Osvaldo Laport, el nuevo padre del musical: “Mi oficio siempre fue tirarme a la pileta, con o sin agua”

A los ocho años, Osvaldo Laport tenía un sueño: que le regalaran una goma de borrar gigante. Cuando la mamá le preguntaba para qué, decía que era para borrar los límites de los mapas. Siendo tan chico no lo podía verbalizar, pero había algo que lo oprimía en los limites pre establecidos.

Y a esos límites les presentó batalla hasta el día de hoy, casi siempre con la actuación cómo bandera. Lo hizo contando la historia amor de un aborigen con una aristócrata española (Más allá del horizonte) o personificando un héroe deportivo argentino en su ocaso como Guido Guevara (Campeones de la vida), sólo para hablar de dos de sus creaciones más recordadas.

Lo hace desde hace 20 años en su función como embajador de Buena Voluntad de ACNUR (la Agencia de la ONU para los Refugiados), por la cual visita naciones en guerra y con crisis humanitaria.

Y lo va a seguir haciendo a partir del 27 de mayo en el Teatro Opera On cuando personifique a Jackie Elliot (un padre duro y prejuicioso), en la versión musical argentina de Billy Elliot, aquella inolvidable historia de libertad, ubicada en Londres donde el hijo de un minero lucha por vivir sus sueños ante la opresión reinante.

“Mi oficio siempre fue tirarme a la pileta, con o sin agua”, asevera al comienzo de su charla con Clarín. Una nota en la que hablamos de su carrera, de la libertad, de política, de IA, de su padre y, por supuesto, de memes.

El multitudionario elenco de

«Un laburante del arte»

-¿Cómo son estos días antes del estreno?

-Movidos. Pero increíbles. Creo que es la primera vez que un espectáculo tiene la posibilidad de tantas pasadas antes de un estreno. Dicho incluso por los directores que son Rubén Szuchmacher en la puesta general, Gaby Goldman en lo musical y Gustavo Wons en la coreografía. Dicen que es la primera vez que se logra hacer una puesta, armar todo el espectáculo y tener tiempo para ensayar.

Y agrega: «Con la complejidad que lleva eso, ya que son tres elencos. El agotamiento es muy grande, estos días antes del estreno tenemos doble pasada. Pero es una oportunidad para que crezcamos porque es bien complejo lograr ese ensamblaje que te da una pasada con todo listo.

Su rol lejos de las cámaras y la tablas:

-Además con una historia tan icónica como Billy Elliot.

-Una historia hermosa, verdaderamente sensible, conmovedora e identificatoria con cada uno de nosotros. Una historia que te encontrás en cada esquina.

-Tus últimos trabajos en teatro fueron «La Sirenita», donde se le habla más a un público infanto juvenil y «Vamos los pibes», donde un grupo de amigos de 80 años se junta a hacer un grupo de rock. Esto de ir de un extremo al otro, y sin prejuicios hablarle a la vida como un todo, tiene que ver con tu etapa como artista de hablarle a todos los públicos posibles?

-Yo siempre lo digo con total humildad, todas las invitaciones que tuve en mi vida para hacer ficciones, tanto en televisión o en teatro, fueron atípicas. Siempre eran personajes que rompieron estructuras y sigue sucediendo eso. Más allá de lo que pueda dar, interpreto que quienes me convocan ven en mi un laburante del arte.

«Estos personajes atrevidos tienen que ver con que atrás hay un laburante que se anima a tirarse a la pileta. Algo de eso me dijo Omar Romay, con quien hoy vuelvo a trabajar, ya que en la época de Catriel (Más allá del horizonte) él estaba asociado con Silvio Berlusconi, que soy es un actor que se tira a la pileta con agua o sin agua. Estos personajes tienen que ver con una filosofía de vida», comparte el uruguayo.

-Esa filosofía de vida tiene que ver también con tu rol de embajador de buena voluntad.

