Bob Dylan cumple 85: el músico que le puso letras al rock y ganó un Premio Nobel

Picasso deformó Las meninas poco antes de cumplir los 80. Kurosawa filmó Ran después de décadas de darle forma al cine moderno. Miles Davis electrificó el jazz en los 70, incluso después de varias revoluciones estilísticas: Kind of Blue, las orquestaciones con Gil Evans y el segundo gran quinteto. Johnny Cash grabó los American Recordings con una voz cascada y sonó más verdadero que nunca. Y Bowie convirtió Blackstar en despedida y mutación.

Bob Dylan hizo —o mejor dicho hace— algo parecido: sus últimos treinta años terminaron siendo otra obra maestra.

Bob Dylan cumple 85 y sus canciones dignifican

Dylan, que este 24 de mayo cumple 85 años y hace al menos seis décadas dejó de ser el joven de “Blowin’ in the Wind”, cambió para siempre la relación entre rock y literatura. Sus canciones en su momento fueron interpretadas por medio planeta: desde el folk de Peter, Paul and Mary, Nina Simone, hasta el jazz de vanguardia de Keith Jarrett, que grabó el clásico “My Back Pages” en Somewhere Before, disco de sus comienzos.

Esa manera de volver invisible la frontera entre canción popular, poesía y tradición oral terminó llevándolo al Premio Nobel de Literatura en 2016.

Bob Dylan: su manera de volver invisible la frontera entre canción popular, poesía y tradición oral terminó llevándolo al Premio Nobel de Literatura en 2016.

Desde Time Out of Mind hasta Rough and Rowdy Ways, Bob Dylan armó un cancionero nocturno, cinematográfico en su proeza narrativa y cada vez más libre: blues fantasmales, standards, swing, country-folk electrizado y canciones largas o a veces larguísimas sobre Estados Unidos.

La «gran novela americana» bien podría ser este período. También «los discos de Sinatra» —dos álbumes y el triple Triplicate— junto a una voz cada vez más rota y áspera. Y sobre todo, expresiva.

La segunda vida de Dylan: tocar dentro del tiempo

Greil Marcus habló hace años de una “segunda vida artística” para explicar esa etapa que empieza con Time Out of Mind. Un disco que apareció después de años erráticos y sonó como si Dylan hubiese encontrado otra (nueva) respiración.

Parecido a lo que pasó con el Miles Davis eléctrico de Bitches Brew: artistas que dejaron de pelearse con el tiempo y empezaron a tocar dentro del tiempo.

Y mientras buena parte del público sigue esperando “Like a Rolling Stone”, Dylan hace décadas se mueve hacia adelante. Shadow Kingdom (2021), el especial audiovisual, reescribe su repertorio clásico con arreglos lentos, casi fuera del tiempo. Con Fito Páez pasó ocurrió algo similar: ya no es cómo tocar los clásicos, sino qué hace un artista vivo con canciones que la gente cree saberse de memoria.

Bob Dylan canta desde las sombras

A la sombra de los discos de los 60 y 70 —y también de los documentales (monumentales) de Martin Scorsese, No Direction Home y Rolling Thunder Revue— yace menos conocida pero accesible, otra obra igual de grande. Como si el músico que nació como Robert Allen Zimmerman gritara: “Vida número 2”.

Y el Dylan modelo 90 empezó a escribir canciones llenas de tipos cansados, pero revigorizados por el amor, casi obsesionados. Aún lejos del “Game over”. Edward Said llamó “estilo tardío” a ese momento en que algunos artistas empiezan a tensar el lenguaje. En castellano: viejos son los trapos.

En el poema de Fabián Casas «Sin llaves y a oscuras», un tipo sale al pasillo a tirar la basura y una correntada le cierra la puerta. Solo, del lado de afuera, casi sin ropa, ni llaves ni luz, pero escuchando las voces de los vecinos. Entonces entiende que quizás la muerte sea eso: quedarnos solos en un pasillo oscuro.

Los personajes de Dylan avanzan como en la canción “Not Dark Yet”:  “Todavía no es de noche, pero ya casi”.

Desde Time Out of Mind, los personajes avanzan en ese sentido. Como en “Not Dark Yet”: “It’s not dark yet, but it’s getting there”. (“Todavía no es de noche, pero ya casi”).

