Paula Vidal y Gonzalo Durán (Universidad de Chile)
Se presenta una entrevista realizada a Claudio Katz, que menciona su trayectoria político intelectual. A partir de esto, describe algunos temas de debate de la izquierda latinoamericana de la segunda mitad del siglo XX; su visión acerca de la estrategia para alcanzar el poder; los fundamentos del marxismo que le constituyen y las particularidades de su teoría y propuesta. En paralelo, se aborda la necesidad del pensamiento crítico marxista.
Introducción
Adentrarnos en el pensamiento de Claudio Katz sobre su obra y los problemas que levanta, junto con su visión acerca de las clases, las derechas y el socialismo, es parte de un esfuerzo por relevar los aportes que vienen realizando pensadores marxistas latinoamericanos, especialmente en un escenario donde el marxismo ha perdido su influencia en la sociedad desde la caída de la Unión Soviética y de arremetida de las ultraderechas a escala global.
Claudio Katz nació 1954 en la ciudad de Buenos Aires, Argentina, estudió economía y se doctoró en Geografía en la Universidad de Buenos Aires.
Sus contribuciones están en el campo de las ciencias sociales, la economía y las humanidades que lo han llevado a recibir diversos reconocimientos, entre ellos, del Consejo Municipal de Rosario, Argentina, por el libro “América Latina en la encrucijada global”, el reconocimiento en la «Recomendación anual de libros de economía de 2022» de la Escuela de Economía de la Universidad Renmin, China y el Premio Libertador al Pensamiento Crítico en 2019 otorgado por el Ministerio del Poder Popular para la Cultura de la República Bolivariana de Venezuela y la Red en Defensa de la Humanidad, por su obra “Teoría de la Dependencia 50 años después”[1]; premio y medalla de la Universidad de Buenos Aires a la excelencia académica; mención honorífica en el Premio Libertador al Pensamiento Crítico 2011 del Ministerio de la Cultura de Venezuela por el libro “El Imperio del Capital”; mención honorífica en el Premio Libertador al Pensamiento Crítico 2008 del Ministerio de la Cultura de Venezuela por el libro “Las disyuntivas de la izquierda en América Latina”; mención honorífica en el Premio Libertador al Pensamiento Crítico 2005 del Ministerio de la Cultura de Venezuela por el libro “El Porvenir del Socialismo”.
Actualmente es investigador de Conicet y participa en varios grupos de Trabajo de CLACSO, además de haber coordinado alguno de ellos.
A continuación, se presenta parte de una entrevista realizada en un café de Buenos Aires el año 2024.
PV/GD: Tú has desarrollado una obra muy importante que marca el debate en América Latina en muchos aspectos. Eres uno de los intelectuales sumamente reconocidos en nuestra región. Sin embargo, se desconocen los detalles de esta larga producción intelectual, ¿cuáles son los problemas que te van marcando e inspiran en cada etapa de la producción, es decir, que te empujan a elaborar ciertos temas en algunos momentos?
CK: Yo creo que hay un norte en todo lo que yo hago que es el proyecto socialista y la búsqueda de caminos para avanzar hacia ese objetivo de una sociedad de igualdad y justicia. Me forjé en ese anhelo que se mantiene como el hilo conductor de toda mi actividad. Yo dejé el partido trotskista en el que me inicié y desenvolví una prolongada militancia y me sumé a otras configuraciones, pero igualmente afines al mismo proyecto emancipador. Lo que ha marcado siempre toda mi producción es una misma inquietud, una misma reflexión sobre el funcionamiento y la crisis del capitalismo para comprender cuales son los caminos de lucha por el socialismo. He trabajado todo el tiempo en torno a este tipo de enigmas.
Entonces, en los años ´90, yo hice un primer libro, que tengo perdido por ahí, sobre la economía latinoamericana, que fue un libro juvenil, más bien preparatorio de lo que siguió. El libro que efectivamente considero inicial e interesante fue el “Porvenir del Socialismo” y que si mal no recuerdo yo tenía unos 50 años. En ese tiempo se produjo la caída de la Unión Soviética, que yo de ninguna manera percibí como un fenómeno favorable, liberador o positivo como lo vieron muchos compañeros de mi inicial tradición trotskista. Yo noté de entrada que implicaba un golpe muy duro a la causa del socialismo y por eso empecé una secuencia de trabajos para esclarecer lo sucedido. Mi propósito fue hacer un balance de lo ocurrido con esa experiencia, pero el libro se llama el “Porvenir del Socialismo», es decir una reflexión y futuro. Indaga los problemas del proyecto socialista, sobre todo en el campo de la economía, no solo en la URSS, sino en los distintos países que participaron del denominado proyecto socialista. Fue un abordaje crítico de lo sucedido, pero con un mensaje de gran convicción sobre la consistencia, utilidad, factibilidad y conveniencia del socialismo.
Y después, ya hubo otros libros, pero en el medio de cada texto, me embarqué en infinidad de artículos que apuntaban a un libro general sobre el capitalismo contemporáneo. Nunca terminé de cerrar ese proyecto. Tenía en mente actualizar, revisar, completar y modificar los grandes libros de mi formación, con Mandel[2], Amin[3] o Sweezy[4], pero incorporando las lecturas, objeciones y aportes de muchísimos economistas marxistas del siglo XX, en todas sus variantes.
Una parte de ese trabajo fue editado con el título, ¨La economía marxista hoy” y otra parte está dispersa en artículos sobre el capitalismo digital, la financiarización, la dinámica de la acumulación, junto a varios textos sobre la teoría de la crisis en el corto plazo y largo plazo. Desenvolví ideas sobre el perfil del salario y también sobre el proceso de trabajo que me suscitó gran interés a partir de estudio de Harry Braverman[5] y su teoría del control patronal. Con mayor detenimiento abordé el dilema de las Ondas Largas, con miradas que fueron cambiando, especialmente a partir de una evaluación más detallada la teoría del desarrollo desigual y combinado. Me parece que todo lo que fui escribiendo siempre estuvo guiado por la misma intención de clarificar las características del capitalismo actual, en comparación a su precedente del siglo XX. Comprender especialmente el significado del neoliberalismo fue el gran propósito de ese trabajo que nunca se interrumpió, pero que no dio lugar a la obra que esperaba. Ese objetivo persiste como una asignatura pendiente.
