Hace nueve días, Manuel Adorni le escribió por chat y le mandó audios por WhatsApp a Matías Tabar, el contratista que reformó su casa del country Indio Cua, para ofrecerle ayuda de abogados y tratar de consensuar su declaración testimonial. Lo quiso embaucar, pero no pudo. El jefe de Gabinete lo intentó, para espanto de sus asesores -que no podían creerlo cuando se enteraron-, desde su propio celular. En esos días, también desde su teléfono, Adorni se contactó con Eduardo Elsztain, uno de los empresarios más influyentes del país, para contarle que había trascendido su viaje a Bariloche de junio de 2024, cuando se alojó en el Lla Llao -Elsztain es accionista del hotel- y del que se fue sin pagar el alojamiento tras una lujosa estadía de cinco noches junto a su esposa, Bettina Angelletti, y sus dos hijos. El pago recién se terminó de cancelar cinco meses después, tras dos depósitos bancarios en el HSBC que, por ahora, la Justicia no sabe quién efectuó.
Desde hace dos meses, cuando Adorni ocultó a su pareja en el Tango 01 para que pudiera disfrutar de un descanso en Manhattan, sus días transcurren de este modo: ocupado en sus propios problemas, que se acrecientan semana a semana, y con conductas siempre al filo de la ley. No hay forma de que pueda escapar del fuego. Si no son los viajes, son las compras de sus casas y las hipotecas; si no son sus declaraciones son las refacciones en sus propiedades o la declaración inesperada de un testigo.
Lo que tampoco cambia es la férrea defensa de Javier Milei y de su hermana, Karina. Ambos están al frente del operativo para que el mandamás de los ministros no se vaya. Los hermanos amenazan, incluso, con desprenderse de quienes se interpongan frente a esa decisión. Se trata de una maniobra audaz. Adorni podrá permanecer hasta el último día de mandato en su sillón, pero sus jefes no podrán cambiar la sentencia inapelable que los funcionarios ya han hecho sobre Adorni. Después de la declaración de Tabar sobre gastos en negro por 245 mil dólares solo los más amigos dicen creer en él.
Milei luce más irascible que de costumbre. Se ha expandido cierto temor entre funcionarios que antes hablaban a menudo con él. “Cualquier cosa que le decís se enerva”, afirman. En la intimidad del poder cuentan que más de uno, cuando le tiene que comunicar una mala noticia o preguntar algo de un tema sensible, prefiere hacerlo por mensaje y no cara a cara para evitar un disgusto.

El viernes Milei se presentó ante sus funcionarios en la reunión de Gabinete en un estado de alteración emocional que forzó a todos, salvo a Patricia Bullrich, a guardar silencio. Alguien lamentó lo lejos que quedaron los saltitos y abrazos entre los ministros y el primer mandatario que se grababan para subir a las redes. Ahora no hubo ni una foto.
—Acá el que manda soy yo y al que no le gusta… -dijo Milei frente a su staff-. No vamos a echar a Manuel, es una persona honesta y lo están atacando injustamente. No lo vamos a tirar por la ventana por los periodistas de mierda que tiene este país.
—Perdón, Presidente -quiso interceder Bullrich.
—No me interrumpas -se enojó el líder libertario-. Estoy hablando y dando instrucciones. Cuando termine de hablar los voy a dejar solos para que hablen lo que quieran. Vamos a sostener a Manuel. Prefiero perder una elección antes que echar a un inocente.

Más de uno pensó enseguida en Luis Caputo, que estaba sentado entre ellos. El ministro de Economía sufre frente a este tipo de frases. Desde el resonante triunfo electoral de La Libertad Avanza en 2025, el ministro asegura ante empresarios y posibles inversiones que “no hay ninguna chance” de una vuelta al poder del kirchnerismo. Busca disuadir lo que él mismo bautizó como “riego kuka”.
Caputo es el más interesado en que se ordene la política. Lo ha charlado en más de una ocasión, pero choca contra la pared. El establishment pide a gritos una solución. Pero las internas afloran. Ya no se limitan a la pelea entre Karina y Santiago Caputo, que es, por momentos, salvaje. Brotan en otros sectores. Adorni ya expresó sus primeras quejas contra Juan Bautista Mahiques, el ministro de Justicia, que asumió hace apenas dos meses. El jefe de Gabinete creyó, acaso, que la amistad de Mahiques con el fiscal Gerardo Pollicita le depararía otro tránsito por Comodoro Py.
Lo peor es que no se la puede agarrar con nadie. A Mahiques lo eligió Karina. La hermanísima sufre un subterráneo embate interno. No solo del caputismo. Es ella quien eligió a Adorni como jefe de Gabinete. Ahora está furiosa con Bullrich porque declaró que Adorni tenía que presentar la declaración jurada cuanto antes. Se contiene porque no come vidrio: sabe que la mayoría piensa como Bullrich.

