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Por qué Astor Piazzolla “salvó el tango”: la mirada de Marcelo Gobello en su nueva biografía

El periodista y escritor Marcelo Gobello (Buenos Aires, 1956) sigue sorprendiéndose cada vez que habla con uno de sus héroes del rock y termina hablando de Astor Piazzolla. El último fue Steve Hackett, el guitarrista de Génesis. Fue otro caso en que la entrevista se invierte y el periodista pasa a ser quien relata alguna anécdota, como cuando lo conoció en la calle Rivadavia de Mar del Plata, en las inmediaciones del Teatro La Botonera, cuando era apenas un adolescente fascinado con Libertango (1974).

Astor (primero de la izquierda) con la orquesta típica de Luis Savastano. Mar del Plata, 1938. Foto: gentileza.

Iniciado en el universo piazzolleano con aquellas incursiones electrónicas de los 70, cuando Astor ahondó en las fusiones con el jazz y el rock progresivo, Gobello es un tanguero de tercera generación que se cargó la tarea de englobar la vida de Piazzolla en un solo volumen, el flamante Astor Piazzolla. Música en estado de revolución (Planeta).

El autor, un marplatense por adopción, tiene pergaminos propios -es autor de varios libros sobre música popular, reconocido radialista y miembro de la Academia Porteña del Lunfardo, la Academia Nacional del Tango y de la Fundación Astor Piazzolla– y cierta prosapia: su tío abuelo José Gobello fue un activo escritor y amigo epistolar de Piazzolla. En esta entrevista, desanda la historia de esta nueva biografía.

–En la introducción afirmás que Piazzolla no sólo no mató al tango, como algunos tradicionalistas llegaron a decir, sino que “lo salvó”. ¿Por qué plantearlo así desde el comienzo?

–Cuando uno estudia la vida y la obra de Piazzolla entiende que su relación con el tango fue compleja desde el principio. De hecho, su primer amor musical no fue el tango sino la música barroca. Él mismo contó que le costó algunos años enamorarse del tango. Cuando era chico y vivía en Nueva York escuchaba mucha música por la radio, especialmente jazz. En su casa, en cambio, los padres escuchaban tango. Y esos tangos estaban muy asociados a la nostalgia de su madre, que extrañó mucho a su familia de Mar del Plata en las dos incursiones que los Piazzolla hicieron a Estados Unidos. Yo creo que esa asociación con la tristeza pudo haber influido en que a Astor le llevara más tiempo conectarse con el género.

–Sin pasar penurias, su infancia no fue sencilla por el desarraigo. Lo curioso es que se compra su primer bandoneón y tiene sus primeras clases en Nueva York.

–Sí. Después, cuando vuelve a la Argentina, empieza a descubrir el tango de otra manera. En Mar del Plata aprende con los hermanos Paolini, dos bandoneonistas que tocaban en una boite llamada La Biarritz. Con ellos aprende lo que él mismo llamaba la «mugre» del tango: el fraseo, el estilo, la manera de tocarlo. Ahí se produce el flechazo definitivo. Y a eso siempre le acompañó el estudio. Empezó a estudiar con Néstor Romano, famoso profesor, director de la orquesta sinfónica de Mar del Plata. Con 17 años empieza a tocar en la orquesta de la radio LU6, en los Ases del Ritmo, y en la típica más importante de la ciudad. Por entonces va a ver y conoce a las orquestas que venían en el verano, hace contactos y se va a Buenos Aires a probar suerte. Al año y monedas ya estaba tocando en la orquesta de Aníbal Troilo, la número uno.

–Una de las cosas interesantes de tu libro es el lugar que le das a Mar del Plata. No solo como lugar de nacimiento de Piazzolla sino como parte de su formación musical y personal. ¿Por qué te parecía importante destacar ese aspecto?

–Porque durante mucho tiempo se mencionaba Mar del Plata apenas como un dato biográfico. Se decía simplemente que Piazzolla había nacido acá. Pero la ciudad fue mucho más importante que eso. Fue el lugar donde pasó parte de su juventud, donde aprendió a tocar tango y donde conoció a muchos músicos. Yo mismo llevo muchos años investigando esa relación. Mi primer libro sobre él se tituló Astor Piazzolla, su ciudad y su mundo (2015). Ya entonces empecé a reconstruir el ambiente musical marplatense, los profesores, los boliches, los teatros y las orquestas que formaron parte de su mundo. Mar del Plata es también la ciudad de su padre y un lugar al que Piazzolla volvía con frecuencia. Además tenía otra pasión muy fuerte: la pesca. Le gustaba salir al mar y pescar casi tanto como hacer música.

–También repasás las etapas en las que el público reaccionaba con cierta resistencia frente a sus innovaciones. ¿Creés que Piazzolla sufrió mucho esa incomprensión?

