Cada día, millones de desplazamientos dibujan una coreografía compleja sobre el asfalto de Barcelona. Coches, autobuses, motos, bicicletas y peatones conviven en una ciudad donde basta un accidente, una manifestación o una avería para alterar un equilibrio ya de por sí frágil. Lo que pocos ciudadanos imaginan es que, detrás de ese movimiento constante, existe una sala desde la que se observa, se analiza y, cuando es necesario, se interviene para evitar que la ciudad se detenga. Es el Centre de Serveis de Mobilitat del Ajuntament de Barcelona, una especie de cerebro invisible desde el que se coordina buena parte de la movilidad urbana.
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