Bajo el título “26 líneas presas en la K…pillar 24 05 1975”, el artista cordobés presenta un conjunto de esculturas e instalaciones en metal que profundizan una de las búsquedas más persistentes de su producción: la línea entendida como desplazamiento, materia y experiencia perceptiva.
Lejos de funcionar como objetos aislados, las piezas fueron concebidas específicamente para el espacio de la capilla y establecen una relación directa con su arquitectura. Las estructuras ascienden, se tensan, se expanden y atraviesan visualmente la sala generando recorridos que obligan al espectador a modificar continuamente el punto de vista.
La muestra propone un tránsito antes que una contemplación estática. Cada instalación parece prolongar a la siguiente a través de una lógica de repetición y variación donde las diferencias mínimas alteran la percepción general del conjunto. En ese movimiento aparece una de las claves conceptuales del proyecto: volver una y otra vez sobre un mismo trayecto hasta descubrir nuevas formas dentro de lo aparentemente reiterado.
“Pasar muchas veces por un mismo lugar y volver a pasar hasta agotar lo transitado”, escribe Bernardi en el texto que acompaña la exposición.
La línea convertida en cuerpo y recorrido
En “26 líneas presas en la K…pillar 24 05 1975”, Luis Bernardi traslada el gesto lineal al plano tridimensional. Las líneas dejan de funcionar como dibujo para adquirir volumen, peso y dirección dentro del espacio.
El metal se convierte en una extensión física del trazo. Las piezas generan ritmos visuales que avanzan sobre la arquitectura de la capilla y construyen tensiones entre vacío, estructura y color.
La repetición aparece como un procedimiento central dentro de la muestra. Sin embargo, no se trata de una reiteración exacta sino de una insistencia donde cada variación modifica el recorrido perceptivo del espectador. Las obras cambian según la distancia, el desplazamiento y el ángulo desde el cual se observan.
El color también ocupa un lugar decisivo en la propuesta. Tonos vibrantes atraviesan las estructuras y producen una relación de contraste con la materialidad industrial del metal y con la arquitectura histórica del edificio.
“Por donde transito hay color”, afirma el artista, sintetizando una idea que atraviesa toda la exposición.

El color aparece como experiencia cotidiana, como huella visual y como construcción identitaria dentro del espacio.
Piezas pensadas para intervenir la capilla
Uno de los aspectos más singulares de la exposición reside en la relación específica entre las obras y la Capilla del Paseo del Buen Pastor. Las instalaciones no fueron adaptadas posteriormente al lugar: nacen en diálogo con las dimensiones, alturas y recorridos de la sala.
Las líneas ocupan el espacio como si cartografiaran nuevas trayectorias dentro de la arquitectura. Algunas piezas se expanden verticalmente mientras otras avanzan de manera horizontal o parecen suspenderse en tensión.
La muestra trabaja también sobre la percepción temporal porque el recorrido obliga a detenerse, retroceder y volver a mirar. Es en cada repetición en donde aparecen alteraciones mínimas que transforman la experiencia inicial.
Esa relación entre insistencia y variación atraviesa buena parte de la producción de Bernardi y adquiere en esta exposición una dimensión inmersiva. Las obras no buscan representar una imagen determinada ni construir un relato cerrado; funcionan más bien como estructuras abiertas a la experiencia individual.
“Mi obra no dice nada ni tampoco significa nada, es ni más ni menos que una línea que no tiene intencionalidad, pero sí tiene recorrido”, sostiene el escultor.
A partir de esa premisa, la muestra desplaza la idea tradicional de escultura entendida como objeto autónomo y propone pensarla como una experiencia espacial atravesada por el cuerpo del espectador.
Sobre el artista
Nacido en Unquillo, Luis Bernardi desarrolla desde hace décadas una producción vinculada a la investigación escultórica contemporánea. Su trabajo se caracteriza por la exploración de materiales industriales, estructuras lineales y relaciones espaciales.
Además de su recorrido como artista, Bernardi tuvo una fuerte participación en la gestión cultural y la formación artística. Fue director de la Casa Museo Lino Enea Spilimbergo y organizador del Simposio Internacional de Escultura de Unquillo.
Su obra formó parte de exposiciones en instituciones como el Museo Provincial de Bellas Artes Emilio Caraffa, el Museo Evita Palacio Ferreyra, el Palais de Glace, el Museo MACU y el Museo de Esculturas Luis Perlotti, además de exhibiciones internacionales en Estados Unidos, España, Chile y Brasil.
Entre los reconocimientos obtenidos durante su carrera se destacan el Primer Premio del 65° Salón Nacional Manuel Belgrano y las distinciones recibidas en la Bienal Internacional del Chaco.
Con “26 líneas presas en la K…pillar 24 05 1975”, Bernardi vuelve a profundizar una investigación donde la línea deja de ser representación para transformarse en espacio, recorrido y experiencia física. La exposición podrá visitarse hasta noviembre en la Capilla del Paseo del Buen Pastor con entrada libre y gratuita.
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