Por Gabriel Puricelli*
Nos encontramos hoy en una situación enormemente paradójica por los múltiples y contradictorios objetivos que Donald Trump enunció como fundamentos para ir a la guerra, para atacar Irán. Uno de ellos era que hubiera un tráfico normal a través del estrecho de Ormuz, por donde pasan los buques petroleros que transportan el 20 por ciento de las necesidades energéticas, en materia de petróleo y gas, del mundo. Sin embargo, después de haber enunciado como objetivo liberar Ormuz, hoy anunció que Estados Unidos va a bloquearlo, por lo que se vuelve completamente imposible seguir el razonamiento que está llevando el presidente de Estados Unidos, ya que está prometiendo como represalia a Irán impedir el tráfico en un lugar que había dicho que era primordial liberar.
Una guerra elegida
Esta es una guerra que Donald Trump ha elegido y que ha iniciado contra la opinión de gran parte del mundo. Es una guerra con objetivos poco claros que se complica día a día, sobre todo porque no están definidos los objetivos que persigue el actor que, desde el punto de vista militar, está destinado a prevalecer en este conflicto.
Distinguiría, en primer lugar, los objetivos de Trump, que no son necesariamente los objetivos de Estados Unidos porque el presidente toma decisiones sin importarle el consejo experto de los militares de su país, quienes, en definitiva, deben hacer la guerra, ni al de otras instituciones gubernamentales que deben evaluar sus consecuencias, empezando por la diplomacia del Departamento de Estado.
Objetivos confusos
Los objetivos de Trump son confusos: son objetivos que el propio Trump había declarado haber alcanzado ya en junio del año pasado, tras el bombardeo de las instalaciones nucleares de Irán, donde, en palabras textuales suyas, se habían destruido por completo las capacidades nucleares iraníes. Ahora sostiene, entre otras cosas, que va a la guerra porque es necesario terminar con las capacidades militares de Irán.
Israel y EE. UU. tienen el mismo enemigo, pero distintos objetivos. Israel es mucho más claro respecto de lo que busca: pretende asegurarse de disminuir y degradar las capacidades militares de Irán para consolidarse como la única gran potencia militar regional y, al mismo tiempo, al debilitar esas capacidades, asegurarse de aniquilar la posibilidad de que Irán ataque a Israel de manera indirecta a través de sus aliados. Son objetivos bien precisos y que van más allá de lo económico.
Los países árabes del Golfo Pérsico, por su parte, son aliados de EE. UU. y casi todos ellos tienen bases militares estadounidenses en su territorio. Por eso fueron los países hacia los que se dirigió la represalia de Irán una vez que fue atacado: los únicos objetivos estadounidenses al alcance de la tecnología militar iraní están allí, en el vecindario, ya que Irán no tiene capacidad de atacar directamente a EE. UU. en su propio territorio. Por otro lado, durante esas represalias también se vieron afectados objetivos civiles y sectores industriales. En el caso de Qatar, se vio afectada la capacidad de exportar gas, siendo este país una de las principales potencias gasíferas de la region.
Aliados
Esta es una guerra que varios de los países del Golfo intentaron evitar, tratando de convencer a Trump de que no la iniciara. Ahora que el conflicto ya comenzó, están sacando dos conclusiones. La primera es que el viejo acuerdo por el cual los países árabes del Golfo Pérsico proveían de manera segura petróleo a EE. UU. a cambio de protección ya estaba debilitado y entró definitivamente en crisis con este ataque. Esto se debe a que Estados Unidos se ha vuelto autosuficiente en materia energética y ya no depende de Medio Oriente, y a que, frente al ataque de Irán, no estuvo en condiciones de garantizar la defensa de esos países. Por lo tanto, una vez terminado el conflicto, es esperable que estos países repiensen estratégicamente su relación con EE. UU.
Entre ellos no hay posiciones unánimes. El país más interesado en que la guerra llegue a fondo es Arabia Saudita, que hoy se encuentra en una situación intermedia: aún no se ha consolidado como potencia militar y tiene enfrente a un Irán que no está derrotado.
Es absolutamente imposible imaginar la conclusión de este episodio de la Guerra. Resulta más factible anticipar lo que vendrá después, a largo plazo, una vez que el conflicto haya terminado.
*Sociólogo y analista internacional



