General Rodríguez despide a Ernesto José Tomas, un querido vecino y mecánico diesel que durante medio siglo fue un referente en el casco céntrico. A los 86 años, deja un legado de trabajo, honestidad y alegría que marcó profundamente a su familia, clientes y colegas de la radioafición
La comunidad de General Rodríguez se encuentra de luto tras el fallecimiento de Ernesto José Tomas, ocurrido el pasado sábado 28 de marzo. Nacido en esta ciudad en 1940, «Don Tomas» o «Tomasito», como lo llamaban afectuosamente, fue un hombre cuya vida estuvo intrínsecamente ligada al trabajo y al servicio de sus vecinos.

Ernesto forjó una trayectoria de 50 años como mecánico diesel, especializándose como «bombista». Su taller, ubicado en la Avenida Italia 815, en pleno casco céntrico, era un punto de referencia obligado para quienes buscaban un trabajo de calidad y una atención honesta. Antes de establecerse definitivamente en su taller, trabajó durante 20 años en la empresa Mastellone Hnos. como técnico electricista, y en sus años de juventud, también colaboró en el almacén que tenía junto a su madre en las calles Concejal Hernández y Teresa Mastellone.
Más allá de su profesión, Ernesto era un apasionado de la radioafición, actividad que lo hizo conocido a nivel mundial bajo la señal de llamada LU2DOJ. Durante años, fue un miembro activo del Radio Club Argentino, cosechando amistades en diversos puntos del globo gracias a sus ondas radiales.
Su hijo, Nicolás (conocido por todos como «Picho»), expresó a La Posta Noticias el profundo dolor que atraviesa la familia y destacó la calidad humana de su padre. «Lo conocía mucha gente y por eso quiero hacerle un reconocimiento; sobre todo por la gran persona que era», señaló con emoción.
Al recordar la personalidad de su padre, Nicolás destacó que Ernesto era, por sobre todas las cosas, un hombre íntegro y jovial. «Era una persona honesta, muy laburadora, divertido y sumamente sociable. Jamás en la vida escuché a alguien hablar mal de él», afirmó su hijo, y agregó: «nos dejó una gran enseñanza de vida y un vacío enorme que va a ser muy difícil de llenar. Ya no vamos a tener esos chistes de todas las mañanas con los que tanto nos hacía reír. Lo vamos a recordar siempre tal cual era».

Ernesto José Tomas dejó este mundo a los 86 años para reencontrarse con su querida Julia, y rodeado del afecto de sus hijos Nicolás y Diego, su hermano, sus nietos Ludmila y Aitan, y una legión de amigos y clientes que siempre lo recordarán simplemente como «Don Tomas». Su partida deja un hueco en el centro de la ciudad, pero su ejemplo de bonhomía y alegría permanecerá en la memoria de todos los que tuvieron el gusto de conocerlo.



