Diputados de distintos bloques expresaron su solidaridad con el periodista ante los reiterados ataques presidenciales, alertando sobre un «preocupante avance» contra la libertad de expresión y un intento de «autocensura».
El clima de hostilidad del Gobierno hacia el periodismo crítico ha sumado un nuevo y grave capítulo. Desde el inicio de su gestión, el Presidente ha consolidado una dinámica de confrontación directa basada en la virulencia y la intimidación. Lo que para el oficialismo es «comunicación sin filtros», hoy se percibe como una ofensiva abierta y sistemática contra aquellos profesionales que ejercen el rol fiscalizador necesario en cualquier democracia.
El episodio más reciente tiene como blanco al periodista Nacho Girón, quien ha venido denunciando ataques constantes por parte de la investidura presidencial. Este asedio, que combina insultos y descalificaciones públicas, no es un hecho aislado, sino la validación de un mecanismo que busca desacreditar la integridad de los profesionales de prensa que señalan inconsistencias o plantean interrogantes sobre la gestión.
La voz de la oposición y el repudio institucional
La gravedad de la situación ha trascendido el ámbito periodístico, generando un unánime repudio en sectores de la oposición. Diputados nacionales de distintos espacios políticos han utilizado sus redes sociales para expresar su solidaridad con Girón y advertir sobre las peligrosas implicaciones institucionales de estas agresiones.
El diputado nacional Maxi Ferraro (Coalición Cívica) fue contundente al denunciar la sistematicidad de los ataques. En un mensaje que Girón agradeció públicamente, Ferraro manifestó:
«Toda mi solidaridad @nachogiron frente a los ataques reiterados que viene recibiendo por parte del presidente Javier Milei.»
Ferraro advirtió que la conducta presidencial no es inocua: «Las descalificaciones y agresiones constantes no solo afectan a Nacho, representan un preocupante avance sobre el libre ejercicio del periodismo», señaló el legislador, subrayando el riesgo que implica para la salud democrática.
En la misma línea se expresó la diputada Julia Strada (Unión por la Patria), quien enmarcó las agresiones presidenciales en una estrategia de amedrentamiento:
«Mi abrazo y mi solidaridad con @nachogiron que está siendo abiertamente hostigado desde la investidura presidencial porque –nada más, ni nada menos– hace muy bien su trabajo periodístico.»
Para Strada, el objetivo de la conducta de Milei es claro: «Por eso lo hostiga Milei, claro está. El objetivo es la autocensura.»
El repudio de Amnistía Internacional
En un contexto de creciente preocupación, Amnistía Internacional se pronunció para repudiar el hostigamiento oficial. El organismo advirtió que el uso de las redes sociales y la palabra pública del mandatario para atacar a periodistas constituye una práctica peligrosa que vulnera los estándares internacionales de libertad de prensa.
Desde la organización señalaron que este tipo de reacciones presidenciales no solo buscan desprestigiar al profesional, sino que generan un clima de hostilidad que puede derivar en agresiones físicas o en el silenciamiento de voces críticas. Para Amnistía, la situación en Argentina refleja un deterioro institucional donde el poder Ejecutivo utiliza su capacidad de amplificación para «disciplinar» a la prensa.
La defensa del oficio: «Ya van demasiados ataques»
Ante la escalada, el propio Nacho Girón rompió el silencio, exponiendo la presión bajo la que trabajan los profesionales de la comunicación. Al agradecer las muestras de solidaridad, el periodista de la señal TN y CNN Radio fue explícito sobre la naturaleza de las represalias que enfrenta.
«Ya van demasiados ataques solo por hacer mi trabajo, como dar una información o hacer una entrevista… a libertarios», lamentó Girón, quien además remarcó que sus reportes se basan en «datos; no opinión», desnudando la intolerancia oficial a la evidencia empírica.
Un contexto de deterioro alarmante
Desde la semana pasada, esta tendencia ha cobrado una agresividad inusitada, configurando un escenario de grave deterioro de la libertad de expresión en Argentina. Cuando la palabra y el aparato de difusión presidencial se utilizan para señalar y perseguir a periodistas, se rompe el pacto de respeto institucional elemental y se vulnera el derecho de la sociedad a estar informada sin interferencias del poder.
La labor de la prensa no es la complacencia, sino la fiscalización del poder de turno. Que un gobierno reaccione con tal virulencia y sistematicidad frente al ejercicio de esta tarea es una señal de alarma que los organismos nacionales e internacionales ya están monitoreando con creciente preocupación.



