
Muchas gracias presidente Sánchez. Gracias por la invitación. Gracias a todos mis colegas: presidentes, primeros ministros, Gabriel Boric.
Vengo a la Cumbre por la Democracia en nombre de un pueblo trabajador, creativo y resiliente, pero sobre todo de un pueblo profundamente generoso, un pueblo que ha aprendido a resistir sin odio, a defender sus derechos sin dejar de respetar a los demás, a creer en la paz incluso cuando la historia le ha puesto ante él pruebas y tribulaciones difíciles.
Vengo en nombre de un pueblo solidario, incluso en medio de la adversidad, un pueblo profundamente humanista, que resiste al individualismo, rechaza la discriminación y se niega dignamente a mirar a los demás con desprecio.
Vengo de un pueblo que reconoce sus orígenes en las grandes culturas indígenas, aquellas que fueron silenciadas, esclavizadas y saqueadas, pero nunca derrotadas, porque hay memorias que no se pueden conquistar y raíces que nunca se pueden arrancar de raíz. Vengo de la Pirámide del Sol; Yo vengo de Tlaloc, de Huitzilopochtli, de Coatlicue. Vengo de una historia milenaria que no se limita al pasado, sino que es una presencia viva en nuestras comunidades, en nuestras lenguas, en nuestra forma de ver el mundo.
Vengo de un pueblo con profundos valores espirituales, que sabe que su historia es sagrada, porque en ella encuentra la fuerza para levantarse, resistir y seguir forjando dignamente su destino.
Vengo con el legado de Miguel Hidalgo y Costilla, quien en 1810 alzó la voz por la independencia y días después tuvo el valor de declarar la abolición de la esclavitud. Vengo con el legado de José María Morelos y Pavón, quien en el Sentimientos de la nación Escribió palabras que aún resuenan: que la soberanía emana del pueblo, que la pobreza y la riqueza deben moderarse, que la dignidad no admite castas, sólo la distinción entre vicio y virtud.
Vengo con el legado de Leona Vicario, quien desafió su época para defender el derecho de las mujeres a luchar por su país.
Vengo llevando la dignidad de Josefa Ortiz Téllez-Girón, quien nos recordó que quienes sirven a la nación no deben ser premiados, pero quienes la explotan deben ser castigados. Vengo trayendo el legado del Benemérito de las Américas, el Presidente Benito Juárez, un luchador indígena zapoteca que, junto con los liberales mexicanos, separó Iglesia y Estado a mediados del siglo XIX, defendió la República contra la invasión extranjera y cuando salió victorioso nos dejó una perogrullada que pertenece al mundo entero: “Entre los individuos, como entre las naciones, el respeto por los derechos de los demás es la paz”. Vengo trayendo el legado de Zapata, Villa, Madero, Carranza, Felipe Ángeles, Adela Velarde, Hermila Galindo, mujeres y hombres que en 1910 se levantaron no por ambición, sino por justicia; no por el poder, sino por el derecho del pueblo mexicano a vivir en democracia, a controlar sus recursos naturales y a decidir su propio destino.
Vengo trayendo el legado del General Lázaro Cárdenas, quien, cuando el mundo cerró sus puertas a los republicanos españoles, abrió las puertas de México a quienes huían del dolor y la guerra. Vengo de un país que acogió a los exiliados y convirtió la solidaridad en acción. Vengo reconociendo la valentía de Frida Kahlo, quien a pesar de su fragilidad física, llenó de color la lucha por la justicia.