El tercer gran tema, ya en la década de 2000, fue América Latina y asumió perfiles económicos y políticos. Todo lo que escribí sobre la región está explícitamente conectado con los procesos que hemos vivido en los últimos 20 años. No hay ningún libro sobre América Latina que aborde temas parciales, abstractos o acotados a la esfera económica. No, todo lo que analicé ahí siempre estuvo estrechamente conectados con los grandes procesos políticos de la región y especialmente con el Chávez, Lula, Evo o Kirchner.
Mi punto de partida fueron las rebeliones que inauguraron el ciclo progresista a fines de la década del ´90. Tomando en cuenta ese trasfondo, abordé el análisis económico contrastando el neoliberalismo con el neodesarrollismo y con los proyectos económicos más radicales, tomando siempre como referencia conceptual el proyecto de la unidad latinoamericana. Con esa mirada, escribí varios libros, uno más centrado en esa integración, evaluando el ALCA, el MERCOSUR y el ALBA y luego, focalizando en la diferenciación entre el Neoliberalismo, el Neodesarrollismo y el Socialismo. Evalué cada uno de esos modelos económicos en relación al curso político imperante en Brasil, Bolivia, Venezuela, Ecuador, Chile o Argentina.
Este énfasis en lo político es mucho más explícito en un libro titulado “Las disyuntivas de la izquierda en América Latina”, del año 2008 o 2010. Ahí me interesó clarificar los problemas políticos de la izquierda en el escenario regional de las rebeliones y por eso discuto las principales concepciones que han gravitado en el movimiento popular. Me detengo especialmente en el autonomismo, el progresismo, y el dogmatismo y, el sentido de esa evaluación, es clarificar los contornos del proyecto socialista para América Latina en el siglo XXI.
Después vino el libro sobre la teoría de la dependencia, que nunca pretendió hacer una evaluación más de lo que fue esa concepción y de lo que expusieron sus principales representantes. No es una investigación sobre lo que dijo Marini, lo que postuló Dos Santos o lo que expuso Bambirra. Es un texto que busca dirimir qué aporta la teoría de la dependencia para entender América Latina hoy y desenvolver una estrategia de la izquierda hoy. Por esa razón es un libro que suscitó polémicas. No pone el foco en el pasado, sino en la actualidad. Indaga los conceptos específicos de esa teoría a la luz de su utilidad, su validez o su invalidez en el siglo XXI. Desde esa óptica yo reviso conceptos claves de Marini, como subimperialismo, o superexplotación y abordo esa revisión reconsiderando el sentido de las polémicas clásicas.
Por esa razón, la primera parte del libro indaga el marxismo en América Latina, revisando la mirada de Marx, Lenin o Trotsky sobre la periferia. También abordo un balance de Gunder Frank, Fernando Henrique Cardoso y otros autores, pero apuntando principalmente a esclarecer las diferencias y convergencias entre los principales protagonistas del pensamiento del debate sobre la Dependencia. Reviso la mirada de los exponentes de esa teoría -Marini, Dos Santos y Bambirra- y de su crítico marxista Agustín Cueva. Ahí postulo que ese debate desembocó una síntesis muy frutífera para la actualidad.
Ahora, en los últimos tres años, he trabajado dos cosas distintas. Por un lado, la continuidad de los estudios sobre América Latina, con un ojo puesto en la actualidad y la nueva problemática de la ultraderecha, pero con la intención de conceptualizar los problemas de un nuevo período del marxismo latinoamericano. Esa matriz es decisiva, pero debe ser amoldada a los desafíos de otra época.
El otro tema de estudio es el imperialismo, que ya analicé en dos libros. El primero se llama “Bajo el imperio del capital” y allí desarrollo una revisión general del tema, a partir de evaluar los debates en el marxismo sobre esa problemática. Me focalizo especialmente en distinguir cuáles son los elementos válidos y obsoletos de la mirada clásica del leninismo. Pero como es texto fue escrito en un momento de gran preeminencia de la globalización, la unipolaridad y la fantasía de un ¨Nuevo siglo americano¨, también evaluó la conexión de ese escenario con las teorías del Imperio de Negri y las tesis de una transnacionalización de los Estados y las clases dominantes. La principal pregunta gira en torno al rol de Estados Unidos en la estructura contemporánea del imperialismo y la interpretación de ese papel es campo de los debates que exploro, especialmente las polémicas entre los teóricos del declive o la continuada preeminencia de la primera potencia. Panitch[6], Wallerstein[7] y Arrighi[8] son la gran referencia de esta indagación
Hace dos años escribí el segundo texto sobre el mismo tema, denominado, “La Crisis del Sistema Imperial” y aquí hay continuidades, pero también otros abordajes. El libro ya fue escrito en el escenario actual de total replanteo de la globalización, como consecuencia del gran colapso financiero del 2008 y reordenamiento general de la economía global que introdujo la pandemia. La confrontación entre Estados Unidos y China y la primacía de la geopolítica obligan a evaluar el imperialismo introduciendo problemas muy distintos a la década anterior. Ese libro me ha permitido introducir el concepto genérico de sistema imperial y precisar el sentido de nociones complementarias como alterimperialismo, coimperialismo o subimperialismo. Allí expongo la diferenciación cualitativa que separa a Estados Unidos con China o con Rusia y abordo varios temas políticos muy polémicos como es lo ocurrido en Medio Oriente y Ucrania. Los debates que ha suscitado este libro, en el nuevo escenario del trumpismo, me indujeron a trabajar en una tercera caracterización del problema, en el que revisé mejor el sentido del declive estadounidense, avancé en la idea de caos imperial y evalúe el significado de China, los BRICS y la multipolaridad. Este marco permitirá observar la realidad latinoamericana en otra perspectiva.
PV/GD: Teniendo en cuenta todos tus trabajos, especialmente los últimos libros, ¿cómo caracterizas tú, en el plano económico, político y social el momento contemporáneo?, ¿el neoliberalismo está en crisis a nivel de la región y a escala global?
