A finales del siglo XVI, Inglaterra corría en último puesto la carrera colonial. España ya exploraba América Latina y Portugal controlaba lo que ahora conocemos como Brasil.
La corona inglesa necesitaba territorio, rutas comerciales y presencia. En ese contexto, apareció la idea de fundar una colonia permanente en la costa este de América del Norte.
El impulsor fue Sir Walter Raleigh, que tuvo permiso real para reclamar tierras si lograba establecer un asentamiento en seis años. Nunca viajó personalmente, pero organizó expediciones y eligió líderes de expedición.

Así nació Roanoke, una isla frente a la actual Carolina del Norte, estratégicamente ubicada y fuera del control español.
En 1584, llegó una expedición de reconocimiento. Encontraron una región fértil, navegable y habitada por pueblos indígenas algonquinos. El contacto inicial incluyó a Manteo y Wanchis, dos nativos que viajaron a Inglaterra. El primero se convirtió en aliado; el segundo regresó desconfiado.
El proyecto de Roanoke
En 1585, se instaló la primera colonia con unos 107 hombres bajo el mando de Ralph Lane. La falta de preparación fue evidente. No había suficientes agricultores ni recursos. La dependencia de los indígenas tensó la convivencia, y el asesinato del líder Wingina rompió cualquier posibilidad de alianza.
El invierno fue crítico. Sin alimentos ni estabilidad, los colonos aceptaron regresar a Inglaterra con Francis Drake. Cuando los refuerzos llegaron poco después, la isla ya estaba vacía.
En 1587 se intentó de nuevo. Esta vez, con 117 personas, incluyendo mujeres y niños. No era una misión militar, sino un proyecto familiar. John White, cartógrafo y gobernador, lideraba el grupo. Entre los colonos estaba su hija, Eleanor Dare, quien dio a luz a Virginia Dare, la primera niña inglesa nacida en Norteamérica.

El plan original era establecerse en Bahía de Chesapeake, pero el capitán decidió dejarlos nuevamente en Roanoke. Sin opción, debieron establecerse en en un lugar ya marcado por el fracaso.
Los problemas reaparecieron rápido: escasez de alimentos, tensiones con tribus locales y falta de apoyo externo. Los colonos convencieron a White de regresar a Inglaterra en busca de ayuda.
Antes de partir, acordaron una señal: si se trasladaban, dejarían un mensaje tallado; si lo hacían bajo peligro, agregarían una cruz. White no pudo volver enseguida. La guerra de España y la amenaza de la Armada Invencible bloquearon cualquier expedición. Pasaron tres años.
El regreso y el desconcierto: una isla completamente vacía
En 1590 logró regresar. Encontró la colonia desierta. Sin signos de violencia ni rastros humanos. Las estructuras habían sido desmontadas con cuidado. Solo había una palabra tallada en un árbol, «Croatoan».
No había cruz, eso sugería que no habían sido forzadas a irse. Croatoan era el nombre de una isla cercana y de una tribu aliada, liderada por Manteo. White quiso investigar, pero una tormenta y la presión de la tripulación lo obligaron a abandonar la búsqueda.

Desde entonces, las hipótesis se acumulan… Pero ninguna cierra.
Las teorías que intentan explicar lo que no quedó
La más evidente habla de un ataque indígena. Las tensiones del pasado estaban latentes y los colonos, debilitados. Pero no hay señales de violencia. Ni cuerpos, ni incendios, ni restos de un enfrentamiento. Además, la palabra tallada en el tronco desarma la idea de un ataque repentino.
Otra teoría apunta a una integración. Croatoan podría ser un destino.Con la escasez que presentaban, unirse a ellos hubiera sido una manera lógica de sobrevivir. Hay relatos posteriores sobre indígenas con rasgos europeos o palabras en inglés en asentamientos del Sur pero, nada concluyente.
También se plantea una dispersión. Que la colonia no desapareció junta, sino en grupos pequeños que integraron distintos caminos. Sin organización ni registro, tendría sentido que no haya quedado rastro.
Algunos incluso sugieren contacto con los españoles. Asentamientos como San Agustín estaban activos, y no era raro que capturaran ingleses.
Las excavaciones no resolvieron el misterio, pero lo volvieron más denso. Se encontraron objetos europeos en la isla aunque, en su mayoría, vinculados a la primera colonia. Otros aparecieron lejos, en territorios indígenas y zonas del interior, como fragmentos de cerámica, herramientas o piezas metálicas.

En 2012, un mapa de John White sumó otro indicio. Bajo un parche, apareció un símbolo oculto que podría indicar una fortificación tierra adentro. El punto coincide con hallazgos arqueológicos posteriores, lo que abrió la posibilidad de una reubicación planificada que nunca no se concretó.
Aún así, la prueba definitiva sigue sin aparecer. Con los siglos, Roanoke dejó de ser solo una colonia fallida. Aparece en investigaciones, libros, series, en versiones que mezclan historia con ficción, como si el vacío se tuviera que llenar de alguna manera.

