Una de las cosas mejores que me han pasado estos últimos años ha sido tratar a Shlomo Ben Ami. Recuerdo el día que le conocí, antes de comenzar la reunión del patronato de la Fundación La Caixa a la que él asistía por primera vez. Me acerqué y le dije: “No te conozco, pero te he leído”, citándole un par de sus libros, uno de los cuales –La revolución desde arriba: España, 1936-1979 – tengo aún a la vista. Le profeso respeto intelectual y afecto personal. Y leo con sumo interés cuanto escribe, como su último artículo en La Vanguardia, “Lecciones de la guerra de Irán”, que me inspira algunas consideraciones.
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