La nueva vida en España de Sofía Solá, la hija de Maru Botana: así reveló de qué trabaja

La hija de Maru Botana llegó a España hace pocas semanas con un sueño que ella misma describe sin grandilocuencia: vivir en otra ciudad. «Desde que conocí Barcelona por primera vez me enamoré», contó en sus historias de Instagram. Así intentó retratar a una ciudad que le cambió algo por dentro.

Pero la decisión de Sofía Solá no pasó desapercibida. En redes, un sector de usuarios empezó a cuestionar el relato: que si la agencia era un invento, que si el modelaje era un «chamuyo», que si todo era una excusa para vivir de la fama de su madre.

Fue en las últimas horas cuando la influencer eligió salir a aclarar ni más ni menos «de qué vive» y cuál es el verdadero motivo de su nueva residencia. Sin vueltas, la joven tomó las redes para explicar los rumores que ponían en duda su trabajo como modelo.

Sofía Sola, la hija de Maru Botana, protagonizó un descargo en las redes.

«No soy la reina del modelaje, y no lo voy a pretender»

La hija de la famosa chef se grabó en cara lavada y contó que si bien tiene vínculo con la agencia Two Management, no está trabajando full time bajo esa etiqueta. Y lo explicó así: se trata de un oficio incierto, sin horarios fijos y discontinuo. «Vos llegás y te suelen decir que podés trabajar o no trabajar. El modelaje es un trabajo que no tenés ciertos horarios fijos y más si sos nueva», dijo.

La hija de Maru Botana frenó a las haters que pusieron en duda cómo se ganaba la vida y si realmente trabajaba como modelo.

«No, chicos, no forma parte de mi día a día. Pero tampoco voy a llegar acá y voy a ser la supermodel», se vio en la necesidad de aclarar luego.

Luego llegó la respuesta que dio en la tecla de lo que tantos se preguntaban: ¿qué había ido a hacer concretamente? Para pagar el día a día, contó, trabaja en el local que Maru Botana tiene en Barcelona. Una solución pragmática que sus detractores también encontraron la manera de usar en su contra.

Aunque no todo salió según lo planeado desde que llegó a la Madre Patria, su llegada ha generado gran interés en los medios y en las redes sociales. En sus historias, finalmente develó que aunque trabaje part time como modelo, está colaborando en el local barcelonés de su madre.

El peso del apellido en tierra extranjera

Crecer siendo la hija de una figura pública tiene un costo que pocas veces se nombra: cada movimiento queda bajo sospecha. Si trabajás, es porque te lo dio el apellido. Si no trabajás, es porque vivís de él. Si te vas al exterior, es para escapar. Si te quedás, es porque no pudiste irte.

«Siempre quiero ser más una persona en sí, más que ser modelo de pasarela y revista», explicó Sofía. La frase suena a manifiesto generacional más que a declaración profesional. Es la voz de alguien que está aprendiendo, en tiempo real y frente a miles de personas, qué significa construir algo propio.

También se permitió reírse de sí misma –»No me digan nada por mi cara de huevo ni mis ojeras»– y al mismo tiempo trazar un límite: esas críticas sobre su cuerpo y su cara se las puede hacer ella, pero los demás, no.

Solá emprendiendo un nuevo camino en solitario en Barcelona.

En abril, recién llegada a Barcelona y fiel a su estilo de contar su minuto a minuto, había contado su calvario para llegar a la capital española. «No saben lo difícil que fue llegar a Barcelona. Para que se den una idea, fui tres veces a Ezeiza. Pero acá estoy, por fin. Mi cuerpo se encuentra en paz, y es lo que más valoro«, compartió.

También, señaló su incertidumbre en su nueva aventura como migrante: «A pesar de que somos jóvenes, y hay muchas voces en nuestra cabeza que nos frenan, si tenés la motivación vas a lograrlo. En este momento me toca hacer todo sola, y veremos dónde depara la vida de Sofía. Abierta a nuevas aventuras. Son re pocos meses, pero vamos«.

Quién es y cómo se hizo conocida Sofía Solá

El interés de Sofía por la cámara no es nuevo. En 2021, cuando tenía 16 años, debutó como modelo para Ricky Sarkany, amigo de la familia y, según ella misma contó, el primero al que Maru le dijo que llamara, «porque sabía que me compraba seguro». Las fotos de esa campaña circularon con fuerza en redes y la instalaron como figura por derecho propio, más allá del apellido materno.

Lo que arrancó como un juego entre amigas –las fotos típicas de adolescentes posando para sus redes– fue tomando forma hasta convertirse en algo que ella misma reconoció como vocación. «Me ponés una cámara y no soy yo: poso re seria. Parezco más grande. Después, cuando me veo, me tiento de risa«, decía entonces. Mide 1,70, tiene el físico de su madre a su misma edad –»somos iguales, solo que ella es más petisa y tiene más rulos»– y la misma energía expansiva: habla mucho, cae a un lugar y conecta rápido con cualquiera.

Redacción

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