Un Dylan que siente el peso de los años pero sigue caminando en la oscuridad. Aunque lo que menos lleva en la mano es basura, sino canciones extraordinarias.

Oxidado y a la vez rejuvenecido, Dylan es niño y adulto como en “Standing in the Doorway”: “Ayer todo iba demasiado rápido, hoy va demasiado lento. No tengo a dónde ir, no tengo nada que quemar. Me dejaste plantado en la puerta llorando. Ya no tengo nada a lo que volver.”

O en “Not Dark Yet”: el narrador de las canciones parece correr incansablemente sin llegar a ningún lado, y al llegar —como al final de Manhattan de Woody Allen o en El graduado— la aventura recién comienza.

85 minutos de canciones para 85 años de Bob Dylan

La playlist que sigue comienza en 1997. Y desde allí hasta 2020, con un homenaje a Lennon y diecisiete minutos sobre el asesinato de Kennedy. En otras palabras: el Dylan de ahora.

Love Sick

Discepoliano. Dylan juega —si se puede jugar con el amor— con todos los sentidos de “sick”: enfermo de amor, harto del amor, intoxicado por el amor. Solo él sabe cuál.

Trying to Get to Heaven

Como una reversión crepuscular de “Knockin’ on Heaven’s Door”. Dylan pide llegar al cielo antes de que cierren la puerta.

Not Dark Yet

“Ni siquiera recuerdo de qué venía escapando. Todavía no es de noche, pero ya casi.” Un apocalipsis en cámara lenta, en menos de siete minutos.

Make You Feel My Love

Bob Dylan tiene 85 años: alguien que ya escuchó todo, vio todo y todavía tiene cosas para decir.

Sólo Dylan podía convertir un verbo en infinitivo en una obra maestra: “To Make You Feel My Love”: “Para hacerte sentir mi amor”. Y si todavía hace falta discutir el Nobel, alcanza con leer Los verbos de Bob Dylan… y lo que aprendí de ellos, ensayo de Tony Conniff. Bonus track: hay una excelente versión cantada por el actor Jeremy Irons.

Mississippi

Greil Marcus la definió como una de las grandes canciones tardías de Dylan. Parece simple. No lo es.

High Water (For Charley Patton)

Blues viejo, inundaciones, Estados Unidos desarmándose y Dylan cantando como si transmitiera desde una radio perdida.

Workingman’s Blues #2

“El poder adquisitivo del proletariado ha disminuido / el dinero se está volviendo escaso y débil”. Y no suena a panfleto sino a melancolía obrera.

Beyond Here Lies Nothin’

Acordeón, clima fronterizo y olor a película de carretera. Dylan vuelve a cierto imaginario Tex-mex y latino que ya aparecía en “One More Cup of Coffee” o “Romance in Durango”.

Duquesne Whistle

Empieza con una explosión instrumental y avanza como una locomotora oxidada. Dylan desarma las palabras y por momentos canta como un Louis Armstrong sobreviviente del fin del mundo.

Roll On John

“Brilla tu luz / sigue adelante / brillaste tan fuerte. Adelante John”. Dylan le canta a Lennon y dan ganas de no parar de llorar.

Bob Dylan: el músico que le puso letras al rock y lleva 65 años sin repetirse.

I Contain Multitudes (2020)

Bogartiano, medio Indiana Jones crepuscular, medio Corto Maltés que supo retirarse a tiempo. Dylan junta máscaras, personajes y voces como si repasara toda la cultura del siglo XX.

Black Rider

Aquí Dylan es como un Alonso Quijano que ya no distingue del todo dónde termina el libro y empieza la vida. Después de haber sido el Quijote de un linaje de músicos —Nick Cave, Tom Waits y otros— vuelve a ellos como si atravesara su propia novela otra vez.

Murder Most Foul

Diecisiete minutos sobre el asesinato de Kennedy como una transmisión nocturna desde el corazón negro de Estados Unidos. The Beatles, Woodstock, jazz, blues, radios AM, canciones mencionadas que aparecen la última playlist antes del apagón mundial. Como en 11/22/63 de Stephen King, el atentado se vuelve un evento al que se puede volver una y otras y volver a armar.

Redacción

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