Porque los alumnos faltan mucho (la semana pasada se conoció que la mitad no va a la escuela más de 15 días al año). Porque los docentes también faltan. Por los sucesivos paros, por las malas condiciones de las escuelas, por problemas climáticos, por feriados nacionales, provinciales y municipales, y por jornadas de capacitación de maestros.
Por todos estos motivos, en la Argentina se pierden, en promedio, 30 días de clase durante el año escolar. Si se proyecta a toda la trayectoria en la escuela primaria, los estudiantes habrán perdido unos 195 días de clase, el equivalente a un año entero del ciclo lectivo.
El dato surge de una estimación que hizo el Observatorio de Argentinos por la Educación, sobre la base de la información pública disponible sobre el tiempo efectivo de los alumnos en las aulas.
Para eso, usaron los datos publicados por tres jurisdicciones que ponen esa información a disposición -CABA, provincia de Buenos Aires y Mendoza- y lo proyectaron al resto del país.
El tiempo escolar efectivo en el aula importa, porque la evidencia científica muestra que su escasez, así como la interrupción de la continuidad pedagógica, afecta a la calidad de los aprendizajes, especialmente en los alumnos de los sectores más vulnerables.

Aunque este no es un problema exclusivo de los sectores populares. Expertos del Observatorio subrayaron que el escaso tiempo también se produce en las escuelas más acomodadas, con alumnos que faltan mucho por viajes u otras actividades, avaladas por los padres.
“Es un síntoma más de muchas cosas que no funcionan bien en la política pública, tanto en la educativa como en otros sectores. Desde que no hay buenos datos para visibilizar el problema, hasta que no existen siempre los apoyos necesarios para que las escuelas enfrenten la multiplicidad de demandas sociales que reciben, pasando por el déficit de planificación y monitoreo”, le dijo a Clarín Cecilia Veleda (CIPPEC), autora del informe junto a Tomás Besada y Martín Nistal (Argentinos por la Educación).
Faltan datos: el primer problema
Desde el Observatorio se propusieron seguir de cerca el problema del tiempo escolar y el primer problema que encontraron fue, precisamente, la falta de información pública sobre el tema. La mayoría de las jurisdicciones del país aún no publica este tipo de información, lo que limita la posibilidad de contar con un diagnóstico completo a nivel nacional.
No es algo tan difícil de tener si hubiera decisión política. Países como Chile y Uruguay, por ejemplo, cuentan con sistemas de información nominal que registran de manera digital la asistencia diaria.

Por eso, lo que hicieron los expertos del Observatorio para este informe fue tomar los únicos datos disponibles, que son un informe sobre “planificación de la enseñanza” de la secundaria de la Provincia de 2024 -donde se trata el tema del ausentismo-, otro de CABA de 2025 -sobre ausentismo en las escuelas estatales- y dos notas periodísticas sobre Mendoza y la Provincia.
“La estimación a la que llegamos es que los estudiantes faltan al menos 30 días de clase por año (con variaciones entre niveles y provincias). Ese número es un piso, no una medición completa: surge de los pocos datos disponibles. Que el dato no sea certero revela la necesidad de mejorar la información sobre este tema tan nodal”, le dijo Veleda a Clarín.
Ahora, ¿cómo se llegó al dato? La cuenta arranca en que, en el país, en los últimos años, los calendarios escolares establecieron, en promedio, 185 días de clase anuales (informe anterior del Observatorio).

Por otra parte, tenemos que los alumnos faltan 30 días al año. Si se descuenta esta cantidad de inasistencias del calendario planificado, el tiempo efectivo de escolarización se reduce a unos 155 días de clase al año, lo que implica una pérdida cercana al 17% de los días previstos en el calendario escolar.
Ahora, si se proyecta ese nivel de ausentismo a todos los años de la educación primaria, la pérdida acumulada llega a 195 días de clase. Este cálculo surge de proyectar 30 días de inasistencia por año a lo largo de 6,5 años de escolaridad, valor que el Observatorio usa como referencia dado que en Argentina la primaria puede tener 6 o 7 años de duración según la jurisdicción.
La urgencia del problema
El informe suma evidencia sobre las dificultades educativas que produce el escaso tiempo escolar. Por ejemplo, que el ausentismo estudiantil es percibido como el principal problema por los directores de escuelas primarias, por encima de otros factores como las dificultades de convivencia o la falta de recursos pedagógicos.
De acuerdo con las pruebas Aprender 2023 de 6° grado, 49,3% de los directores lo considera el factor que más afecta la enseñanza y el aprendizaje.
Con respecto a las huelgas docentes, el estudio informa que en 2024, el promedio nacional fue de 13 días de paro, aunque con fuertes diferencias entre provincias.

Además, según datos de PISA 2022, Argentina se ubica en el cuarto puesto entre los países donde el ausentismo docente es percibido como un problema, detrás de Bélgica, Alemania y Palestina. El 48,9% de los directores argentinos considera que limita el aprendizaje.
Ahora, ¿qué se puede hacer para revertir esto? Veleda afirma que “el tiempo escolar tiene varias ‘capas’: días planificados, días reales, jornada extendida, paros docentes, ausentismo docente, ausentismo estudiantil, tiempo neto de exposición a la enseñanza”.
Y para proteger el tiempo de aprendizaje, dice, que hay que diseñar estas estrategias como “mejorar la información para precisar el diagnóstico; respetar las normas sobre cantidad de días de clase en los calendarios; reducir motivos de pérdida de días (infraestructura, paros, jornadas); reducir el ausentismo docente (clima escolar, prevención salud, regímenes de licencias, sistema de otorgamiento de licencias, premio por presentismo); reducir el ausentismo estudiantil (conocer causas, concientizar, controlar, revisar normas, sancionar); y expandir el tiempo de aprendizaje (extender la jornada en zonas vulnerables, maximizar el uso del tiempo en la dinámica escolar, ampliar el uso de plataformas de aprendizaje desde el celular)”.
“La escuela es el dispositivo que diseñamos para transmitir conocimientos claves. Podemos discutir cuán bien o mal lo estamos logrando. Pero si pretendemos lograrlo, no podemos no hacer nada cuando cada alumno de primaria pierde ¡un año! de clases”, señaló, por su parte, Andrea Goldin, investigadora del Conicet y de la Universidad Di Tella.