CK: Yo creo que hay que distinguir varios planos. Atravesamos por un largo período de los últimos 40 años, que es una etapa de neoliberalismo, ofensiva del capital sobre el trabajo, financiarización, altas tasas de explotación, destrucción del medio ambiente. Este contexto general ha registrado puntos de giro y los más significativos recientemente han sido la crisis financiera del 2008 y la pandemia. En los dos casos se ha recreado la intervención del Estado sobre la economía, chocando con todos los dogmas neoliberales de exaltación del mercado y denigración de la regulación estatal. Esta nueva tendencia se acentúa en forma sustancial con el trumpismo, el proteccionista y el replanteo general de globalización, que puede ser visto como un giro definitivo hacia la desglobalización, o como el pasaje a formas más acotada, híbridas y polarizadas que imponen reconfiguraciones regionales. Pero lo que determina el periodo en curso es choque entre Estados Unidos y China, que introduce un contexto totalmente diferente a la unipolaridad anterior.
China está modificado todos los datos de la economía mundial al manejarse con una tasa de productividad superior a su rival, que les permite generar tratados de libre comercio actualmente rehuidos por Estados Unidos. Y esta adversidad empuja a cambiar el panorama mundial porque empuja a Estados Unidos a volver a utilizar su Estado como único instrumento de competencia efectiva. No puede rivalizar en el plano puramente económico porque pierde y vuelve a recurrir a su estructura geopolítico-militar para compensar su decreciente competitividad con acciones en ese terreno. Utiliza las 120 bases militares que tiene en el mundo, la fuerza del Pentágono y la subordinación de sus socios para compensar sus falencias económicas. En la guerra en Ucrania sometió a Europa, en Medio Oriente utiliza a Israel, en Asia se apoya en Japón y para conservar hegemonía con esos instrumentos político-militares, debe colocar al Estado en el primer plano del escenario mundial. Esa revalorización y ese protagonismo estatal es el elemento ordenador del período actual.
Pero en este contexto general se han registrado coyunturas muy distintas. La pandemia no fue seguida por una significativa recuperación económica, pero tampoco por una regresión recesiva. Prevalece una tónica muy oscilante, en un dramático marco de expansión de la desigualdad social que, junto a la destrucción del medio ambiente, son los rasgos más gravitantes de toda la etapa y los determinantes de la inestabilidad sistémica del capitalismo actual. Los cinco hombres más ricos del planeta han duplicado sus ingresos en pocos años, mientras que mil millones de personas se han empobrecido, en un tormentoso marco de sequias, inundaciones e incendios derivados del cambio climático.
Ahora, en el plano político-militar la otra gran novedad es que el resurgimiento de la guerra en creciente escala. Ya no impera solo el tipo de invasiones imperialistas que vimos en Irak. Tanto en Ucrania como en Medio Oriente, volvió un tipo de guerra más generalizada y determinante de un patrón de militarización general de la sociedad. Este giro es muy visible en Europa, porque la guerra de Ucrania cambió por completo el clima del Viejo Continente. Volvimos a ver a la OTAN a pleno, con desbordes de los presupuestos militares, con la clásica guerra de trincheras y pérdidas humanas que involucran centenares de miles de bajas, lo que impera desde principios del siglo XXI es una dinámica de caos derivado de la destrucción total de países, Estados y sociedades de países periféricos más afectados, con la consiguiente oleada de millones de exiliados y refugiados que desbordan todas las fronteras. Esa secuencia comenzó en la ex Yugoslavia, siguió con Afganistán, Irak y Libia y ha demolido recientemente a Siria.
Lo más importante de esa secuencia es el efecto adverso, en tanto, causante de esas devastaciones. El imperialismo estadounidense origina esas catástrofes para recuperar dominio geopolítico y contrarrestar su declive económico y el resultado final es lo opuesto, porque no ha sido beneficiado por ninguno de los cataclismos que produjo, ya que ganan sus rivales o sus socios locales, pero no Estados Unidos. Este boomerang se extiende a todos los planos, por ejemplo, las sanciones que intentó contra Rusia, y en lugar de debilitar a ese país terminó favoreciéndolo, ya que este reorientó sus exportaciones de energía hacia el eje asiático, mejoró su comercio exterior, sustituyó importaciones y de esa forma financió la guerra de Ucrania. Este combo de adversidades y derrotas explica el retorno de Trump.
Y veremos si esta dinámica termina verificándose también en Medio Oriente, porque Netanyahu ha implementado el mayor genocidio contemporáneo, con el sostén militar del Pentágono y la cobertura político-ideológica del Departamento de Estado. Pero Israel se ha convertido en un Estado Paria y la causa palestina ha recuperado centralidad en todo el mundo. Además, son las subpotencias regionales usufructúan más del incendio de la región que el propio padrino norteamericano. Turquía y Arabia Saudita están embarcadas en políticas duales de conqueteo con Rusia o China, exhibiendo un mayor nivel de autonomía que en el pasado. El imperialismo estadounidense no logra imponer su autoridad como en otra época y esta falencia le impide a su vez remontar el declive económico frente a China.
Por lo tanto, en síntesis, de esta pregunta, hay continuidades en el neoliberalismo, en la ofensiva del capital sobre el trabajo, pero en un nuevo escenario totalmente signado por la intervención de los estados, por el agravamiento del problema estructural del medio ambiente y por la explosión de la desigualdad. Y en este marco, el intento norteamericano de recuperar hegemonía, utilizando su primacía geopolítica o militar continúa fallando.
PV/GD: En otra de las entrevistas que hicimos contigo[9], mencionaste que la restauración conservadora volvió a tomar fuerza y que, frente a ello, no es suficiente solamente la lucha exitosa, sino que la izquierda requiere exponer con contundencia su proyecto anticapitalista, antiimperialista y de transformación social, señalando con claridad una estrategia que se amolde a nuestros tiempos, la cual para ti, es ganar el gobierno y comenzar a disputar el poder militar, mediático, económico y judicial, en una larga batalla una vez conquistado el gobierno. ¿cómo se sintetiza esta estrategia a escala regional y cuáles serían algunos de los autores que ayudan a fundamentarla?
CK: A escala regional yo lo sintetizaría en la idea de resistir a Estados Unidos, negociar en bloque con China, forjando y radicalizando la integración y la unidad popular de América Latina. O sea, en ese plano también se necesita una estrategia que defina ante todo cuál es el enemigo principal y no cabe duda que es el imperialismo estadounidense. En esa batalla: ¿con quién podemos aliarnos o asociarnos de forma específica? En mi opinión con China, ¿Y de qué forma podemos hacerlo? A través de la unidad latinoamericana. Esos tres lineamientos sobre Estados Unidos, China y la unidad latinoamericana, sintetizan una especie de geopolítica de los débiles.
