La política argentina parece haber entrado en una fase de «montaña rusa» emocional. Tras picos de altísima adhesión a fines del año pasado, el cierre de abril trae consigo un baño de realidad estadística que impacta de lleno en el despacho presidencial. Según el último Índice de Confianza en el Gobierno (ICG) de la Universidad Torcuato Di Tella, la confianza en la gestión de Javier Milei sufrió una caída brusca del 12,1% en el último mes, situándose en 2,02 puntos.
Si bien el oficialismo ha demostrado capacidad de resiliencia en el pasado, esta vez el dato viene acompañado de un cambio de humor social más profundo: por primera vez, el sector de la sociedad que responsabiliza a la gestión actual por la situación económica es mayor al que culpa a la «herencia recibida».

La trampa de culpar al mensajero
En este contexto, ha resurgido una dinámica clásica del poder: apuntar contra el periodismo. Sin embargo, el diagnóstico parece equivocado. No es la narrativa mediática la que erosiona la imagen gubernamental, sino el impacto directo de la recesión y la caída del consumo en los barrios de la Ciudad y el Conurbano.
La estrategia de confrontación con la prensa, que en los meses de «luna de miel» funcionó como combustible para el núcleo duro, hoy parece chocar contra un techo. Cuando el bolsillo aprieta, el electorado tiende a volverse más pragmático y menos permeable a las batallas discursivas en redes sociales.

El desembarco de los «depredadores» tecnológicos
Mientras la imagen interna sufre, el mundo sigue mirando a la Argentina como un laboratorio político. La reciente llegada de Peter Thiel —cofundador de PayPal y figura clave en el manejo de datos a escala global con su empresa Palantir— ha generado más preguntas que certezas.
Thiel, un magnate con vínculos estrechos con la inteligencia y la defensa en Estados Unidos, no vino simplemente por «turismo inmobiliario» a Barrio Parque. Su presencia, sumada a los encuentros con figuras como Santiago Caputo, alimenta especulaciones sobre el futuro de la democracia digital en el país:
- ¿Es exportable el modelo Milei? Thiel busca entender si el fenómeno argentino es un caso aislado o el inicio de una nueva forma de gobernanza basada en algoritmos y el fin del Estado tradicional.
- El poder de los datos: La inquietud que circula en los pasillos del poder es si esta alianza busca potenciar el uso de bases de datos masivas para influir en futuras contiendas electorales, replicando modelos que ya han generado controversia en otras latitudes.
Perspectivas para mayo
Con una aprobación que hoy ronda el 34% según diversas consultoras, el Gobierno se enfrenta al desafío de recuperar la iniciativa económica antes de que el desencanto se consolide. En Buenos Aires, el termómetro de la calle indica que la paciencia tiene un límite y que, más allá de la épica libertaria, los números que realmente importan no son solo los de los algoritmos de Silicon Valley, sino los del supermercado de la esquina.



