Todo acto forzoso se vuelve desagradable. La frase, atribuida a Aristóteles, encuentra una fuga en el acto de comer. Alimentarse es una imposición biológica, un repostaje necesario, pero disfrutar mientras se come es cuestión distinta. Más aún: esa sensación, que se produce de modo natural tanto hendiendo la cuchara en un potaje de la abuela como notando estallar esferificaciones al cerrar la boca, se convierte en un ejercicio de hedonismo cuando se produce el clic: la toma de conciencia. El canal Comerde La Vanguardia celebró anoche su décimo aniversario en el restaurante Azul, de Romain Fornell: “Esta es una noche para comer, beber y reír con un increíble equipo de redactores y colaboradores que abordan la gastronomía de forma transversal. Tratamos de explicar historias de personas para conocerlas de forma más íntima. Esta es una noche para ser feliz”. Cristina Jolonch, la mención de cuyo nombre es un ábrete sésamo para la atención de cualquier profesional del ramo, se resiste a aparecer en este texto más allá de la referencia obligada. Pero es imposible. Los cocineros más reputados se acercan a ella como abejas a la miel para acabar pasando peaje ante este teclado: Albert Adrià, Joan Roca, Carme Ruscalleda, Sergio Torres, Paco Pérez, Carles Abellán y Natalia Juan, Òscar Manresa, Carles Gaig, Fina Puigdevall y, naturalmente, el anfitrión, Romain Fornell. También asistió el alcalde Jaume Collboni. “Cristina Jolonch es la mejor prescriptora de nuestro trabajo; es una persona a quien escuchar y que tiene un don: nunca juzga y siempre acompaña”. En ese instante, la directora del Comerinterrumpe azorada el diálogo. “¡Nonono, que yo no quiero que habléis de mí!”. Noblesse oblige.
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