necesaria pero no suficiente. Si la Casa Blanca percibe a la Argentina como un factor de desestabilización en la región, el eje angloamericano se consolidará aún más en Malvinas haciendo inviable cualquier estrategia revisionista.

Actualmente, las fortalezas argentinas residen en el campo de la Diplomacia y el Derecho Internacional donde se logró un aislamiento casi total del Reino Unido. 

Las debilidades se concentran en la capacidad de proyección de poder y en la dependencia geopolítica de un sistema occidental que premia al aliado militar.

Una resolución pacífica y justa del conflicto podría gestarse en un marco multilateral donde Argentina logre articular una estrategia que combine firmeza diplomática con un renovado poder de disuasión regional.

En el corto plazo, la «actualidad de la Cuestión Malvinas» se caracteriza por una paradoja: nunca el consenso diplomático fue tan amplio pero nunca la asimetría militar fue tan abrumadora.

El alineamiento político con Estados Unidos, más que una ventaja, revela el límite histórico de la relación: Buenos Aires puede acercarse a Washington, pero nunca tanto como Londres.

EEUU fue el principal aliado de Gran Bretaña en el conflicto de 1982. En imagen caricaturizada, el entonces canciller argentino Costa Méndez ‘sorprende’ al Secretario de Estado de EEUU, Alexander Haig (supuesto mediador) con la Primera Ministra británica, Margaret Thatcher.

Revista Humor

La recuperación del ejercicio de soberanía plena sobre Malvinas, Georgias y Sandwich del Sur es un objetivo nacional que requiere un salto de calidad.

Depende que Argentina entienda que la geopolítica no se hace con declaraciones optimistas sino con barcos en el mar, Diplomacia activa y una política de Defensa que convierta la región en un espacio de desarrollo nacional

El protagonismo no se delega, se ejerce. La historia de la próxima década se escribirá con las acciones que el país decida emprender, no con las esperanzas depositadas en terceros. 

Los 632 héroes de Malvinas y los Veteranos de Guerra observan el panorama actual. Dejaron sus vidas por esta lucha y el mejor homenaje es duplicar los esfuerzos para lograr la recuperación pacífica de las Islas Malvinas e Islas del Atlántico Sur. Sólo así podrán descansar en Paz. Tenemos que estar a la altura de las circunstancias.

 En la tierra de San Martín, Belgrano, Güemes, mujeres de la Independencia y los Héroes de Malvinas; ya dimos ejemplos de hacer realidad lo que parecía imposible de antemano.

Redacción

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