Por: Redacción Vive CABA
Un 6 de mayo de 1856 nacía Sigmund Freud, el hombre que se atrevió a decir que no somos dueños ni de nuestra propia casa: la mente. A 170 años de su nacimiento, su figura no solo sigue vigente en los libros de la facultad, sino que respira en cada esquina de nuestra Ciudad Autónoma de Buenos Aires.
Buenos Aires ostenta el récord de ser la ciudad con más psicólogos por habitante en el mundo. Pero, más allá de la estadística, ¿cómo se ven las teorías freudianas cuando caminamos por la Avenida Corrientes o cuando nos perdemos en el scroll infinito de nuestras pantallas?
El Malestar en la Cultura Digital
En su obra “El malestar en la cultura”, Freud planteaba que la civilización nos exige reprimir nuestros impulsos para poder convivir. Hoy, esa represión parece haber mutado. En la era de la hiperconectividad, el malestar no viene del silencio, sino del ruido.
La realidad de CABA hoy está atravesada por una exigencia de felicidad constante. Las redes sociales funcionan como un «Ideal del Yo» colectivo: un espejo donde solo mostramos la mejor versión de nosotros mismos, generando una neurosis moderna marcada por la ansiedad de «no estar a la altura» de lo que el algoritmo espera de nosotros.
Narcisismo y la ciudad del «Selfie»
Freud introdujo el concepto de narcisismo para explicar el amor que el sujeto se dirige a sí mismo. En una ciudad con una oferta cultural y estética tan potente como la nuestra, el narcisismo se ha convertido en el motor de la economía digital. Cada café de especialidad en Palermo o cada puesta de sol en Puerto Madero es una oportunidad para reafirmar nuestra identidad ante los demás.
Sin embargo, el análisis freudiano nos invita a mirar detrás de la foto: ¿qué hay en ese vacío que intentamos llenar con likes? La búsqueda del deseo sigue siendo el gran enigma porteño.
El Legado: Del diván a la calle
Celebrar a Freud en CABA no es solo recordar a un médico austríaco; es reconocer nuestra propia identidad como ciudadanos que valoran la palabra. Buenos Aires es una ciudad que habla, que se cuestiona y que, a pesar del caos cotidiano, sigue buscando en el lenguaje una forma de sanar.
Hoy, las teorías de Freud nos sirven como un lente para entender que, aunque cambien las épocas y la tecnología, el inconsciente sigue ahí, recordándonos que lo que no decimos, tarde o temprano, se convierte en síntoma.

