Por Redacción de Vive CABA
Hoy, 11 de mayo, las calles de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y de todo el país se visten de gala para celebrar uno de nuestros símbolos más profundos: el Himno Nacional Argentino. Fue en esta misma fecha, pero de 1813, cuando la histórica Asamblea del Año XIII sancionó como «Marcha Patriótica» la obra que hoy conocemos, escrita por Alejandro Vicente López y Planes y musicalizada por Blas Parera.

De salón porteño a grito sagrado
Aunque hoy lo asociamos a estadios de fútbol, actos escolares y ceremonias oficiales, el Himno tuvo su bautismo en la intimidad de los salones porteños. La tradición señala que fue en la casa de Mariquita Sánchez de Thompson donde se entonaron por primera vez sus estrofas, marcando el inicio de una identidad musical que sobreviviría a guerras, crisis y transformaciones sociales.
Originalmente, la obra era mucho más extensa y contenía una fuerte carga política contra la corona española, propia del fervor revolucionario de la época. Sin embargo, con el paso de las décadas y mediante distintos decretos, la letra se fue condensando hasta llegar a la versión actual: un mensaje de libertad, igualdad y unión que representa a los millones de argentinos.
Mucho más que una canción
La importancia de esta fecha no es solo histórica; es cultural. Gracias a la sanción de esta marcha, hoy también celebramos en Argentina el Día del Autor y Compositor Musical, reconociendo a quienes, como López y Planes y Parera, tienen la capacidad de ponerle palabras y sonidos al sentimiento de un pueblo.
En un contexto donde la cultura nacional busca constantemente nuevas formas de expresión, el Himno permanece como el ancla que nos recuerda de dónde venimos. Ya sea en una versión clásica orquestada, o en las interpretaciones de grandes iconos como Charly García o Mercedes Sosa, el «¡Oíd mortales!» sigue siendo el llamado a la libertad que nos define ante el mundo.
El veredicto de «The Economist»
Hace unos años, el prestigioso diario británico The Economist realizó un ranking de los himnos más bellos del mundo. El Himno Nacional Argentino quedó en el puesto número 1. ¿Por qué? Según los especialistas, destaca por su estructura musical: no es solo una marcha militar lineal, sino que tiene una introducción épica, cambios de ritmo y una épica operística que lo hace sonar «grandioso».
La «competencia» con la Marsellesa
Popularmente, siempre se dice que el himno más lindo es La Marsellesa (Francia) y el segundo es el argentino. Esta es una especie de leyenda urbana que recorre varios países de Latinoamérica (en Uruguay, Colombia y Perú dicen lo mismo de sus propios himnos). La realidad es que no existe un «concurso oficial de la UNESCO» que determine esto, pero la Marsellesa suele ser el rival a vencer por su fuerza revolucionaria.
¿Qué lo hace especial musicalmente?
- La Introducción: Es casi una obertura de música clásica. Esos primeros acordes generan una tensión que pocos himnos logran.
- La Variedad: A diferencia del himno de EE. UU. (The Star-Spangled Banner), que es muy difícil de cantar por sus saltos de notas, o de otros que son muy monótonos, el nuestro tiene una melodía triunfal que invita a ser gritada (especialmente el «¡Oíd, mortales!»).
- La Versatilidad: Se banca versiones de todo tipo. Desde la potencia de la versión de Charly García hasta la dulzura de Mercedes Sosa, el tema no pierde su esencia.
El factor emocional
Para el resto del mundo, un himno es una canción patriótica. Para nosotros, es el preludio de algo importante. Escucharlo en un Mundial o en los Juegos Olímpicos tiene una carga emocional que, para el oído externo, se traduce en una épica cinematográfica.

