El Tribunal Forense de Westminster lleva las riendas de la investigación de la trágica muerte de Josh Pack, un reconocido magnate norteamericano de 51 años que recientemente se había mudado a una lujosa propiedad del barrio St John’s Wood, en Londres, para expandir sus negocios en Europa.
Pack era socio gerente y codirector de Fortress Investment Group, una firma de inversión con activos de 53.000 millones de dólares, que incluyen carteras de crédito corporativo, financiación, inmuebles y capital riesgo.
Tenía 51 años y había pasado más de la mitad de su vida empleado en la compañía. «Estamos devastados por esta pérdida, Josh era un inversor talentoso, un estratega perspicaz, un líder compasivo y un amigo muy querido por muchos, además de miembro de la familia Fortress durante más de 23 años», declaró la empresa en un comunicado publicado en su sitio web.
Aunque el patrimonio neto personal de Pack no se hizo público, fue una figura fundamental para Fortress, que suele abonar a los altos ejecutivos decenas de millones de dólares en bonificaciones.

«Ante todo, Josh fue un esposo y padre ejemplar. Extendemos nuestras más sinceras condolencias a su familia y pedimos que se respete su privacidad durante este trágico momento. Estamos haciendo todo lo posible para apoyar a la familia Pack», indicaron las autoridades corporativas en el mismo escrito.
Las inquietantes circunstancias de la muerte de Josh Pack
Josh llevaba casado con Jacqueline Pack 28 años, su novia desde la secundaria, y juntos tuvieron cuatro hijos. En sus redes sociales solían mostrar sus viajes en familia, las temporadas de esquí en Aspen, sus escapadas a Italia, España y Francia.
La investigación judicial destapó el detrás de escena de aquellas postales felices, con una crisis matrimonial profunda y varios arrebatos emocionales previos.
El magnate fue hallado sin vida en su dormitorio el 29 de septiembre de 2025 en la mansión de Londres, pero en aquel momento reinó el hermetismo en torno al repentino fallecimiento.
Recién ahora, siete meses después, los medios británicos tuvieron acceso al expediente judicial. El Daily Mail y el tabloide The Sun revelaron que el señor Pack fue encontrado ya fallecido por el personal doméstico en un dormitorio cerrado con llave al que tuvieron que acceder tras forzar la entrada por un baño contiguo.
Jacqueline declaró ante el tribunal que su esposo estaba pasando un momento de mucho estrés por el trabajo y sufría de desfase horario en ese momento, ya que estaba gestionando la expansión del fondo estadounidense en Europa.
«En la casa nueva había muchos problemas, nada parecía funcionar. Él era mi mejor amigo, trabajaba muy duro para mantenerme a mí y a los niños, éramos lo más importante en su vida», aseguró Jacqueline ante los jueces.

«Había tensiones, como en cualquier matrimonio longevo», reconoció. Tenían previsto volar juntos a Dallas, pero surgieron problemas con la reserva del vuelo y este fue el puntapié de la discusión.
«El día anterior estuvimos bebiendo intermitentemente todo el día. Nos fuimos a casa, fui al baño, me quité el maquillaje, salí y vi a Josh acostado en la cama y no parecía él mismo», relató.
«Volvimos a discutir, empezamos a gritarnos por cosas que nos molestaban, Josh tiró mi celular al otro lado de la habitación y empezó a golpearse con él», continuó.
«Fue al armario, sacó un cuchillo y me dijo: ‘Clávamelo’. Ambos dijimos que nos quitaríamos la vida, ya lo habíamos dicho antes, pero yo nunca lo dije en serio, y desde luego nunca pensé que Josh lo dijera en serio», expresó.
También admitió que su esposo podía ser «impulsivo» y que anteriormente se había arrojado desde el balcón de un hotel suizo en medio de otra discusión.
En declaraciones recogidas por la policía, los empleados de limpieza afirmaron haber oído a la pareja «discutiendo toda la noche» y «gritándose e insultándose mutuamente».
La falta de evidencia forense de la muerte de Josh Pack
Jacqueline dijo que aquella madrugada se fue a dormir a otra habitación para intentar calmarse. Por la mañana fue a buscarlo, pero la habitación estaba llaveada. Le envío varios mensajes de texto para comprobar si se había ido de la propiedad.
Se preocupó cuando no recibió ninguna respuesta y llamó al asistente personal de su esposo, quien le confirmó que había confirmado la reserva para su vuelo a Dallas.
Asumió que se verían en el aeropuerto, pero luego descubrió que la aerolínea había facturado automáticamente los pasajes tras el error con la reserva. Decidió volver a la propiedad y tras irrumpir en la habitación hicieron el devastador hallazgo.

Josh fue hallado muerto en su dormitorio con una marca de ligadura en el cuello. Su esposa se desmayó en medio del shock. «Me derrumbé, sinceramente no creo que él hay querido quitarse la vida», declaró.
La forense principal, Fiona Wilcox, dictaminó que la muerte se debió a «un accidente». Wilcox reveló ante el tribunal que no encontró pruebas suficientes para determinar intencionalidad.
«Tuve en cuenta su historial de comportamiento impulsivo, que sufría de jetlag, que tuvo una discusión intensa con su esposa, bebió bastante durante el día y que estaba muy estresado, pero ante la falta de pruebas no puedo afirmar que se haya quitado la vida», indicó la profesional forense.
Los detectives del caso confirmaron que no hallaron pruebas de que el magnate hubiera estado planeando su propia muerte, ni ninguna evidencia de participación de terceros.