Calificados contadores que han pasado por la función pública sostienen que si Adorni tuviera los papeles más o menos en orden le bastaría una semana para presentar su declaración. Lleva dos meses. “Manuel ya tiene todas las cosas listas”, declaró Milei en LN+. ¿Sí? ¿Qué espera, entonces?
El Gobierno presenta demasiados frentes abiertos. Milei odia las internas, aunque no puede frenarlas. Sus gritos parecen no bastar. Hace días le pidió por favor a Demián Reidel que no diera entrevistas para no agitar más el clima. Reidel, que tiene un enfrentamiento abierto con Santiago Caputo, quedó envuelto en el escándalo por los gastos suntuarios realizados con las tarjetas de crédito de Nucleoeléctrica Argentina S.A. “Me operaron -les dijo a sus amigos- Yo no gasté un peso con esas tarjetas. Ustedes saben que yo me voy a Nueva York y me la gasto toda. Pero la pongo de mi bolsillo, es toda mía”.
Se la hacen difícil a Luis Caputo, aun cuando, muy lentamente, asoman algunas luces verdes en la economía. Luego de haber caído en febrero 4% y 1,3%, respectivamente, la industria y la construcción registraron en marzo crecimientos de 3,2% y 4,7% en comparación con el mes previo. En la medición interanual, el Indec informó que la industria avanzó 5% y la construcción 12,7%.
El dólar sigue planchado, el Banco Central acumula reservas (compró US$ 7.300 millones en lo que va del año) y la inflación de abril frenará un ciclo de subas de diez meses consecutivos. Esta semana hubo otros dos datos positivos. La agencia de calificación financiera Fitch anunció el martes que subió un escalón la nota de la deuda soberana argentina, que pasa de CCC+ a B-. La agencia acompañó su decisión con una perspectiva «estable», lo que significa que no prevé modificar la calificación en los próximos seis meses. Mientras, el riesgo país volvió a caer y cerró el viernes en 510 puntos básicos, el nivel más bajo en casi tres meses.

“Tenemos cosas para celebrar, pero estamos atrapados en el laberinto de las internas y en la causa Adorni”, sostienen en el Ministerio de Economía. No solo es una visión de esos despachos. Son cada vez más las voces oficialistas en el Congreso que advierten que a la agenda se la devoran los escándalos, que repercuten en la imagen presidencial.
Hay quienes sostienen que Adorni debería presentar la renuncia como una ofrenda hacia los Milei. No pasará por una sencilla razón: Adorni ha expresado sus miedos más profundos de que su situación judicial empeore si abandona el poder. Por eso intentó persuadir a uno de los testigos. Tabar no se dejó tentar y reveló la suma de dinero que Adorni se gastó, en negro, en refaccionar la casa de Indio Cua. El jefe de Gabinete dijo que los números fueron inflados y aseguró que no hay forma de gastarse 245 mil dólares en reformar una casa. Una vez más, no dijo toda la verdad. Un dato: el 20 % de esa suma, por ejemplo, se destinó a honorarios porque él les dijo a los constructores que no se quería encargar de nada.
La edificación se levantó en el lote 308 del barrio de Exaltación de la Cruz, que cuenta con vigilancia privada, canchas de polo, tenis y una de golf de 18 hoyos. La casa terminó siendo la de los sueños de Manuel y Bettina recién doce meses después de comprarla y mientras alquilaban otra en el mismo barrio. Adorni ganaba en ese momento menos de tres millones de pesos en mano y su pareja era monotributista de la categoría más baja.
Un año fue el tiempo que llevó demoler la casa original y construir la nueva, decorarla y, por último, contratar a un paisajista para levantar el jardín y la pileta. Lo que era una vieja casona de cuatro paredes y garage con techo de paja pasó a ser una vivienda a tono con el nuevo estilo de vida del funcionario.
La parrilla, antes simple, se rehizo con las últimas novedades tecnológicas y de materiales para asar carnes junto a una isla donde se puede agasajar a los invitados en un ambiente apacible en el que destacan el celeste y las luces. La parrilla, con un horno que acompaña, se agrandó con terminaciones de aluminio, que se cierran con un mecanismo pensado para contener el calor justo de las brasas.

La casa se levanta ahora sobre tres pisos. Cuenta con un living con sillones construidos por un carpintero que también creó con sus manos otros treinta y cinco muebles con medidas exactas que encastraron como piezas de lego. En el último piso, Adorni planeó en detalle lo que sería su oficina. Angeletti soñaba con tener una terraza nueva con vista al jardín. Pagó y la tuvo. Se destacan sus paredes de blindex de alta calidad que permiten una mirada hacia el paisaje verde, la pileta y, cómo no, hacia la cascada de agua que cae sobre el agua. Sobre gustos no hay nada escrito.
Durante mucho tiempo, Adorni intentó que no trascendiera que se estaba construyendo una propiedad. Tomó recaudos, ocultó información y le pidió al constructor que se hiciera responsable hasta del más mínimo detalle. Cuando trascendió la compra, el jefe de Gabinete entró en cólera. Apuntó a la interna libertaria y hasta pensó en los servicios de inteligencia.
Pero, a veces, las cosas son menos sombrías. La compra y su remodelación fue delatada por una persona que era de su agrado, aunque Adorni quizá todavía no sepa exactamente de quién se trata. Es un viejo conocido, que primero lo asesoró y ayudó y que, tiempo después, vaya a saberse por qué, le tomó bronca.
El hombre dejó que la construcción avanzara lenta, armoniosamente y, una vez que la vio terminada, apeló a la frialdad anestésica de un cirujano y le clavó el puñal.

