
Cuando John Mearsheimer entra a una sala, ocurre algo inusual en los ámbitos académicos: estudiantes y profesores se abalanzan a pedirle fotos, lo rodean, compiten por intercambiar, aunque sea, dos palabras con él. No es una estrella de rock ni un influencer. Es un politólogo de 77 años que da clases en la Universidad de Chicago, pero que se sabe dueño de un aura de “chico malo” en el ámbito de las Relaciones Internacionales.
No es para menos. Mearsheimer lleva décadas diciendo lo que el establishment prefiere no escuchar: que los Estados no actúan por valores, sino por poder, que la expansión de la OTAN hacia el Este era una provocación con fecha de vencimiento, que el sistema internacional premia a quienes acumulan capacidades y castiga a quienes confían en las buenas intenciones ajenas. Durante años, esas ideas le valieron la incomodidad de los círculos liberales y la etiqueta de provocador. Pero el devenir de los acontecimientos mundiales no hizo otra cosa que darle la razón.
Padre del realismo ofensivo –la teoría según la cual las grandes potencias nunca tienen suficiente poder y siempre buscan más–, Mearsheimer construyó su reputación intelectual sobre una premisa sencilla: en un sistema internacional sin árbitro, la anarquía no es una anomalía, es la condición permanente. Su obra central, The Tragedy of Great Power Politics (2001), es hoy lectura obligatoria en academias militares y cancillerías de todo el mundo.
En la XI Conferencia de Seguridad Hemisférica, organizada por Fundación TAEDA y la Universidad Internacional de Florida (FIU), Mearsheimer fue, sin discusión, la figura más convocante. Su tesis central: la competencia entre Estados Unidos y China moldeará el siglo XXI, y América Latina no es un actor marginal en ese tablero sino, estratégicamente, el área más importante del mundo para Washington.
En diálogo con DEF desde Miami, el politólogo analiza el tránsito de la unipolaridad a la multipolaridad, descarta que Rusia represente una amenaza real para Europa occidental y advierte sobre los límites que Estados Unidos no está dispuesto a tolerar respecto de la influencia china en la región. Como siempre, sin eufemismos y sin diplomacia innecesaria. Al estilo Mearsheimer.
-¿Estamos por fin presenciando el nacimiento de un nuevo orden global o es simplemente otro período de tensiones?
-Mi visión es que, desde 2017, Estados Unidos, China y Rusia se configuraron como las grandes potencias. Esto significa que, desde entonces, venimos operando en un mundo multipolar.
Es muy importante entender que, después del colapso de la Unión Soviética, en diciembre de 1991, Estados Unidos entró en un momento unipolar, o sea, era la única gran potencia del planeta. Esto duró desde 1991 hasta 2017, aproximadamente.
Pasamos de la unipolaridad a la multipolaridad, y eso tiene un efecto profundo sobre la política internacional.
-¿Por qué ubica el punto de inflexión en 2017?
-Porque, en 2017, la economía china había crecido tanto que el país adquirió la capacidad de construir suficientes fuerzas militares como para calificar como una gran potencia. Fue el ascenso de China, tanto económica como militarmente, lo que llevó a que se convirtiera en una gran potencia alrededor de 2017.
-¿Y Rusia?
-La Unión Soviética había sido una gran potencia. Luego colapsó y Rusia fue un desastre económico en los años noventa. Finalmente, en 1999, Putin se convierte en el líder de Rusia y, a lo largo de los años, desde 2000 hasta 2017, reconstruye el poder ruso.
Entonces, Rusia reaparece como gran potencia en 2017. Al mismo tiempo, China llega a escena como gran potencia. Y Estados Unidos, que, por supuesto, era la única gran potencia del sistema, pasa a ser una de tres.
-¿Ubica a Rusia al mismo nivel que los otros dos?
-No. Rusia es claramente más débil que China y Estados Unidos. Creo que Estados Unidos es hoy el Estado más poderoso del mundo, y China está muy cerca en segundo lugar.
-¿Cuál es el rol de América Latina en este contexto?
-Es muy importante entender que América Latina, que forma parte del hemisferio occidental, es el área más importante del mundo desde un punto de vista estratégico para Estados Unidos.
Estados Unidos presta muchísima atención a Europa y al este asiático, porque, veamos, las grandes potencias están ubicadas en Europa y en Asia oriental. Y también presta mucha atención al golfo Pérsico, porque allí está el petróleo.
Sin embargo, el área más importante del mundo, incluso más importante que esas tres regiones, es el hemisferio occidental. Eso significa que América Latina tiene una enorme importancia para Estados Unidos.
-¿En qué radica esa importancia?
-La clave es que Estados Unidos es un hegemón en el hemisferio occidental. Es, por lejos, el Estado más poderoso del hemisferio: domina militar y económicamente a todos los países de América Latina. Por lo tanto, no enfrenta amenazas de seguridad provenientes de sus vecinos latinoamericanos y se encuentra notablemente seguro dentro del hemisferio occidental. Eso le permite concentrarse en Asia oriental, Europa y el golfo Pérsico.
-Sí, pero China entró en América Latina con grandes inversiones y algunas instalaciones estratégicas. ¿La región había sido olvidada por Estados Unidos?
