Con un gol de penal de Leandro Paredes, el equipo de Úbeda festejó en Núñez y se acomoda en la tabla. El Millonario perdió la racha positiva en el partido que más duele.
El Superclásico de abril de 2026 no será recordado por las gambetas o el fútbol asociado, sino por ser el punto de inflexión para los dos equipos más grandes del país. Boca Juniors se llevó de Núñez mucho más que tres puntos: se llevó la confianza que le faltaba y el trofeo de haberle quitado el invicto al River de Eduardo Coudet en su propia casa.
El factor Paredes y la eficacia Xeneize
El trámite del partido fue un fiel reflejo de lo que se juega en estos encuentros. River intentó tomar la iniciativa con la posesión, pero se encontró con un Boca ordenado, que cerró los caminos y apostó a la fricción en la mitad de la cancha.
La apertura del marcador llegó cuando el primer tiempo se extinguía. Una desatención en el área millonaria derivó en un penal que Leandro Paredes cambió por gol con una ejecución sobria, al palo derecho, dejando sin chances al arquero local. El capitán de Boca, que volvió al club para este tipo de citas, demostró por qué la jerarquía es determinante cuando el juego colectivo se ausenta.
Un River desconocido y el lamento del «Chacho»
El complemento fue un monólogo de intenciones de River, pero con muy poca profundidad. El ingreso de refuerzos no logró romper el cerrojo defensivo que propuso Úbeda. El equipo de Coudet, que venía con paso firme y un invicto que ilusionaba, chocó contra sus propias limitaciones y contra los nervios de un resultado adverso ante su gente.
«Es imposible que no te pegue esta derrota», confesó Coudet en una conferencia de prensa marcada por el desaliento. «Teníamos una planificación y el penal nos cambió el eje. Perder el invicto así, en un clásico, es un golpe que duele el doble».
Lo que viene: El panorama en la tabla
Con este 1-0, la Liga Profesional se comprime:
- Boca escala posiciones y se mete de lleno en la pelea por la clasificación, logrando una estabilidad anímica vital para el cierre del torneo.
- River deberá reponerse rápido del impacto psicológico para no entrar en una racha negativa que ponga en riesgo su liderazgo.
El Superclásico dejó una certeza: en el fútbol argentino, las rachas están para romperse y la jerarquía individual, como la de Paredes, sigue siendo la carta ganadora en los escenarios más calientes.



