“Dicen que soy aburrido”, decía Fernando de la Rúa en un recordado spot de campaña de 1999, con el que llegó a la Casa Rosada, tratando de hacer fortaleza de una supuesta debilidad. Pasan los lustros y la política argentina nunca es aburrida. Incluso parece ir ganando en giros sorpresas en su guión, como en una serie de Netflix. ¿Se les hubiera ocurrido a los guionistas poner al propio Presidente, su hermana –segunda figura del poder-, a todos los ministros en los palcos en apoyo de un jefe de Gabinete –aquí Manuel Adorni- investigado por la Justicia, por presunto enriquecimiento ilícito, sospechadas compras de departamentos y viajes familiares con gastos en dólares cash? En otra escena, el Presidente deja el recinto y al cruzarse con los periodistas acreditados no se detiene sino que al paso les devuelve “¡corruptos!” tras habérsele preguntado si lo del jefe de Gabinete había sido suficiente para aclarar las dudas. Dentro del recinto ya se dieron otras perlas: las acusaciones de Milei hacia la izquierda de haber “asesinado a 150 millones de personas”, un diputado –Esteban Paulón- repartiendo pochoclo, otro diputado, el ultracristinista Rodolfo Tailhade, causando cierta hilaridad al asegurar que hace diez años “persigue” a los corruptos.
Y pese a todo, sin embargo, la sesión transcurrió con más “normalidad” que la esperada. La oposición arremetió contra el jefe de Gabinete pero aún el kirchnerismo duro, buscó no cruzar la raya para que Adorni no hiciera “la gran (Guillermo) Francos”, ofenderse e irse prematuramente del recinto, como sucedió con el otrora jefe de Gabinete en el Senado el año pasado.

La estrategia de Adorni de incluir en su mensaje leído al inicio, las cuestiones relativas a sus causas judiciales, sirvió para descomprimir acaso, el vendaval que se sabía, iba a venir después a la hora de las “preguntas”, que terminan siendo no solo preguntas, sino tribunas para las acusaciones. Adorni no dio ninguna de las explicaciones o detalles que aún se esperan, pero afirmó que no cometió delito y sostuvo que no va a renunciar, lo que le fue reclamado desde distintas bancas opositoras, dispuestos a esmerilar a un funcionario clave dentro del esquema libertario.
Adorni fue prolijo en su preparación. Ya el lunes había visitado el recinto acompañado por el presidente de la Cámara, Martín Menem. Se «ambientó» e incluso ensayó respuestas en un coaching «incisivo». Algunos liderazgos y alegrías son demasiado líquidos: Adorni vale recordar, ganó con amplitud las elecciones locales de la Ciudad el año pasado, asestando un feroz golpe al PRO en su bastión; y si bien fue testimonial y no asumió como legislador, se proyectaba como candidato para jefe de Gobierno de la mano de Karina Milei. Sus acciones ahora, están en franco descenso y se sostiene aún con el firme apoyo de los hermanos Milei.
Sigue la polarización
Con el Congreso vallado, megaoperativo de seguridad y más allá de la justificación por la presencia del Presidente, persiste la postal del país que no se aburre pero a costa de repetirse en las crisis recurrentes y la confrontación constante.
Como sucedió el 1° de marzo en la Asamblea Legislativa, con fuertes cruces y chicanas del Presidente a la oposición dura, llegando casi a los dos años y medio de mandato de Milei nada indica que la polarización extrema no vaya a ser el signo del próximo turno electoral.
Milei había llegado envalentonado a aquella apertura de ordinarias por los objetivos cumplidos en extraordinarias, en particular la sanción de la reforma laboral. Hiperbólico, auguró un Congreso muy activo este año y “paquetes” de leyes que enviaría cada ministerio. Por ahora, llegando a fines de abril, el desempeño legislativo es módico, con un Senado que busca arrancar con la dudosa reforma electoral y pliegos judiciales sospechados de acuerdos con el kirchnerismo, mientras Diputados sancionó hace tres semanas la Ley de Glaciares y aún se busca consensuar una próxima sesión por la ley Hojarasca, un tema que muchos consideran marginal.

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