La prestigiosa compañía inauguró su temporada 2026 adaptando un clásico de Simon y Delibes al formato de «cuento bailado». El valor del circuito independiente, los desafíos del vestuario y el brillo de un elenco con identidad propia.
Por Galo, Maíl
El circuito cultural del Abasto vivió una jornada de celebración. El Teatro El Cubo albergó la última función programada de «Coppelia y el Juguetero Mágico», la ambiciosa propuesta con la que la compañía Baires Sur Ballet inauguró oficialmente su temporada 2026. Tras tres semanas consecutivas en cartelera, la obra se despidió consolidando una premisa difícil pero lograda: transformar un pilar del ballet universal en una experiencia accesible, lúdica e intergeneracional.

El peso de la historia detrás de un clásico cómico
Para entender el impacto de esta puesta, es necesario remontarse a sus orígenes. Coppélia —estrenada originalmente en la Ópera de París en 1870, con coreografía de Arthur Saint-Léon y la icónica partitura de Léo Delibes— significó un punto de inflexión en la historia del ballet. Basada en el sombrío relato El hombre de arena de E.T.A. Hoffmann, la obra original suavizó el terror gótico para transformarlo en una de las comedias románticas y costumbristas más perfectas de la danza académica.
En esta oportunidad, la adaptación coreográfica y de libreto a cargo de Paula Mejía y Luján Costa (sobre la reconocida versión de Laura Fiorucci/Fiorucci Projects) recuperó ese espíritu festivo pero enfocado en el formato de «cuento bailado», recortando la solemnidad tradicional para potenciar la conexión directa con el espectador contemporáneo.

El Cubo: Un escenario para la fantasía
La elección del Teatro El Cubo no fue menor y terminó de definir la identidad estética del show. Ubicado en el icónico pasaje Zelaya, este espacio se destaca en la escena porteña por su arquitectura teatral moderna y su imponente escenario. Lejos de la distancia formal de los teatros tradicionales de ópera, las dimensiones y la cercanía de la sala independiente jugaron a favor de la narrativa. El público pudo sumergirse de lleno en la intimidad de esa pequeña aldea y, fundamentalmente, en la atmósfera casi industrial y misteriosa del taller de Coppelius, resignificado gracias a un inteligente diseño lumínico.
Carisma en escena y el valor del debut
El despliegue de más de veinte artistas en escena encontró sus puntos más altos en las interpretaciones principales. Rocío Ruiz encarnó a una Swanilda encantadora y técnicamente impecable, cuya expresividad y picardía guiaron el pulso de los enredos de la trama. A su lado, la función revistió un carácter consagratorio debido al debut de Luciano Leiter Marangoni en su primer rol protagónico; el bailarín asumió las variaciones de Franz con prestancia, frescura y una notable solidez en los saltos y giros.

Por otro lado, la audacia de la dirección al elegir a Laura Lifschitz para ponerse en la piel del Doctor Coppelius pagó con creces. Tradicionalmente interpretado por hombres, el excéntrico juguetero cobró aquí una expresividad corporal fascinante. Sus pasajes de humor físico en combinación con el trabajo milimétrico de las solistas y el cuerpo de baile en el rol de los autómatas funcionaron como el clímax visual de la tarde. En este universo mecánico destacaron los roles de Estefany Di Camillo, Luján Costa, Macarena González, Victoria Correia Da Silva, Francheska Chávez Molina, Abril Torres y Anastasia Belinco.
El ensamble coreográfico se completó y lució sólido gracias al enorme compromiso técnico y la sincronicidad de todo el elenco, compuesto por:
@alex.ihy @cristianasd1998 @ani.massa @mayalavayen @macarenagonzalezlarraya @tefyclass @denu_lopezz @vickyyycorreia @fran_chavezm @abril_tdt @cele.riscino @colo_belinco La cohesión del grupo fue la verdadera clave para sostener la energía de la aldea de principio a fin.
Estética y carácter en el vestuario
El diseño de vestuario fue otro de los pilares que sostuvo la verosimilitud de la obra. En los actos colectivos de la aldea, las texturas y colores aportaron la calidez folclórica típica de las danzas polacas (como las mazurkas y czardas heredadas de la partitura de Delibes), vistiendo el escenario de color y dinamismo.
El balance visual entre la tradición clásica y la practicidad del teatro independiente estuvo sumamente logrado.
Un balance positivo para la danza independiente
Baires Sur Ballet inició el año dejando la vara alta, demostrando que el ballet clásico tiene un espacio fértil en las salas independientes de Buenos Aires. Ficha Técnica de Servicio:
Teatro El Cubo (Zelaya 3053, CABA)
Obra: Coppelia y el Juguetero Mágico
Compañía: Baires Sur Ballet (Instagram: @bairessurballet)



