Los tiempos han cambiado en esos treinta años que han pasado desde que El Último de la Fila dejó los bártulos. No para su música, que ya es un clásico, pero sí para el público que, como bromeaba Quimi Portet en el concierto de este domingo en el Estadi Olímpic, se multiplicó por orden de Manolo García cuando eran todavía Los Burros hasta llegar a cifras insólitas. Sólo en Barcelona, más de un centenar de miles de personas presenciarán ahora la reaparición de la banda.
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