La historia no siempre fácil, no siempre clara y no siempre unánime en Barcelona de las obras de la Sagrada Família vive, tras 144 años, un momento álgido. La finalización de las torres centrales, la visita del Papa, el Año Gaudí y la Capitalidad Mundial de la Arquitectura han puesto el foco mundial en la basílica y en Barcelona. Una historia compartida que se ha distribuido en un paseo con diez paradas en el jardín del Palau Robert. Un recorrido entre el descampado en el que en 1882 se puso la primera piedra de la Sagrada Família y hasta la basílica convertida en icono universal.
“Han sido 144 años de historia de amor y perseverancia y hemos aceptado el reto de continuar para hacer realidad el sueño de Gaudí… La Sagrada Família es un proyecto vivo, de identidad y orgullo en la que han trabajado generaciones”, ha afirmado Salvador Illa en la inauguración de la muestra, que podrá visitarse hasta el 26 de julio. No concretó más compromiso que este sobre la finalización total del templo, que supone la construcción de la plaza encima de la calle Mallorca y la escalinata que proyectó Gaudí y que supone la demolición de varios edificios.

Tampoco concretó sobre ello el presidente delegado de la Junta Constructora de la Sagrada Família, Esteve Camps, que sin embargo sí insistió en el “camino compartido, con sus momentos de incertidumbre, dificultades y debates superados por la capacidad de mirar hacia adelante”. Y destacó que “encaramos el futuro con voluntad, ambición y confianza para seguir el camino a favor de la ciudad y de los ciudadanos”.
La muestra pone en valor la continuidad del legado de Antoni Gaudí a lo largo del tiempo y destaca la contribución de quienes a lo largo de los años han participado en su construcción. Desde el descampado de una Eixample en construcción, a la piedra fundacional, el inicio de las obras, su evolución, la muerte de Gaudí y su multitudinario funeral. La finalización de la fachada del Naixement y los años de la guerra –los tiempos de incertidumbre en los que el taller de Gaudí sus planos y maquetas se quemaron y las obras se paralizaron–, los años de reactivación (entre 1941 y 1976), la recuperación del impulso entre la Barcelona Olímpica y el cambio de milenio y la etapa final de obras, marcadas por la construcción de las naves centrales y la visita de Benedicto XVI y luego, las obras de las torres centrales. “La arquitectura mundial no puede entenderse sin Gaudí”, concluyó Elisabet Valls, directora general de Difusió, en su papel de anfitriona del Palau Robert.




