Mucho más que sabor: los nutrientes esenciales que ganás cada vez que sumás cebolla a tus guisos y sofritos, y por qué el color cambia su impacto en tu salud.
Foto: Archivo El País.
Aunque suelen usarse de manera indistinta en la cocina, la cebolla blanca y la cebolla violeta no son exactamente iguales. Más allá del color o del sabor, cada una tiene características nutricionales diferentes y aporta beneficios particulares al organismo.
La cebolla blanca suele tener un gusto más suave y versátil, por lo que aparece con frecuencia en sofritos, guisos o preparaciones cocidas. La violeta, en cambio, tiene un sabor algo más intenso y un perfil nutricional que llamó la atención de investigaciones por su mayor contenido de antioxidantes.
Según un estudio publicado en 2024 en la revista FUDMA Journal of Sciences, la cebolla violeta contiene una concentración más alta de flavonoides y compuestos fenólicos, sustancias vinculadas con la protección celular y la reducción del estrés oxidativo. Su color característico proviene de las antocianinas, pigmentos vegetales asociados a efectos antioxidantes y antiinflamatorios.
Aun así, ambas variedades comparten varios nutrientes importantes. Las dos aportan vitamina C, fibra y minerales como potasio, calcio y magnesio, además de compuestos azufrados que se relacionan con beneficios cardiovasculares y propiedades antimicrobianas.
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Entre los efectos que se asocian al consumo regular de cebolla dentro de una alimentación equilibrada aparecen: apoyo a la salud cardiovascular, fortalecimiento del sistema inmunológico, mejora del tránsito digestivo gracias a la fibra, ayuda en el control del estrés oxidativo y posible efecto antiinflamatorio.
También contienen vitaminas del grupo B, como B6 y folatos, fundamentales para el metabolismo energético y distintos procesos celulares. La diferencia principal está en la concentración de estos compuestos bioactivos: la cebolla suele destacarse por tener niveles más elevados, mientras que la blanca conserva un perfil más neutro y adaptable en la cocina cotidiana.
Los especialistas señalan que ninguna de las dos es “mejor” de forma absoluta. La elección depende del tipo de preparación, del sabor buscado y de cómo se integren dentro de una dieta variada y equilibrada.
Con base en El Tiempo/GDA
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