El autismo en una condición del neurodesarrollo que acompaña a la persona durante toda su vida. No existe el “autismo infantil” como tal, sino personas autistas que son niños, niñas, adolescentes y adultos. Las evidencias muestran que las intervenciones tempranas tienen un impacto muy positivo: mejoran la evolución y el pronóstico, aumentan significativamente las oportunidades futuras, y favorecen el bienestar emocional y la calidad de vida de la persona.
En general el diagnóstico del autismo se realiza en la infancia. Sin embargo, ha aumentado el número de personas que reciben diagnóstico en la juventud o la adultez. Se estima que existen entre tres a cuatro veces más adultos que niños con autismo.
Este diagnóstico tardío puede explicarse, en parte, por los cambios en los criterios clínicos en las últimas décadas, el nivel de información y conocimiento social era más limitado para las familias y había menos servicios y profesionales especialistas en el área.
Además, muchas personas con menor necesidad de apoyo (sin discapacidad intelectual), especialmente mujeres, no recibieron diagnóstico en la etapa preescolar o de escuela primaria y hoy se sabe que la sobrecompensación y el masking -esfuerzo consciente o inconsciente por camuflar las características del autismo para ajustarse a expectativas sociales- contribuyeron a que pasaran inadvertidas.
Sin embargo, ese constante intento de mimetismo social –reprimiendo conductas que puedan considerarse socialmente “diferentes”– puede conducir a una mayor incidencia de problemas de salud mental. Muchas personas autistas adultas se presentan inicialmente a los servicios de salud debido a otras condiciones, como trastornos alimentarios, ansiedad, depresión o trastornos del sueño.
La investigación actual ofrece datos preocupantes: dos de cada tres personas autistas adultas han pensado en el suicidio en algún momento de su vida. Las presiones, la falta de apoyo, el profundo desánimo, la depresión, el aislamiento, el sentir que de ninguna manera encajan en el mundo, parecen ser algunas de las causas que llevan a una persona autista a tener ideaciones suicidas o intentar acabar con su vida. Algunos estudios estiman que las ideaciones suicidas en adultos autistas son hasta nueve veces más frecuentes que en la población neurotípica.
Estos resultados son una señal de alarma y manifiestan la importancia de identificar factores de riesgo y factores de protección para poder intervenir de manera preventiva. La participación en la comunidad, la inclusión en contextos educativos, sociales y laborales son una poderosa herramienta preventiva y promotora de bienestar .
El diagnóstico, en cualquier etapa de la vida, abre una puerta a la comprensión y al acceso a apoyos concretos para afrontar los grandes desafíos que plantea la vida familiar, social, académica o laboral. Entender lo que sucede permite retomar el control, elegir nuevos caminos y transformar la experiencia vital en un proceso de aceptación y esperanza. Identificar el autismo, incluso de manera tardía, sigue siendo una forma de dar respuesta, dignidad y alivio a muchas personas que finalmente encuentran explicación a su historia.

