El Ballet del Colón, que dirige Julio Bocca, acaba de levar a escena un programa de tres obras con el título general de, justamente, Programa mixto.
Desde hace muchos años esta modalidad está incluida en cada temporada del Ballet del Colón y en general combina obras neoclásicas con creaciones contemporáneas. El Programa mixto 2026, en cambio, es definidamente contemporáneo. Las obras son Aftermath, del argentino radicado en Europa Demis Volpi y estrenada originalmente en 2014; Come In, de la canadiense Aszure Barton, creada para un proyecto de Mijail Barishnikov; y La consagración de la primavera, del también argentino Oscar Araiz, que fue estrenada hace sesenta años en el Teatro San Martín de la ciudad de Buenos Aires.
Como vemos, la idea de una obra de danza contemporánea no es aquí estrictamente temporal -es decir, que fue concebida en esta mismísima época- sino en qué medida su forma, su estructura, su vocabulario de movimientos y el tema que trata pertenecen a un mundo totalmente diferente al del ballet académico o incluso del ballet neoclásico.
Aftermath
Aftermath, que significa secuela o resultado, abrió la noche. Demis Volpi dijo recientemente que esta obra, creada para el Ballet de Stuttgart en 2014, había nacido a partir de dos inquietudes: por un lado el ruido de las zapatillas de punta, que en el ballet clásico se intenta no producir pero que se vuelve aquí intencionalmente muy sonoro; y por otro lado, el lugar del artista en una sociedad que lo ahoga.

No es preciso comprender los motivos que impulsaron al coreógrafo para crear Aftermath sino dejarse llevar por la intensidad de la relación entre el personaje solista -estupendamente interpretada por Ayelén Sánchez- y la masa, cuyo derrotero es geométricamente perfecto.
Aftermath, cuya música fue creada por Michael Gordon, es una pieza desafiante para el espectador, lo que le agrega un componente adicional y muy interesante.
Come In
Aszure Barton creó esta obra sobre música de Vladimir Martynov, gracias a un encargo del grandísimo Mijail Barishnikov. Come In, después de ser inicialmente concebida para un único intérprete, terminó siendo pensada para un elenco numeroso y exclusivamente masculino.

En su manera de “construir” el espacio de la danza -es decir, los diseños que se van sucediendo a medida que la coreografía se desenvuelve-, el modo en que la forma coral se disuelve en solos o dúos que a su vez se disuelven en el conjunto, Aszure Barton revela no sólo su maestría en el oficio de la composición sino también un gran vuelo poético.
Fue extraordinaria la actuación de todo el elenco y hermosa y sutil la interpretación del solista Facundo Luqui.
¿De qué trata Come In? Así decía la coreógrafa: “De la capacidad de estar plenamente presente; de ofrecerle al público veinticuatro minutos de presencia y belleza, cuando el ruido de la mente se apaga y hay espacio simplemente para escuchar y estar. Si la gente se va sintiendo algo en un nivel de humano a humano, con eso basta y sobra”.
La consagración de la primavera

Se ha dicho y escrito infinidad de veces cómo el primer estreno de La consagración de la primavera -París, mayo de 1913- terminó por ser el escándalo teatral más estruendoso de todos los tiempos. Gran parte del público, indignado por la extraña sonoridad de la música de Igor Stravinsky y por la no menos extrañísima coreografía de Vaslav Nijinsky, se enfrentó violentamente con los que aplaudían entusiasmados.
La partitura, como pieza de concierto, es hoy uno de los grandes clásicos del siglo XX; pero además muchos coreógrafos, en todo el mundo, se interesaron por crear sus propias obras a partir de esta música tan poderosa y tan bella.
Oscar Araiz fue uno de ellos y desde 1966 su Consagración se ha presentado innumerables veces en diversas compañías internacionales. En el Teatro Colón pudo verse por última vez en la temporada 2002.
Araiz ha seguido con cierta fidelidad las líneas del libreto escrito por el propio Stravinsky en una colaboración con Nikolai Roerich: los ritos sacrificiales de tribus agrícolas y paganas en la Rusia pre cristiana. Pero la fidelidad a esa línea argumental toma, en manos de Araiz, una dimensión diferente o más amplia: no hay un lugar ni un tiempo en que su Consagración transcurra; son las pulsiones más primarias del sexo, la muerte y el ciclo siempre renovado de la vida las que dan su color y su fuerza a esta versión interpretada por el cuerpo de baile y solistas -Natalia Pelayo, Stephanie Kessel, Juan Pablo Ledo y Jiva Velázquez- del Teatro Colón.
Un lenguaje quizá nuevo para ellos, para sus cuerpos y sus emociones pero que enfrentaron con la máxima decisión.
Ballet del Teatro Colón
Excelente
Programa mixto: Aftermath, de Demis Volpi; Come In, de Aszure Barton; La consagración de la primavera, de Oscar Araiz. Por el Ballet del Colón. Director: Julio Bocca. Lugar: Teatro Colón, Libertad 621. Funciones: Hasta el 17 de mayo.

