El recrudecimiento de episodios de acoso escolar en el Chaco, con dos casos recientes que generaron conmoción —uno vinculado a hostigamiento sostenido entre estudiantes y otro por amenazas anónimas a través de redes sociales—, reactivó el debate sobre el bullying en la era digital.
En diálogo con NORTE, Julio López, gerente de Ciberseguridad, Inteligencias y Fraudes del Nuevo Banco del Chaco, analizó el fenómeno y advirtió sobre la magnitud que adquirió el problema, la exposición de los menores y la necesidad de respuestas coordinadas entre familias, escuelas y especialistas.
El bullying anónimo y masivo
López remarcó que el acoso entre menores cambió radicalmente en los últimos años, pasando de situaciones presenciales y acotadas a entornos digitales donde el daño se multiplica y perdura. «Antes el bullying era cara a cara. Hoy se hace de manera anónima y masiva», explicó, al tiempo que señaló que el alcance ya no se limita a un aula o a una escuela.
En ese sentido, advirtió que la principal diferencia es la escala y la permanencia del daño. «Hoy se le puede hacer bullying a un chico de a miles y esa imagen queda para siempre. Antes terminabas la escuela y cambiabas de entorno; hoy lo que hacés te persigue toda la vida», sostuvo. Además, cuestionó las comparaciones generacionales: «No es lo mismo decir «antes también pasaba y sobrevivimos», porque ahora el impacto es mucho mayor».
Depredadores digitales
El especialista alertó también sobre la figura de los depredadores sexuales en entornos digitales, quienes aprovechan la exposición de los menores en redes sociales y plataformas de mensajería. «Antes había que cuidarse de alguien en un radio de pocas cuadras; hoy un celular conecta a un chico con millones de personas», explicó.
Según detalló, estos delincuentes suelen infiltrarse en vínculos virtuales y avanzar progresivamente hacia situaciones de mayor vulnerabilidad. «Empujan a los chicos a compartir una imagen íntima en un contexto de confianza. Cuando el menor la envía, queda expuesto a la extorsión: le piden más contenido bajo amenaza de difundir lo que ya tienen», indicó. Además, advirtió que estos atacantes no solo acceden a la víctima, sino también a su entorno social, lo que amplifica el daño.
El rol de padres y escuelas
Para López, uno de los principales desafíos es el rol de los adultos en la prevención. «Muchas veces le exigimos a la escuela cosas que pasan fuera de ella, en el mundo digital. La escuela es un espacio de contención, pero el problema excede sus límites», planteó.
En esa línea, subrayó la importancia del diálogo y la construcción de confianza en el ámbito familiar. «Hay que enseñarles a cuidar su imagen íntima. Ese es su bien más preciado», afirmó. También recomendó a los padres involucrarse activamente en la vida digital de sus hijos: «Preguntar con quién hablan, cómo lo conocieron. Para los chicos, conocerse puede ser solo virtual, pero la única forma de saber si alguien es real es cara a cara».
Por último, advirtió que los protocolos escolares deben actualizarse para actuar con rapidez ante situaciones que ya superan el ámbito tradicional.
El hostigamiento digital rompe cualquier límite
Los casos recientes, registrados con acoso sostenido entre estudiantes y amenazas anónimas en redes, encuentran un correlato en las experiencias que describió Julio López. El especialista advirtió que lo ocurrido en el Chaco es parte de una lógica global donde el hostigamiento digital expone a los menores de manera masiva.
En ese sentido, recordó un caso en Chascomús, donde la difusión de un video íntimo de un menor circuló por todo el pueblo. «Ese chico no tiene dónde escapar», graficó.
Para López, la tecnología potencia el daño y obliga a actuar con urgencia ya que prevenir y acompañar a tiempo puede marcar la diferencia.



