Un «error humano» a solo 15 minutos de la superficie: los detalles de la principal hipótesis de la tragedia de los buzos italianos en Maldivas

El espeleobuceador finlandés Sami Paakkarinen fue enviado por la organización internacional DAN/Europe, por su gran experiencia en entornos imposibles en las profundidades, y lideró la misión de la recuperación de los cuerpos de los cinco buzos italianos que murieron en la cueva del Tiburón en las Maldivas.

Paakkarinen ingresó cuatro veces a la cueva donde las cinco víctimas perdieron la vida, a 60 metros de profundidad. La primera vez fue con el objetivo de localizar a los cuatro turistas que permanecían desaparecidos, tras el devastador hallazgo del cuerpo del capitán e instructor de buceo Gianluca Benedetti, de 44 años.

Los cinco buzos italianos que murieron mientras buceaban en una cueva en las Maldivas.

Junto a dos compañeros espeleobuceadores, también finlandeses, Jenni Westerlund y Patrik Grönqvist, pudieron encontrar los cuerpos de la bióloga marina Monica Montefalcone, de 51 años, su hija, Giorgia Sommacal, de 22, y sus exalumnos Muriel Oddenino y Federico Gualtieri, ambos de 31.

Planearon otras dos misiones, la primera para traer de vuelta a la superficie los cuerpos de Montefalcone y Gualtiere, y la segunda para recuperar los cuerpos de Oddenino y Sommacal.

La cuarta y última vez que ingresaron a la cueva de Dhekunu Kandu, también conocida como la «cueva de los tiburones», fue para eliminar todo rastro de presencia humana en las profundidades y rescatar algunos trozos de cuerdas que habían quedado en el suelo marino.

La caverna del accidente en Maldivas

En total, entre los ingresos y salidas para completar las misiones, Paakkarinen estuvo ocho veces en el lugar de la tragedia. Pudo analizar con detalle la cartografía de la cueva, de la que hasta ese momento no había mapas disponibles, y reconstruir el recorrido fatal que hicieron las víctimas.

La desgarradora hipótesis de Sami Paakkarinen sobre la tragedia en Maldivas

En una entrevista con el diario italiano La Repubblica, el experto finlandés reveló que por la disposición de la entrada de la cueva le parecía imposible que hayan sido «succionados» por el efecto Venturi, que se consideró como hipótesis al principio, y argumentó que el ingreso debió ser intencional.

«Es una cueva enorme, y en las Maldivas, el sol llega hasta los 100 metros de profundidad. Así que a 60 metros todavía hay luz del día, y cuando entras en una cueva te das cuenta porque todo se oscurece», explicó.

«Solo puedo opinar basándome en mi experiencia sobre las corrientes de marea. El agua se mueve en una dirección durante 12 horas y luego en la dirección opuesta durante otras 12, son corrientes continuas y en el arrecife de coral son muy predecibles», detalló.

«Cuando entramos en la cueva, sentimos una corriente muy ligera en el interior, así que si bien es cierto que hay una corriente que entra y sale de la cueva y que por decirlo de alguna manera, la cueva respira, en realidad no es muy fuerte, no lo suficiente como para succionarlos, según mi opinión», explicó.

Las primeras fotos de la cueva de Maldivas de la tragedia de los buzos italianos. Foto: DAN Europe

Describió la caverna como «profunda y muy difícil de recorrer» y dijo que tardaron 50 minutos el primer día de la operación. Una vez que descubrieron la forma más eficiente de llegar y transportar el equipo, solo tardaron 15 minutos en llegar a la cueva.

Aunque aclaró que hay una investigación en curso y no puede revelar todos los detalles, confirmó que las víctimas no tenían el equipo adecuado para espeleobuceo ni tecnología especializada de apoyo subacuático, sino tanques de oxígeno estándar para buceo recreativo de hasta 30 metros de profundidad.

Para bucear a más de 60 metros, donde los encontraron, se necesitan gases de buceo además del aire, conocidos como «trimix», una mezcla de oxígeno, nitrógeno y helio, que reduce el efecto de la narcosis a profundidad para mantenerse lúcido durante la inmersión.