América Latina tiene que actuar en el plano internacional con la fuerza de la integración, con la fuerza de un bloque, CELAC[10], UNASUR[11], o como se le llame, porque sin esa fuerza no tiene ninguna posibilidad de incidir en alguna tratativa.
Y para esa política, el punto de partida de nuevo, es volver a Lenin, porque es el teórico del antiimperialismo socialista y de estrategias de radicalización que conducen al socialismo. Fue lo que pasó con Cuba. Lenin, siempre estuvo a la izquierda de la socialdemocracia, nunca adoptó una actitud de padrinazgo sobre los pueblos primitivos, como se decía en esa época, siempre los vio como sujetos protagónicos de las transformaciones revolucionarias. Por eso asignó tanta gran importancia, en la Tercera Internacional, al denominado giro hacia Oriente, cuando se percibió que la revolución se mudaba al continente asiático. Lenin captó la importancia del campesino y propuso estrategias: el frente único antiimperialista, para forjar alianzas, distinguiendo las fuerzas radicales de las fuerzas burguesas conciliadoras. Con esa mirada sentó las bases para comprender la centralidad del nacionalismo revolucionario, como gran aliado en la lucha contra el imperialismo.
Con ese enfoque suscitó el giro en la mirada comunista de la lucha en la periferia. Generó, primero, el entusiasmo de Ho Chi Minh[12], que leyó las Tesis de Oriente y aplicó esos conceptos a la revolución vietnamita. Lenin fue la gran referencia política en el siglo XX. Ejerció una gran influencia en Cárdenas[13], Haya de la Torre[14] y en la década del ´70 inspiró los grandes trabajos de José Consuegra[15], Rodríguez[16] y Harnecker[17] sobre Lenin y América Latina. Ese legado es clave para comprender la estrategia socialista de nuestra época y ese Lenin es igualmente clave para el abordaje geopolítico. Él comprendió en su momento, que para defender la revolución bolchevique había que definir con nitidez cuales son los enemigos y los aliados, para sostener la revolución bolchevique con una combinación de expansión mundial del socialismo y negociaciones geopolíticas. Recurría al acuerdo con el gobernante anticomunista Kemal Ataturk[18] en Turquía y al mismo tiempo impulsaba la revolución. Esa fue la misma dialéctica que posteriormente adoptaron Fidel y Chávez, entendiendo la necesidad de negociar con Rusia o China, para confrontar el imperialismo norteamericano, sin copiar modelos, evitando las ilusiones y las ingenuidades.
De ahí podemos derivar que existe una política exterior realista, centrada en esas combinaciones, que nos aportan también fundamentos para adoptar posturas acertadas. Nosotros tenemos que resistir a Estados Unidos, es la clave ordenadora con el embajador del Norte haciendo lo que se le da la gana, no podemos pensar en ninguna iniciativa soberana. Pero debemos establecer también otra relación con China, porque hoy nos venden manufacturas, sin transferencia de tecnología, generando una creciente dependencia económica, porque la contrapartida nuestra es la simple exportación de materias primas. Si seguimos por ese camino no hay desarrollo posible para nuestra región. Y resulta a su vez indispensable forjar una política de integración que combine la acción de los gobiernos y los pueblos, en la trayectoria inaugurada con ALBA[19], con la gran experiencia de las Cumbres de los Pueblos, que desenvolvimos en la década pasada.
Un último punto importante es cómo abordar la controvertida problemática de autodeterminación nacional. Lenin se manejaba con mucho cuidado, auspiciando ese derecho democrático, pero señalando también que no es un principio absoluto, invariablemente válido para cualquier circunstancia. Hay que observar bien cada contexto y especialmente como opera la política del imperialismo en conexión con fuerzas derechistas locales que despliegan banderas demagógicas sobre los anhelos nacionales. Yo creo que, una buena aplicación contemporánea de Lenin y del austromarxismo[20] en esa temática se verifica en el rumbo propiciado por Evo Morales en Bolivia. Ahí logró zanjar el complejísimo problema de las demandas indígenas en el marco de una nueva constitución plurinacional. De algún modo, amoldó la solución concebida por el austromarxismo, para hacer valer derechos específicos preservando la integridad nacional. Apuntaló las viejas exigencias indígenas remodelando el Estado en una configuración plurinacional y evitando una nociva fractura de la sociedad boliviana. Esa resolución aporta un antecedente importante a otros planteos en debate, como los formulados por el indigenismo ecuatoriano o los mapuches de Chile. La clave conceptual de todo el problema es distinguir los movimientos nacionales de autodeterminación progresistas como Cataluña, Quebec, los Kurdos, de los reaccionarios como Taiwán, Malvinas, Guyana. Hay que observar qué alianza tienen los movimientos en cuestión con sectores del imperialismo, y cuál es el peso de la izquierda. De esa evaluación surgen estrategias regionales acertadas si toman en cuenta a Lenin como ordenador de esa problemática.
Tenemos que retomar ese bagaje y los aciertos de Lenin, que permitieron superar los inconvenientes de la mirada inicial de Marx hacia América Latina. Esas dificultades están sintetizadas en el artículo sobre Bolívar que contiene un cúmulo mayúsculo de errores. El problema no radicó en el desconocimiento de América Latina, sino en la mirada ingenua del primer Marx, que imaginaba una emancipación cosmopolita, internacionalista y simultánea de todos los pueblos. El segundo Marx ya maduro, ya capta la variedad de caminos y la función progresiva de la resistencia anticolonial en el mundo. Es el Marx que reivindica la lucha de Irlanda, la India, China y México.
Marx se aproximó al problema sin resolverlo y Lenin pudo formular una mirada superadora con su tesis del antiimperialismo socialista. Por eso converge con Martí en el sendero de los múltiples empalmes que han resaltado varios autores cubanos. Es lógico que allí se haya estudiado con tanto acierto ese problema porque la historia de Cuba sintetiza una lucha contra el colonialismo español y contra el imperialismo estadounidense, en la misma sintonía que hoy en Palestina empalman la batalla contra el colonialismo israelí con la resistencia al imperialismo estadounidense.