–Sí, sin duda. Hoy cuesta dimensionarlo, pero durante muchos años fue muy criticado. Incluso en Mar del Plata hubo momentos en que el público fue bastante ingrato con él. Recibió insultos y críticas muy duras. Pero también es cierto que eso ayudó a forjar su carácter. Piazzolla tenía una personalidad fuerte y desarrolló una especie de coraza frente a esas reacciones. La primera vez que lo vi en vivo fue en ese contexto, cuando vino a Mar del Plata con el primer Octeto Electrónico. Era una propuesta muy radical para la época: bajo eléctrico, batería, sintetizadores. Y vi cómo había gente que se levantaba y se iba del concierto. Personas que admiraban mucho su obra anterior y que podríamos decir que eran fans.

Astor con su hijo y colaborador Daniel Hugo Piazzolla. Foto: gentileza.

–Otro rasgo que resaltás es que alimentó su genio con mucho estudio y trabajo. Era algo que incluso le exigía a sus colegas. ¿Qué pudiste averiguar de él como trabajador de la música y alumno?

–Cuando estaba en la orquesta de Troilo trabajaba hasta las 3 de la madrugada, dormía 3 o 4 horas y se levantaba para ir a estudiar con Alberto Ginastera en el Teatro Colón. Siempre trabajó y estudió mucho, y nunca paró. Tenía sus rituales: a la mañana componía, cuando se levantaba, y a la noche tocaba. Durante toda su vida tuvo que tocar en vivo para sobrevivir. Sus discos no se vendían por miles y miles. Siempre trabajó y mucho. Recién en los 80 pudo estar más desahogado.

–Dedicás un apéndice a la música para películas que hizo Piazzolla, un área no tan explorada. ¿Qué importancia tuvo para él?

–Hace algunos años que estoy investigando esa faceta suya. En este libro está apenas presentado: es una lista completa de las músicas originales que Astor compuso para cine. Son 42 películas muy variadas. Fue algo que le sirvió mucho, le dio cierta gimnasia. Y le sirvió como fuente de ingresos. Las primeras están vinculadas al deporte, que no era precisamente su tema. Pero le dieron la posibilidad de ganarse un mango y componer para orquesta. Por otro lado, es un campo que le permitió sacar temas como Oblivion, que es una pieza que compone para Enrico IV, de Marco Bellochio y con Marcello Mastroianni. Y es un campo en el que se puede apreciar a un Piazzolla distinto, componiendo incluso piezas de música lounge. Pero bueno, era lo que necesitaba la película. Lo que cuesta mucho es encontrar información fidedigna sobre la grabación de esas músicas. Faltan datos sobre lugares, fechas y músicos de muchas de esas bandas de sonido, sobre todo las de cine argentino.

Astor junto a Amelita Baltar, Aníbal Troilo y su esposa Zita paseando por la Rambla marplatense en 1970. Foto: gentileza.

–Ante tanto caudal de trabajo hubiera sido útil que Piazzolla llevara un registro propio de sus actividades, pero parecía alguien demasiado enfocado en la acción y el futuro como para llevar un diario.

–Astor hacía un montón de cosas, pero no llevaba un registro. Lo que queda son las cartas con su familia y sus amigos, y el trabajo de su copista y músico, José Bragato. Él salvó muchas cosas. Pero Astor estaba en la acción. Incluso su relación con el productor italiano Aldo Pagani tuvo sus claroscuros. Porque si bien él le bancó muchas aventuras, no cuidó mucho de su acervo, sobre todo sus grabaciones, que están dispersas en una discografía bastante desordenada.

Marcelo Gobello básico

  • Es periodista y escritor. Reconocido por su rigurosa dedicación al estudio de la música popular, es autor de más de treinta y cinco libros sobre rock, tango y otras expresiones musicales, y su obra ha sido publicada en Europa y Estados Unidos.
Astor con su primera esposa Odette María Wolff. Foto: gentileza.
  • Su trayectoria abarca la función pública y la tarea académica. Fue director general de Cultura de la Municipalidad de General Pueyrredón, director del Teatro Municipal Colón, responsable de los organismos artísticos de la Secretaría de Cultura y director de Cultura del Museo del Mar, en la ciudad de Mar del Plata, donde reside.
  • Desde 2014 conduce el programa de radio La hora de Astor, distinguido en tres oportunidades con el premio Martín Fierro.
  • Es académico de la Academia Porteña del Lunfardo y de la Academia Nacional del Tango, además de miembro honorario de la Fundación Astor Piazzolla, institución presidida por la viuda de Astor, Laura Escalada Piazzolla.

Astor Piazzolla. Música en estado de revolución, de Marcelo Gobello (Planeta).

Redacción

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