Luego de que el equipo de rescate lograra recuperar los cuerpos de todos los buzos italianos que murieron en la cueva de Maldivas, los finlandeses hicieron su última inmersión este jueves, en coordinación con la Fuerza de Defensa Nacional de Maldivas, la Guardia Costera Maldiva y las unidades de buceo de la policía, junto a las autoridades italianas en Malé.
Se dedicaron a borrar todo rastro del operativo de rescate submarino, aunque a su vuelta a la superficie comenzará una nueva tarea: confeccionar el primer mapa de una cueva que nunca fue cartografiada.
Según un comunicado de Drivers Alert Network (DAN) Europe el objetivo de esta última inmersión consistió en la «limpieza de la escena«. Removieron las líneas de guías temporales, referencias operativas y equipo que usaron los buzos en la cueva; así como verificaron y recuperaron elementos adicionales que permanecían en el lugar y que pueden ser relevantes para la investigación.
Es que la tarea a partir de ahora es esclarecer qué pasó a 50 metros de profundidad. Pero hay otro objetivo: la Fundación Dan Europe «intentará documentar y mapear aún más algunas secciones de la cueva, compartiendo la información recopilada con las autoridades maldivas», informó la Corriere della Sera.
«Todo el material recuperado, incluyendo el equipo perteneciente a víctimas, rescatistas y equipos operativos anteriores, fue entregado a la Policía de Maldivas y secuestrado formalmente como parte de la investigación en curso», señala el comunicado.
A falta de mapas oficiales, el equipo de DAN Europe dijo que intentará cartografiar la cueva, lo que evitará que otros buzos se puedan perder.
Por otro lado, la organización dijo que «las condiciones del clima y del mar fueron más exigentes que en días anteriores, con viento fuerte, corriente superficial y un ligero aumento en la complejidad de la descompresión«, lo que retrasó una hora y media el comienzo de la operación. El buceo duró alrededor de tres horas, incluyendo 50 minutos de trabajo dentro de la cueva.

«El equipo utilizó rebreathers de circuito cerrado (CCR), DPVs y sistemas redundantes diseñados para entornos profundos bajo techo. Estas tecnologías les permitieron operar de manera segura durante períodos prolongados dentro de la cueva mientras optimizaban la descompresión, la movilidad y la seguridad», agregó el comunicado.
Corriere della Serra informó que el próximo lunes comenzará en el Hospital Gallarate (Malpensa) la autopsia de Gianluca Benedetti, el instructor de buceo y el primero de los cuerpos en llegar a Italia. Se espera que los cuerpos de Mónica Montefalcone, Giorgia Sommacal, Muriel Oddenino y Federico Gualtieri lleguen al país a última hora del sábado.
Por otra parte, las autoridades italianas incautaron los dispositivos electrónicos -celulares, computadoras, pendrives y discos rígidos- de los buceadores que murieron en la cueva Dhevana Kandu del Atolón de Vaavu. El material fue llevado a Italia por Stefano Vanin, profesor de zoología en la Universidad de Génova, que había viajado en el barco Duke de York, junto con los fallecidos.
El miércoles se terminó de rescatar los últimos dos cuerpos que quedaban dentro de la cueva: Sommacal y Oddenino. Benedetti fue hallado la semana pasada en la entrada del lugar, mientras que los otro cuatro italianos fueron encontrados juntos, a una profundidad de 60 metros.
El accidente ocurrió el pasado 14 de mayo, cuando los cinco turistas italianos, tres mujeres y un hombre que formaban parte de un grupo de científicos, además de un acompañante, quedaron atrapados en una gruta mientras practicaban una expedición de submarinismo. La cueva es conocida por tener pasajes extremadamente estrechos y una visibilidad casi nula, en una zona de alta afluencia para los amantes del buceo.
El operativo internacional se organizó después de que la búsqueda local fuera suspendida temporalmente tras la muerte del militar maldivo Mohamed Mahdhee, quien falleció ahogado mientras intentaba localizar los cuerpos de los italianos.
Crece una hipótesis de terror: los turistas atrapados mientras se agotaba el oxígeno
La directora ejecutiva de DAN Europe, Laura Marroni, aventuró una hipótesis de lo que le podría haber pasado a los turistas italianos, basada en la experiencia de los propios buzos finlandeses.

La entrada de la cueva se ubica a unos 47 metros de profundidad y da paso a una primera cámara que es grande y luminosa. Al final de esa primera sala hay un túnel de alrededor de 30 metros de largo y tres de ancho, que da a una segunda cámara, que es más profunda y oscura.
Para salir de allí, hay que hacer el camino de reversa a través del corredor, pero allí surge el problema: cerca de la entrada al túnel hay un banco de arena que parece casi una pared, pero a la izquierda sí se ve claramente otro túnel que da a otra sala que no tiene salida. Allí es donde fueron hallados los cuerpos de los turistas.
Los buzos tenían tanques de 12 litros, lo que les daba una poca cantidad de tiempo para hacer el recorrido. «Hablamos de diez minutos, quizás incluso menos», le dijo Marroni a La Repubblica. «Darse cuenta de que el camino es incorrecto y quedarse sin aire, tal vez tras ir y venir varias veces, es aterrador. Entonces uno respira rápido y el aire se vuelve escaso«, agregó.