PV/GD: En otro ámbito de reflexión, ya más de orden teórico y las controversias del marxismo, pero a partir de experiencias concretas de luchas desarrolladas en Latinoamérica, como una de las más paradigmáticas como fue la revolución cubana, ¿Qué representó el triunfo de Cuba?
CK: El significado político de la revolución cubana es mayúsculo porque definió el perfil no solo de la generación de los años ´70, sino también de los sucesores de esa camada. Y como señalé antes, la permanencia de la revolución cubana permitió que afloraran todos los procesos radicales del siglo XXI en el marco del ciclo progresista. Pero entiendo que tu pregunta apunta mas al significado de ese acontecimiento para la importancia que asumió el marxismo latinoamericano y esa conexión es muy estrecha
La revolución cubana puso de relieve la centralidad de los sujetos en la transformación revolucionaria, en contraposición a las miradas del marxismo ortodoxo que resaltaban a primacía de las fuerzas productivas, como principio ordenador del análisis y de la estrategia política. Esa impronta historicista se nutrió de la propia experiencia y alimentó la idea, no solo, que la revolución es posible y factible, sino también realzó la incidencia de los principios éticos y una concepción del hombre nuevo, asentada en esa enorme gravitación del sujeto. Esta mirada permitió disipar la idea de la revolución, como un proceso meramente objetivo y derivado de cierta madurez de las fuerzas productivas. Objetó la creencia que esos pilares definen el momento y la oportunidad del cambio social siguiendo un patrón derivado de cierto destino predeterminado de la historia. Esa concepción de la vieja socialdemocracia y de muchos Partidos Comunistas fue perdiendo peso en América Latina al calor de la revolución cubana, que permitió captar la centralidad de la acción popular y la gravitación primordial de la práctica revolucionaria. También señalé que en mi opinión esa matriz del marxismo latinoamericano se fue perfeccionando hasta generar una convergencia más consistente de la tradición científica con el legado historicista.
PV/GD: Esta rica comprensión que nos has presentado, nos lleva a preguntarnos sobre la cuestión de la clase, ya que esta reflexión, sin duda, tiene implicancias para el proyecto socialista en los siglos XX y XXI, ¿cómo entiendes las clases sociales?
CK: Es una problemática muy conectada a esas dos tradiciones. En la mirada tradicional del cientificismo la clase social es definida por el lugar que ocupa en la producción. Es un estamento objetivamente derivado de esa ubicación. Por el contrario, en el enfoque historicista, la clase social es caracterizada a partir de su experiencia, su conciencia y por su despliegue como actor protagónico de la transformación social.
Yo creo que ambas posturas incluyen aspectos relevantes porque comparten el presupuesto central del marxismo que es la centralidad de las clases para el proyecto socialista. En este plano se ubican, en forma acertada, en franca oposición al individualismo metodológico del pensamiento neoclásico y liberal y en intensa polémica con el posmarxismo de Laclau[21], que cimentó toda su concepción en una desacertada critica al reduccionismo de clase.
Esa visión impide comprender los pilares objetivos de lucha política que se ordenan en torno a intereses sociales de clase. Prescindiendo de ese barómetro no hay forma de aportar una explicación lógica de los sucesos políticos, porque se renuncia a evaluar sus cimientos en intereses sociales antagónicas. Es cierto que el marxismo tuvo una derivación economicista que simplificó esa evaluación, pero el posmarxismo tiró al bebé con el agua sucia e introdujo una regresión hacia la pura aleatoriedad de discursos que definen el devenir de la sociedad, olvidando que expresan tendencias objetivas subyacentes que el materialismo histórico ha esclarecido, a través de todos los autores que siguieron la pista de Marx.
A mí me atrae el enfoque de Poulantzas[22] o de Erik Olin Wright[23] que señalaron un rumbo analítico para comprender la complejidad de las clases sociales contemporáneas y me parece que Carchedi[24] abrió el camino para elaborar una definición ampliada de las clases, que contemple no solo la propiedad, sino también la función. No alcanza con notar el status proletario o propietario de cada sector, sino que corresponde también evaluar si está cumpliendo una función acorde al capital o al trabajo; si es un policía que custodia el patrimonio del empresario o es un gerente que garantiza la continuidad y eficacia del proceso de trabajo. Yo creo que esas definiciones ampliadas, son importantes porque permiten entender mejor la relación capitalista, burgués, dominador y también esclarecen la multiplicidad de los sujetos populares transformadores. Pero también me atrae la síntesis con ingredientes constructivistas que introdujo Bensaïd[25], o el enfoque explícitamente historicista de Meiksins Wood[26], porque en el proyecto que propicio, de llegar al gobierno y disputar al poder, hay que entender quiénes son los integrantes y cómo actúa cada clase social. Es una evaluación de sujetos conscientes, no es que están ahí por el simple lugar que ocupan en la producción, actúan en función de su historia y su experiencia en la trayectoria señalada por E.P. Thompson.
Es un tema clave también en América Latina para evaluar roles de las clases dominantes. Poulantzas distinguía muy bien a la burguesía compradora e interna y nosotros tenemos que llegar al gobierno y disputar el poder, y hay que precisar en cada caso nacional qué tipo de burguesía prevalece en cada escenario.
Y esta clarificación es igualmente decisiva para evaluar los sujetos populares, con mirada de clase, pero con plasticidad política. La vieja idea de que el proletariado latinoamericano es el sujeto central, protagónico y excluyente, perdió peso porque hubo muy pocas experiencias que avalaran esa hipótesis. La principal fue la revolución boliviana del ´52[27], una revolución casi proletaria clásica, casi con soviets, con un papel dominante de la Central Obrera y un rol principal de los mineros. No hubo ninguna otra experiencia similar, porque en la revolución mexicana fueron campesinos, o el proceso bolivariano, nicaraguense o cubano hubo gran diversidad de sujetos.
PV/GD: ¿Y en este mismo razonamiento qué grado de incidencia actual tiene para ti la ideología? ¿Es tan relevante como señalan muchos estudios contemporáneos? ¿Qué visión marxista de la ideología te resulta afín al proyecto político del socialismo que has postulado?
