Por Marco Bastos*
De cara al próximo 4 de octubre, Brasil está electoralmente dividido por la mitad. Va a ser una elección muy pareja y el escenario de que Flavio Bolsonaro, hijo de Jair Bolsonaro, sea el próximo presidente de Brasil es bastante realista.
Hay una mitad del país que podría denominarse de izquierda, que cree que Lula da Silva es el Nelson Mandela latinoamericano y que fue perseguido por la Justicia. Otra mitad sostiene que Lula es un cleptócrata comunista y que Jair Bolsonaro no debería estar preso.
Actualmente, esos lados no se comunican entre sí porque no se trata de una polarización meramente política, sino de los afectos. Quizás, la próxima Copa del Mundo de Fútbol sea una ocasión propicia para que ambos polos se reúnan, algo que no suele ocurrir.
Economía comparada
Brasil logró una estabilidad macroeconómica desde la década de 1990 que Argentina no alcanzó. Pero esa estabilidad macroeconómica es una condición necesaria, no un fin en sí mismo. La finalidad debería ser que la gente coma por lo menos tres veces por día, que haya empleo y que crezca la productividad.
Para Brasil, la dificultad está en hacer crecer la tasa de inversión, que ha sido muy baja incluso en los años dorados de Lula, cuando la soja, la carne y el petróleo tenía un precio mucho mayor para avanzar hacia un crecimiento sustentable para la la sociedad que queremos. Si los países latinoamericanos no logran aumentar el nivel de inversión, no van a hacerse ricos y serán de ingresos medios de por vida.
Actualmente, hay un crecimiento del turismo de argentinos en Brasil, con Río de Janeiro como la ciudad más visitada, y un clima de deja vu con la década de los 90 vinculado al nivel del tipo de cambio. Por eso, hoy, los extranjeros que más inmuebles compran en Río de Janeiro son los argentinos.
*Analista político y consultor de campañas electorales con foco en América Latina. Magíster en Historia Económica por la UBA.



