Libros prohibidos y enterrados: la impactante muestra sobre la censura de la dictadura

Durante la última dictadura militar argentina hubo cuerpos desaparecidos, torturados, sometidos, impugnados. Y lo mismo sucedió con los libros, esos otros cuerpos que sufrieron prohibiciones, quemas, encierros.

La muestra Censura planificada reconstruye la persecución a libros, autores y editoriales durante la última dictadura militar argentina. Foto: gentileza.

En ese tiempo se estima, de acuerdo con diversas fuentes, que se prohibieron unos 1500 títulos, 1300 autores y 300 editoriales, aproximadamente. Así lo consigna en diálogo con Clarín la investigadora Judith Gociol, quien comenta la dificultad de poder cuantificarlos con exactitud “por la diversidad y complejidad de los mecanismos (a veces explícitos, a veces implícitos) de represión a la cultura”.

De esto da cuenta la exposición Censura planificada. Los libros en la mira de la dictadura militar (Argentina 1976-1983) presente en el novedoso Pabellón 8 de la Feria Internacional del Libro con la curaduría de Gociol, autora del libro Un golpe a los libros junto con Hernán Invernizzi (Eudeba, 2002).

Las imágenes y los relatos que se suceden son impactantes. Quema pública de libros como la acontecida en el patio de un colegio, libros enterrados por investigadores y familias amenazadas.

Dejanira Álvarez, directora de la Libro Nueva York, frente al pabellón 9. Foto: Martín Bonetto.

Bajo la tierra, detrás de un muro. Familias que no pudieron volver a rescatarlos, otras que sí. Y todos, en un estado diverso. De algunos sólo queda cierta forma y materialidad de lo que fueron. El Equipo Argentino de Antropología Forense al rescate también, en alguno de los casos, de los restos de una cultura maniatada.

Ninguno reapareció

“Vueltos a la superficie décadas después, ninguno reapareció como fue dejado. A medio camino entre la destrucción y la salvación. ¿Qué son ahora? El tiempo los venció. Las palas y los picos remueven el pasto y vuelven inevitable la asociación entre esas exhumaciones y la de los cuerpos de los desaparecidos. Los fragmentos de libros dan testimonio de la cultura a la que pertenecieron y de la violencia a la que los represores sometieron, justamente, a esa cultura. Y de lo que sobrevivió”, sostiene Gociol.

La muestra Censura planificada reconstruye la persecución a libros, autores y editoriales durante la última dictadura militar argentina. Foto: gentileza.

El fin de semana último era difícil caminar por la feria por la gran cantidad de público. En el nuevo pabellón, personas de todas las edades se encontraban de manera constante imbuidas de la historia de pérdidas y rescates de esas bibliotecas. Juan, de 14 años, comentó: “Es interesante poder recuperar algo que se creía extinguido”.

Una gran pizarra permite al público interactuar con la muestra. La idea es escribir en ella el libro que se cree indispensable para estar en una biblioteca. A esta altura de la feria, la superficie blanca de la pizarra está colmada de palabras a manera de extenso grafiti colectivo. Un niño de 10 años escribía el sábado la palabra “muerte” y “desaparecidos”.

Este año, la Feria del Libro cumple medio siglo, al igual que el inicio de la última dictadura.

“Se cumplen 50 años del golpe cívico-militar que ensombreció a nuestro país, un aniversario que coincide con los primeros pasos que daba la Feria del Libro de Buenos Aires; en aquellos años había títulos que no se podían exhibir y listas con nombres que no estaba permitido convocar. Por eso nos propusimos reivindicar a esos libros y a esos autores con varias propuestas. Porque hacer memoria es también una manera de celebrar al libro como vehículo privilegiado de la palabra”, destacó Ezequiel Martínez, director de la feria.

Darle voz

La tradicional Maratón de Lectura se pensó como un acto de memoria al darle voz a los textos censurados durante aquellos años. Y el Diálogo 50 años de lecturas y escrituras se inició con la mesa “Cómo se leía lo que no se podía leer” y hubo otra con el título “Escribir en dictadura. Estrategias narrativas frente a la violencia, el silencio y el miedo”.

Varias son las historias de libros prohibidos que se consignan en la exposición. En 1966 se publicó La torre de cubos, de Laura Devetach, que incluye el cuento “La Planta de Bartolo”, cuya ilustración se exhibe. En la historia, Bartolo hizo crecer una planta de cuadernos para regalarles a los chicos y que sus padres no tuvieran que comprárselos a un inescrupuloso vendedor. El libro fue censurado en 1979 primero en la provincia de Santa Fe (lugar natal de la autora) y luego en todo el país por el decreto 480/79.

La muestra Censura planificada reconstruye la persecución a libros, autores y editoriales durante la última dictadura militar argentina. Foto: gentileza.

La tía Julia y el escribidor, del Premio Nobel peruano Mario Vargas Llosa, recrea el matrimonio del autor con su tía política, divorciada y catorce años mayor que él. Publicado en 1977 fue prohibido en la Argentina en octubre del año siguiente.

Sucedió lo mismo con varios de los títulos de editorial Granica, como La pasión según Trelew, de Tomás Eloy Martínez, incluido en la quema organizada en Córdoba por el general Luciano Benjamín Menéndez.

Con sólo leer unos pocos títulos de los tantos que fueron prohibidos es posible observar la diversidad de temáticas consideradas entonces peligrosas: Alteraciones del lenguaje en el niño, Atlas Marín de Historia y Geografía, Autoterapia sexual, Ayuda de los padres en el aprendizaje de la lectura y la escritura, Crítica del socialismo de Estado, Crónica de Brecht. Datos sobre su vida y obra, Bachelard o El día y la noche: un ensayo a la luz del materialismo dialéctico, Cuentos para mis hijos. El perro salvador y otros cuentos, Enciclopedia Salvat- Diccionario, Habla Fidel Castro sobre los cristianos revolucionarios, Enseñanza moderna de matemáticas, Guerra y revolución en España 1936-1939, Guía sexual para jóvenes y del control de la natalidad, Historia de la Antigüedad: Roma.

Ezequiel, de 49 años, destacó a Clarín, luego de ver la exposición, el hecho de “ver lo que se pudo recuperar”. Y agregó: “Me dan ganas de leer todos estos libros e historietas”. La vida que frente a los libros sigue pulsando.

Redacción

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