El tema de la ideología es clave no solo para el proyecto de llegar al gobierno y disputar el poder, sino para la batalla que se está desenvolviendo contra la ultraderecha. Ellos han puesto en agenda la batalla cultural contra el marxismo porque quieren barrer con la diversidad de pensamiento para reimplantar las doctrinas reaccionarias más burdas y primitivas. Piensan que el neoliberalismo impuso la preeminencia indiscutida del capitalismo en el terreno económico, pero no en el plano de las ideas. Y por eso están empeñados en una gran campaña de restauración del oscurantismo. La incidencia de la ideología se define hoy en ese ámbito.
Yo creo que tenemos un bagaje marxista mucho más enriquecido que en el pasado para desenvolver esa batalla de ideas. Ya perdió relevancia la vieja mirada del instrumentalismo economicista, que ponderaba la total primacía analítica y estructural de la economía y el papel subordinado de la ideología, como mero reflejo en el ámbito de las superestructuras. Muchos autores estudiaron la variedad de dispositivos y de poderes, que determinan una compleja incidencia de ideología. A mí me han impactado mucho las miradas de Eagleton[28] y Therborn[29], que cuestionaron la caracterización de esta esfera, tan solo como falsa conciencia, como simple determinación social del pensamiento, tan solo como programa. Indagaron una nueva síntesis, incorporando la conflictividad y la contradicción, para entender cómo un mismo individuo suele tener ideologías en tensión, por ejemplo, en su posicionamiento de clase y en su actitud frente al género. La vieja idea de simples aparatos ideológicos del Estado configurando la ideología han quedado atrás frente a la necesidad de esclarecer en estos planos más intrincados y complejos.
Hay muy buenos autores que trabajan en este desafío de refinar la teoría de la ideología y, en el terreno más político, me parece que hay tres urgencias relevantes. La primera sería esclarecer dónde se ubica hoy la fuente principal de transmisión de la ideología dominante. ¿En el neoliberalismo y el mercado?, ¿O en la tecnología digital, el cyberoptimismo y la inteligencia artificial? ¿O quizás en otro plano del constitucionalismo y las creencias institucionales?
Este último elemento es central para el proyecto de llegar al gobierno y disputar el poder porque involucran directamente la estrategia política a seguir. Es evidente la importancia de la lucha por desmistificar todas las supersticiones del neoliberalismo y más urgente es la batalla contra la nueva plutocracia digital que se apropia de la información de los usuarios mediante su control del universo de las redes. Pero para la estrategia política es decisiva la tercera dimensión que señalé, como actuar sobre la gravitación que tiene la institucionalidad sobre la conciencia popular, para generar imaginarios que impugnen al capitalismo y renueven al socialismo.
PV/GD: Teniendo en consideración lo señalado, quisieramos preguntarte sobre la forma de encarar la batalla cultural por el socialismo en un escenario donde la derecha y la ultraderecha avanzan ¿Qué significa para ti socialismo? ¿Cómo se configura este socialismo?
CK: Yo creo que estamos en una época de ofensiva derechista, ultraderechista, y esto implica, en mi opinión, el fin de la era light post ideológica, posestructuralista, posmoderna. En este plano se verifica otra dimensión clave de la ideología, que refuta el supuesto fin del peso de las ideas, por simple expansión del descreimiento. Es falso que el cinismo está incorporado a la conducta de los individuos, y la ideología ya no pesa en ningún terreno. Esa era una ilusión del escenario de la globalización, del mundo de la tercera vía, del clima imperante con Clinton, de Tony Blair. Ese contexto se disipó y ahora prima el escenario de Trump, Bolsonaro y Milei y el mundo de esos tres personajes es super ideológico. “Make America great again” es el drástico retorno a la ideología del americanismo, y lo mismo vale para Milei, cuando Milei convoca a construir la Argentina oligárquica del principio del siglo XX. La ideología reaccionaria está muy presente en la estrecha relación de Bolsonaro con los evangelistas, salta a la vista en el franquismo de Vox en España o en la centralidad de “la familia” en Meloni.
Este resurgimiento de la ideología demuestra para mí dos procesos gravitantes. El primero, indica que el capitalismo no puede funcionar sin ideología, necesita la ideología y por eso la recrea con tanta fuerza. Lo segundo, es la importancia de una batalla cultural centrada en el socialismo en la confrontación con la derecha. Hay que desenvolver esa polémica de frente sin adoptarse el progresismo pro capitalista, porque no sirve discutir contra la mistificación del mercado o las idealizaciones del emprendedor, con meras generalidades sobre la regulación estatal. Ese argumento es poco creíble.
Lo que corresponde realzar es un proyecto de emancipación revolucionaria y socialista, destacando cómo se puede forjar ese horizonte con principios de colectividad, solidaridad y, planificación. Tenemos que retomar la respuesta que daban los marxistas de principios del siglo XX a los austríacos de principios de esa época.
Hay que refutar las banalidades de Hayek y Von Mises con los argumentos de Bujarin. La respuesta a Milei en los términos del capitalismo humano del keynesianismo no conduce a ninguna parte. El materialismo histórico ofrece la mejor respuesta al replay del ultraliberalismo austriaco y el socialismo ofrece el mejor horizonte alternativo al ensueño de la irrealizable primacía del mercado.
Con este bagaje debemos retomar el socialismo como un proyecto y como ideal, porque conviene recordar que una sociedad igualitaria asentada en la redistribución de ingresos, es la condición para el despliegue de méritos individuales. Solo en ese marco podrían desarrollarse efectivamente las capacidades individuales, determinando responsabilidades y retribuciones diferenciadas. Pero se necesita procesar esa dinámica a partir de condiciones mínimamente equitativas. Solo el marco de igualdad permite el despliegue de la individualidad, superando falsas contraposiciones, donde se puede gestar una retroalimentación entre los individuos y la colectividad. En la medida que se desarrollan las potencialidades colectivas despuntan con más fuerza las singularidades y capacidades específicas. Para que esa conexión pueda irrumpir, se necesita un patrón de igualdades mínimas, una redistribución de los ingresos y una diferencia acotada de la brecha social.
Ese sería el punto de partida de un larguísimo proceso que podría llevarnos a la sociedad comunista, en la que imperaría aportes y retribuciones en función de las necesidades y posibilidades de los individuos y la colectividad. Es una meta que vale como ideal. Es un anhelo comunista que fija un norte, alternativo al ideal religioso o del mercado. El primero realza la supremacía de las creencias o normas divinas y el segundo pondera el juego de la oferta y la demanda como organizador optimo de la sociedad. Frente a esas opciones nosotros tenemos que batallar por el nuestro ideal de igualdad.