-En primer lugar, no fue olvidada. Estados Unidos nunca olvida que América Latina tiene una enorme importancia estratégica. Los estadounidenses no prestaban demasiada atención a América Latina porque no existían amenazas. Los países latinoamericanos deberían estar felices de que Estados Unidos no esté prestando demasiada atención, porque, cuando presta atención a países de la región, generalmente termina causando problemas.
Pero usted plantea una cuestión interesante sobre la influencia china en América Latina, y la pregunta es qué significa eso para las relaciones entre Estados Unidos y América Latina. Creo que no hay dudas de que China ya está profundamente involucrada económicamente en la región, y esa participación no va a hacer más que aumentar con el paso del tiempo. Pero eso es diferente de que China esté involucrada militarmente.
-¿Eso cambiaría la situación?
-Estados Unidos puede tolerar que China tenga participación económica en América Latina. Lo que no puede tolerar es que América Latina y China formen relaciones militares. Eso sería una violación de la Doctrina Monroe.
Entonces, creo que, mientras los países latinoamericanos no avancen hacia una alianza militar con China, la competencia entre las dos potencias no debería trasladarse a América Latina de una manera significativa.
-Lo llevo al teatro europeo. ¿Qué lecciones ofrece la guerra en Ucrania para las naciones europeas y para la OTAN?
-Durante los años de Biden, tanto Estados Unidos como Europa apoyaron a Ucrania al máximo. Pero lo que ha sucedido desde que el presidente Trump asumió el cargo por segunda vez, en enero de 2025, es que ha intentado poner la carga de apoyar a Ucrania directamente sobre los hombros europeos, y ha tratado de sacar a Estados Unidos del negocio de apoyar a Ucrania e incluso del negocio de proporcionar seguridad para Europa.
Al presidente Trump le gustaría concentrarse en contener a China, le gustaría concentrarse en el hemisferio occidental y, en menor medida, en el golfo Pérsico. Pero no está interesado en mantener una gran presencia militar estadounidense en Europa ni en ver a Estados Unidos apoyando a los ucranianos contra los rusos en un futuro previsible. Quiere trasladar la carga a los europeos.
-Entonces, ¿qué implicancias tiene esto que describe para la OTAN?
-Si Trump tiene éxito, su postura causará un gran daño a la OTAN, porque la Alianza depende de una presencia estadounidense significativa en Europa. Se necesita una huella militar estadounidense robusta en Europa si la OTAN va a sobrevivir. Y el presidente Trump, al menos por ahora, se está moviendo en la dirección opuesta. Está tratando de reducir la presencia militar estadounidense y de que los europeos se provean su propia seguridad, de que no dependan de la OTAN.
-¿Existe una amenaza real de que Rusia vaya más allá de Ucrania?
-No hay una amenaza seria. De hecho, no hay una amenaza seria de que Rusia conquiste toda Ucrania: los rusos entienden que, si intentaran conquistar toda Ucrania, la mitad occidental del país está llena de ucranianos étnicos que odian a los rusos. Sería una ocupación sangrienta.
Además, los rusos han tenido grandes dificultades en más de cuatro años de guerra para conquistar solo la quinta parte oriental de Ucrania. ¿Esto parece un ejército capaz de conquistar toda Ucrania y luego conquistar territorio en Europa del Este y amenazar a Europa occidental? Rusia no es la Unión Soviética. Como dije antes, es la más débil de las tres grandes potencias.
El otro punto que quiero señalar es que, cuando se observa la efectividad de los drones en el campo de batalla, es difícil imaginar cómo el ejército ruso puede conquistar toda Ucrania, y mucho menos territorio en Europa del Este. Es muy difícil para los ejércitos terrestres en esta época conquistar territorio rápidamente.
-Pero los europeos lo mantienen como el “gran monstruo”.
-Se han convencido a sí mismos de eso. Es una tontería.
-En su presentación durante la XI Conferencia de Seguridad Hemisférica, usted dijo que la competencia entre Estados Unidos y China moldeará este siglo XXI. ¿De qué maneras podemos verlo de forma más concreta?
-Se puede ver con la iniciativa de la Franja y la Ruta, donde la influencia económica china se está extendiendo por todo el mundo, incluida América Latina. Además, se puede ver que los chinos están construyendo fuerzas militares formidables, y han dicho que están interesados en retomar Taiwán usando la fuerza militar si es necesario. Les interesa convertir el mar de la China Meridional en un gran lago chino y hacer lo mismo con el mar de la China Oriental.
Y, encima de todo eso, están construyendo una armada de aguas azules [N. del R.: una armada con capacidad de operar en todos los océanos] para poder proyectar poder por todo el mundo, incluido el golfo Pérsico. Mi retórica sobre esto, por cierto, es que lo que China está haciendo es básicamente imitar a Estados Unidos. China está tratando de dominar Asia oriental de la misma manera que Estados Unidos domina el hemisferio occidental. Estados Unidos es un hegemón regional en el hemisferio occidental, y China quiere ser un hegemón regional en Asia oriental. Tiene perfecto sentido desde su punto de vista.
-¿Lo mismo hizo Estados Unidos?
-Hablamos de la iniciativa de la Franja y la Ruta como si Estados Unidos no tuviera un equivalente en sus intereses económicos y políticos en todo el planeta. Y ha construido una armada y un entramado militar enormes para proteger esos intereses. Debemos esperar que los chinos hagan lo mismo a medida que se vuelven cada vez más poderosos.