«El buceo en cuevas nunca es fácil. Requiere una planificación más cuidadosa que una inmersión normal, nunca se debe practicar a menos que se esté seguro del resultado», remarcó Paakkarinen.

«He tenido el privilegio de practicar buceo profundo en cuevas durante casi veinte años, así que me baso en gran medida en la experiencia y el conocimiento que he adquirido, y desde luego no puedo decir que bucear en las profundidades sea un paseo por el parque», sostuvo.

La entrada de la cueva de Maldivas donde murieron los cinco buzos italianos. Foto: DAN Europe/Sami Paakkarinen

Hizo hincapié en que ningún buceador profesionales se habría adentrado en un entorno así sin una cuerda guía de seguridad. Según su punto de vista, los buzos italianos se perdieron, los engañó la ilusión óptica creada por una pared de arena, no pudieron encontrar la salida y fallecieron tras quedarse sin aire.

Lo definió como un «trágico error humano» a tan solo 15 minutos de la superficie, pero recalcó que le corresponde a los investigadores determinar qué sucedió exactamente.

El especialista confesó que aceptaron la misión porque sufrieron una pérdida similar tiempo atrás. «Unos amigos nuestros se perdieron en una cueva, la cueva Plura en Noruega y sufrimos la incertidumbre de no saber si podríamos encontrarlos», reveló.

«Al final lo conseguimos, así que comprendemos el dolor que sienten las familias«, expresó. Y agregó conmovido: «Siento un gran alivio de haber podido ayudar a traer sus cuerpos a casa».

Los cuerpos ya fueron repatriados a Italia: el dolor de los familiares

Carlo Sommacal, el viudo de Monica Montefalcone y padre de Giorgia, lleva días viviendo en una espera interminable. Primero, por la denuncia de desaparición, luego por el hallazgo que confirmó la peor noticia, el complejo operativo de riesgo crítico para la recuperación de los cuerpos, y ahora la repatriación de los restos de su esposa y de su hija.

Carlo Sommacal, el esposo de Monica Montefalcone y padre de Giorgia Sommal. Foto: Captura de video

Tuvo que proporcionar datos físicos para la identificación de los cuerpos, fotografías, información sobre tatuajes, hasta que se tramitó el regreso de las víctimas a Liguria.

«Estoy muy cansado, me quedé en Génova, en casa con mi hijo Matteo, porque me habían advertido que no me permitirían acercarme a los ataúdes. Ni siquiera para tocarlos. Me explicaron que los llevarían inmediatamente al instituto donde se realizarían las autopsias», declaró al Corriere della Sera.

Los cuerpos de Monica Montefalcone, Giorgia Sommacal, Muriel Oddenino, y Federico Gualtieri ya regresaron a Italia. Foto: EFE

El regreso de los cuerpos de Monica y Giorgia a Italia no es todavía para honrarlas con una ceremonia de despedida, sino un paso investigativo y forense, necesario para la investigación que lleva a cabo la Fiscalía de Roma sobre la expedición de buceo en el atolón de Vaavu, caratulada como presunto homicidio involuntario múltiple.

El contenido de las grabaciones de las cámaras GoPro que recuperaron de las víctimas será crucial para confirmar la reconstrucción realizada por los buzos finlandeses y los investigadores.

Federico Colombo estaba de novio con Giorgia Sommacal y le iba a pedir casamiento en dos meses.

«Matteo está profundamente afectado. Perdió a su madre y a su hermana, a quienes quería muchísimo. Ayer, su novia organizó una cena sorpresa con amigos que nos emocionó mucho, fue una forma de estar cerca de él, de no dejarlo solo en estos momentos», expresó.

«Ver a Federico, el novio de Giorgia, levantarse de la mesa para escribirle por WhatsApp y contarle que estaban cuidando de Matteo y de mí, me conmovió profundamente. Todavía le envía mensajes aunque ella nunca los leerá. Se querían muchísimo», manifestó compungido.

Redacción

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