Versión Final: 20/04/2025
[1] https://iealc.sociales.uba.ar/charlas/claudio-katz-gano-el-premio-libertador-al-pensamiento-critico-2019/
[2] Ernest Ezra Mandel, fue uno de los más destacados economistas marxistas, pero también fue historiador y político de nacionalidad alemana y belga. Indiscutido líder del trotskismo después de la muerte de León Trotski, nació en Alemania, el 5 de abril de 1923 y falleció el 20 de julio de 1995. Fue miembro de dirección de la IV Internacional. En 1962 publicó su primera gran obra, “Teoría económica marxista” y en 1972 publicó su obra más importante “El capitalismo tardío”, aun cuando tiene una extensa obra.
[3] Samir Amin, es uno de los más importantes economistas egipcios, además fue político, académico y escritor, nació en El Cairo el 3 de septiembre de 1931 y falleció el 12 de agosto de 2018. Fue consejero y asesor del Ministerio de Planificación en Bamako (Malí), realizó misiones a Guinea y Ghana, fue director del Instituto Africano de Desarrollo Económico y de Planificación. Se especializó en temas del Tercer Mundo, desarrollando el concepto «centro-periferia» como una explicación global de las relaciones económicas entre los países de capitalismo avanzado y los subdesarrollados, centrándose en el África negra. Sostuvo la necesidad de los países periféricos de proceder a una desconexión del mercado mundial y evitar participar en la división internacional del trabajo para hacer frente al subdesarrollo. Entre sus obras destacan “La acumulación a escala mundial” (1970), “El desarrollo desigual” (1973) y “La desconexión” (1986).
[4] Paul Marlor Sweezy, es uno de los más importantes economistas marxistas norteamericanos, nació el 10 de abril de 1910 y murió el 27 de febrero de 2004, estudió economía liberal con Friedrich von Hayek y Lionel Robbins, pero también aprendió ideas políticas socialistas de Harold Laski y trabajó en su tesis doctoral bajo la supervisión de Joseph Schumpeter. Junto con su amigo Leo Huberman, fundó la revista socialista independiente Monthly Review, que dirigió desde 1949 hasta su jubilación efectiva en marzo de 1997. Entre sus publicaciones se encuentran “La teoría del desarrollo capitalista” (1942), junto con Paul Baran, “El capital monopolista” (1966).
[5] Harry Braverman, nació en 1920 y falleció en 1976, fue un marxista , obrero, economista político y revolucionario estadounidense. A la edad de 17 años ya se había convertido al trotskismo. Trabajó como calderero y fabricante de acero. A finales de la guerra fue reclutado y enviado a Wyoming para trabajar en locomotoras, para posteriormente trabajar como editor en Grove Press, y luego, en 1967 se hizo cargo de la edición de Monthly Review Press donde trabajó hasta su muerte. Braverman es más conocido por su libro de 1974 Labor and Monopoly Capital: The Degradation of Work in the Twentieth Century.
[6] Leo Victor Panitch, nació en 1945 y falleció en 2020, politólogo marxista canadiense, fue profesor en la Universidad de York, uno de los principales contribuyentes de la revista socialista estadounidense Jacobin. Fue miembro del Instituto Marxista y del Comité de Estudios Socialistas, así como de la Asociación Canadiense de Ciencias Políticas.
[7] Immanuel Maurice Wallerstein, nació en 1930 y falleció en 2019, fue un sociólogo y científico social estadounidense junto con ser el principal teórico del análisis de sistema-mundo. Fue director del Centro Fernand Braudel de estudios económicos, sistemas históricos y civilización.
[8] Giovanni Arrighi, nació en 1937 y falleció en 2009, fue un economista y sociólogo italiano especializado en economía política. Se considera uno de los máximos representantes de las teorías de los ciclos económicos. Doctorado en Economía por la Universidad de Milán, fue profesor de Sociología en la Johns Hopkins University, Baltimore.
[9] Claudio Katz y las estrategias de la izquierda por la emancipación de los pueblos: un itinerario intelectual y político, Cuadernos de Historia 63, Departamento de Ciencias Históricas, Universidad de Chile, diciembre 2025, 377-399. https://cuadernosdehistoria.uchile.cl/index.php/CDH/article/view/81949/80658
[10] CELAC o Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños, se creó el año 2011 e incluye a 33 países de Latinoamérica y el Caribe. Tiene como objetivo, ser un foro regional para construir una voz única y de decisiones en el ámbito político y de cooperación en apoyo de los programas de integración regional. Un espacio de integración regional en los planos político, económico y cultural de la región. Más información en https://celacinternational.org/celac-4/
[11] La Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR) se constituyó el año 2008 y es una organización intergubernamental integrada por Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Ecuador, Guyana, Paraguay, Perú, Surinam, Uruguay y Venezuela, cuyo principal objetivo es construir, de manera participativa y consensuada, un espacio de integración y unión para eliminar la desigualdad socioeconómica, lograr la inclusión social y la participación ciudadana, fortalecer la democracia y reducir las asimetrías en el marco del fortalecimiento de la soberanía e independencia de los Estados.
[12] Ho Chí Minh nació en 1890 y falleció en 1969, fue un revolucionario marxista, político vietnamita, independentista y miembro fundador del Partido Comunista de Vietnam, primer ministro de la República Democrática de Vietnam y presidente desde 1951 hasta su muerte. Ho Chi Minh fue una figura clave en las filas de liderazgo de la guerra de la República Democrática de Vietnam y el Frente Nacional para la Liberación de Vietnam del Sur. En 1975, ganó la guerra la República Democrática de Vietnam, las dos regiones de Vietnam se unieron, dando lugar al nacimiento de la República Socialista de Vietnam.
[13] Lázaro Cárdenas del Río nació en 1895 y falleció en 1970, fue un líder revolucionario y político mexicano que gobernó de 1934 a 1940. Durante su mandato, implementó importantes políticas que transformaron la estructura económica y social de México, destacándose por su lucha a favor de los derechos de los trabajadores, la reforma agraria y la nacionalización de la industria petrolera.