Vengo a recordarles que México ha mantenido sus principios incluso en forma aislada, que alzó su voz contra el bloqueo a Cuba en 1962 mientras otros guardaban silencio. Hasta el día de hoy, hablando de esa pequeña isla caribeña, creemos que ningún pueblo es pequeño, sino grande y firme en la defensa de su soberanía y el derecho a la vida plena. También vengo de la juventud consciente que lucha todos los días por un país libre, democrático y más justo, de mujeres y hombres que creen en la transformación pacífica, en la justicia social y en la dignidad humana como principio universal. Vengo orgulloso de mi pueblo, de su historia, de su capacidad para resistir, compartir y nunca olvidar a los más necesitados, un pueblo que en 2018 decidió que el desarrollo democrático existe cuando trabajamos por la prosperidad compartida, o como decimos en México, “por el bien de todos, los pobres son primero”. Vengo de un pueblo que en 2024 decidió romper con una historia de machismo y eligió a su primera mujer presidenta para que todos pudiéramos avanzar.
Vengo a la Cumbre por la Democracia para felicitar a mis compañeros presidentes que luchan por ella todos los días. Vengo a compartir lo que México sostiene como principios constitucionales, nacidos de su historia, principios democráticos en política exterior, principios que hoy resuenan fuerte y claramente y están más vivos que nunca en el escenario mundial: el respeto a la autodeterminación de los pueblos, la no intervención, la resolución pacífica de disputas, el rechazo al uso de la fuerza, la igualdad jurídica de los Estados, la necesidad de la cooperación internacional para el desarrollo, el respeto a los derechos humanos y la lucha constante por la paz.
Porque en un mundo que sufre guerras y desigualdad, estos principios democráticos siguen siendo el aporte de México a los pueblos del mundo como símbolo de esperanza. Los principios democráticos también significan libertad.
Pero vale la pena preguntarse: ¿qué tipo de libertad? ¿La libertad que defiende el conservadurismo? ¿La libertad de someterse a intereses externos? ¿La libertad de convertir naciones en colonias modernas? ¿O la libertad de un mercado no regulado que convierte a muchos en nada y a unos pocos en todo? No.
Popular
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Creemos que la democracia implica libertad. Pero la libertad es una palabra vacía si no va acompañada de la justicia social, la soberanía y la dignidad de los pueblos. Cuando hablamos de democracia, no es la democracia de las élites, sino de la democracia del pueblo. No la concentración de la riqueza, sino su distribución. No imposición, sino participación. No guerra, sino paz. No indiferencia y exclusión, sino cooperación e inclusión.
Cuando hablamos de democracia, nos referimos a la democratización de la cultura, al acceso a la educación, al acceso a la atención médica y al propósito último de los gobiernos, que es garantizar el bienestar de su pueblo. La democracia, como dijo Abraham Lincoln, es el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo. No hay democracia cuando no hay opción para los pobres, para los desposeídos.
Por lo tanto, me gustaría proponer una acción concreta que presenté en el G-20: una propuesta simple basada en una nueva visión de las Naciones Unidas: asignar el 10 por ciento del gasto militar global, que asciende a miles de millones de dólares, para promover un programa global que permitiría a millones de personas reforestar millones de hectáreas de tierra cada año. En lugar de promover la guerra, fomentemos la paz; fomentemos la vida.
Quisiera proponer una declaración contra la intervención militar en Cuba, para que prevalezcan el diálogo y la paz. También me gustaría extender una invitación para que esta cumbre se celebre la próxima vez en México, donde podamos entablar un diálogo sobre una economía centrada en el bienestar y una democracia que responda a las necesidades reales de la gente. Porque la democracia significa anteponer el amor al odio, cultivar la generosidad en lugar de la codicia, la hermandad por encima de la guerra.
Democracia significa que la vida no está en venta, ni la libertad ni la dignidad de los pueblos. La democracia significa que sólo el respeto a la diversidad y el amor por los demás permitirá construir un mundo al que todos pertenezcan: cada pueblo, cada idioma, cada cultura, cada nación.
Soy una mujer de paz, y represento a una nación que ama la libertad, la justicia y la fraternidad, y que entiende la democracia como lo expresó el gran Benito Juárez: “Con el pueblo todo; sin el pueblo nada. Con los pueblos todo; sin los pueblos nada”.
Muchas gracias.
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claudia sheinbaum
Claudi Sheinbaum es el actual y 66º presidente de México.



