Sáb, 18 abril, 2026
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Patagonia

De Patagonia a Alaska: «Qué vida la de quienes despiertan con esto»

Victor Revilla Elliott, apodado Slick, cumplió su día 83 de travesía en la ciudad de Esquel. Este joven viajero, que se propuso el desafío monumental de unir la Patagonia con Alaska a pie, compartió en redes sus sensaciones al dejar la ciudad y retomar la Ruta 40 con destino al norte tras recibir ayuda de la comunidad local.

Al despertar en las afueras de la ciudad, Slick quedó impactado por el paisaje local. Eran casi las ocho de la mañana y todavía podía ver la luna recortada sobre el cordón montañoso. «Qué vida la de quienes despiertan con esto todos los días», reflexionó el viajero, quien destacó que Esquel fue uno de los primeros puntos de su hoja de ruta donde el entorno comenzó a transformarse en un paisaje de bosques y montañas más cerradas.

Su paso por la zona incluyó paradas estratégicas y gestos de solidaridad. Antes de entrar formalmente al casco urbano, cumplió con su rutina de seguridad en el puesto policial. «Para mí es algo que hago sí o sí, una especie de seguridad personal por si algo llega a pasar en el camino. En rutas como estas, donde muchas veces estás solo, cualquier pequeño detalle puede marcar la diferencia», comentó el caminante. Además, mientras se encontraba en la estación de servicio Axion, una vecina esquelense le donó dinero para que pudiera costear una noche de alojamiento en la ciudad y descansar antes de seguir.

La logística de un viaje a pie requiere precisión y voluntad. Slick tuvo que desviarse siete kilómetros de su ruta original para reabastecerse de provisiones y cargar sus equipos electrónicos en Esquel. En cuanto a su dieta, reconoce que no es la ideal, pero es la que le permite seguir sumando kilómetros. «Mi alimentación diaria se ha convertido en picar todo el día: galletas, cosas dulces y snacks salados. Todavía llevo unas latas de atún, pero las guardo para cuando estoy realmente bajo, ese tipo de cansancio donde hasta caminar cuesta demasiado», explicó Victor.

El camino continúa regalándole apoyo constante. Según relató, ya en dirección a El Bolsón, un conocido que anteriormente lo había ayudado con comida lo cruzó en la ruta para entregarle un mameluco térmico, una prenda vital para enfrentar las bajas temperaturas que persisten en la región cordillerana.

Tras descansar en la ciudad, Slick retomó la marcha hacia su próximo objetivo ubicado a más de 100 kilómetros. No siempre es sencillo encontrar donde pernoctar, y en su última noche antes de seguir viaje, tuvo que armar la carpa a la vera de la ruta. «Aunque hay tanto espacio vacío en la Patagonia, uno pensaría que siempre es fácil encontrar un lugar seguro y no tan visible, pero no siempre es así. A veces los lugares están lejos de la ruta y, como voy caminando, simplemente no es una opción», concluyó.

E.B.W.

Redacción

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