[14] Víctor Raúl Haya de la Torre nació en 1895 y falleció en 1979, fue un pensador y político peruano marxista, fundador de la Alianza Popular Revolucionaria Americana (APRA) y líder histórico del Partido Aprista Peruano (PAP), concebido como un movimiento revolucionario, socialista, e incluso marxista.
[15] José Consuegra, nació en 1924 y falleció en 2013, fue un científico social, periodista, economista, educador, literato, escritor, humanista e intelectual colombiano. Influyente tratadista de las ciencias económicas y sociales de América Latina en la búsqueda y construcción de un pensamiento propio. Fue economista del Instituto de Ciencias Económicas de la Universidad Nacional de Colombia, experto en política económica.
[16] Carlos Rafael Rodríguez Rodríguez, nació en 1913 y falleció en 1997, fue un político y economista comunista cubano. En la posterior etapa de institucionalización constitucional de la Revolución cubana, iniciada en 1976, fue elegido y varias veces ratificado como vicepresidente del Consejo de Estado (1976-1993) y designado en el cargo de vicepresidente del Consejo de Ministros (1976-1997). Fue miembro del Buró Político del Partido Comunista de Cuba (PCC) desde su refundación en 1965 y hasta poco antes de su muerte en 1997.
[17] Marta Harnecker, nació en 1937 y falleció en 2019, fue una escritora, psicóloga, socióloga e intelectual marxista chilena. Centrada en analítica del movimiento obrero y elaboración de abundante documentación formativa, fue asesora de los gobiernos socialista de Cuba y Venezuela, así como colaboradora con los movimientos sociales de clase en Latinoamérica. Fue traductora de Althusser para el español.
[18] Kemal Ataturk fue un militar con el rango de mariscal de campo y célebre estadista turco, así como el fundador y primer presidente de la República de Turquía. Mustafá Kemal se consagró como general de renombre que permitió la victoria turca en la batalla de Galípoli. Años después, tras la derrota del Imperio otomano y la ocupación de Constantinopla entre 1918 y 1923 a manos de la Entente y la partición del Imperio otomano, Mustafá Kemal encabezó el Movimiento Nacional turco, que desembocaría en la Guerra de Independencia turca o Kurtuluş Savaşı —«Guerra de Liberación»—. Sus brillantes campañas militares condujeron a la liberación del país y al establecimiento de la República de Turquía. Como primer presidente de la República, Mustafá Kemal impuso una serie de reformas de gran alcance para crear un Estado moderno, democrático y laico
[19] La Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América – Tratado de Comercio de los Pueblos o ALBA-TCP, se fundó el año 2004 y es una organización internacional de ámbito regional formada por países de América Latina y el Caribe como un proyecto de colaboración y complementación política, social y económica entre algunos países de América y el Caribe, promovida inicialmente por Cuba y Venezuela como contrapartida del Área de Libre Comercio de las Américas ALCA), impulsada por Estados Unidos.
[20] Referencia a una generación de marxistas, que sin ser homogéneos, eran partidarios de desarrollar una teoría política situada entre la socialdemocracia y el leninismo, aceptando las diversas maneras de llegar al poder, ya sea vía reformas o revolución. Max Adler, Otto Bauer y Rudolf Hilferding son algunos de sus exponentes.
[21] Ernesto Laclau nació en 1935 y falleció en 2014, fue un filósofo, teórico político y escritor postmarxista argentino. Uno de los libros más importantes de Laclau es Hegemonía y estrategia socialista, que escribió con Chantal Mouffe, cuya teoría la insertan en un campo, como ellos mismos definen, postmarxista, el cual busca la deconstrucción del marxismo, cuestionando sus categorías modernas.
[22] Nicos Poulantzas, nació en 1936 y murió en 1979, sociólogo marxista, vinculado al marxismo estructuralista. Sus aportes están en la teoría del Estado y en la política, también en el análisis histórico del fascismo.
[23] Erik Olin Wright, nació en 1947 y falleció en 2019, fue un sociólogo y marxista estadounidense, miembro destacado del marxismo analítico. Sus mayores contribuciones se centraron en su revisión de la teoría marxista de las clases sociales.
[24] Guglielmo Carchedi, nació en 1938, profesor emérito del Departamento de Economía y Econometría de la Universidad de Amsterdam y es autor de numerosos estudios de economía marxista. Ha publicado junto con Michael Roberts, destacado economista marxista.
[25] Daniel Bensaïd, nació en 1946 y falleció en 2010, filósofo, intelectual y político marxista, fue uno de los dirigentes estudiantiles de mayo de 1968, también dirigente histórico de la Liga Comunista Revolucionaria francesa y de la Cuarta Internacional.
[26] Ellen Meiksins Wood, nació en 1942 y falleció en 2016, fue historiadora, politóloga y filósofa marxista norteamericana, de emigrantes judío letones. Contribuyó a forjar una línea de investigación historiográfica conocida como “marxismo político”, centrada en la explicación “política” de los orígenes y la naturaleza histórica del capitalismo y su cultura económica. Entre 1984 y 1993 estuvo en el comité editorial de la New Left Review británica, y entre 1997 y 2000 coeditó, junto con Paul Sweezy Harry Magdoff la revista norteamericana Monthly Review.
[27] La Revolución boliviana de 1952, conocida como Revolución del ’52, fue una Revolución política que en su momento se equiparó a la Revolución mexicana y que antecedió a la Revolución cubana. Se desarrolló en el contexto de la Guerra Fría y fue la única de las revoluciones sociales de América Latina que contó con el apoyo de los Estados Unidos. Fue liderado por el partido denominado Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR) en alianza con liberales y comunistas. El gobierno del MNR, luego de esta Revolución, tuvo una duración desde el 9 de abril de 1952, hasta el golpe de Estado del 4 de noviembre de 1964.
[28] Terry Eagleton, nació en 1943, es un filósofo y crítico literario británico que se identifica con el marxismo, ya que recibió la influencia del marxista Raymond Williams.
[29] Göran Therborn, nació en 1941, estudió Ciencia Política, Sociología y Economía en la Universidad de Lund, es profesor emérito de la Universidad de Cambridge y de la Universidad Linnaeus de Suecia. Es también codirector del Colegio Sueco de Estudios Avanzados en Ciencias Sociales con sede en Upsala. Es uno de los sociólogos contemporáneos de influencia marxista.