-Sí, sí, viajo por el mundo visitando crisis humanitarias, guerras, víctimas de guerra de violencia y donde está involucrada esta historia que cuenta Billy Elliot que es la de la libertad, que es el derecho a ser quienes somos.

Catriel, su inolvidable personaje de

-¿Cómo es para alguien que pasó su vida borrando prejuicios, desde Catriel hasta el ídolo argentino en su ocaso (Guevara), hacer este padre tan “chapado a la antigua”?

-Fascinante. Interpretar a este padre, estructurado, con tantos mandatos, con prejuicios, con tanta ignorancia, es una oportunidad para seguir bregando en mi rol de embajador y como hombre. Yo históricamente lucho por una sociedad más inclusiva. Esta historia va más allá de un espectáculo, es una oportunidad para que el público que venga entienda que como sociedad tenemos que crecer y cambiar hacia un lugar más empático y esta obra es un granito de arena en ese camino.

-Pensaba que también es un cambio de época. En tu versión de ese rey y padre de los mares de la Sirenita, cuando el principie te pide la mano de Ariel vos decís “eso lo decide ella”, eso no pasaba en la versión original.

-Eso fue un pedido mío, el texto no era así. Tiene que ver con eso de romper estructuras que hablamos. Curiosamente, aquí en Billy, este padre minero, en un momento también pide perdón y yo pensaba que pide perdón no solo a su hijo sino a toda su familia, por tantos años de censura, de castración, de intentar cortar las plumas de las alas para que no volemos.

La inteligencia artificial y el pesos de los memes

-Hay una campaña de tus colegas que busca regular la utilización de la IA con los actores. ¿Cómo lo ves?

-Me parece que la palabra “regular” es lo más sabio y criterioso. La vida evoluciona todo el tiempo. Yo no vi la radio galena, si vi el radioteatro, la televisión, las plataformas y todo fue cambiando. Y siempre hubo resistencias, miedos y disputas, hasta que se fue acomodando. Creo que debemos encontrar el equilibrio, porque a lo mejor, para nosotros los actores, nos asusta todo lo que tiene que ver con la IA, pero no deja de ser una herramienta para nuevas fuentes de laburo.

Y la charla sigue: «Hoy de pronto apareció este nuevo formato que se llama Novela vertical y ya le empezaron a pegar y yo me desespero, porque no entienden que eso llena el plato de comida. ¡Dejen comer a la gente! No intelectualicemos el arte. Un buen texto se puede hacer atrás de un árbol. Es el mismo derecho a ser libres, todos tenemos ese derecho. Entonces, vi los videos de mis colegas y de gente que yo admiro y está buenísimo estar atentos y preguntarnos a dónde se va con todo esto, pero no cercenemos, porque después los cambios llegan igual.

-Esta versión de «Billy Elliot» está basada en la inglesa, donde tienen lugar las revueltas mineras, las críticas al sistema, las movilizaciones obreras, a diferencia de otras que son más pasteurizadas, más suavizadas.

-Exacto. Bueno, eso está sucediendo hoy en Bolivia, y el elenco está al tanto de lo que está sucediendo hoy en Bolivia. Porque también uno sirve, motivacionalmente hablando, para plantear cosas. Es muy difícil entre tantos niños(risas), entre tantos géneros y elenco, encontrar el silencio para poder decir lo que hay que decir en la dramaturgia. Es algo muy importante porque lo que vamos a contar va más allá, es una historia sensible, que nos identifica a todos. No la historia del minero con sus hijos y su suegra, sino la historia de los derechos, de la libertad, de la dignidad.

-El mote de galán que llevás desde hace años también está bastante delimitado, desde lo artístico.

-Si, pero con todo el respeto del mundo te digo, más allá de que agradezco de que después de tantos años y a esta altura me sigan diciendo galán, no reniego de la dosis narcisismo que tengo, pero siento que yo nunca fui galán. Mis personajes lo fueron. Eran trasgresores, disruptivos.

-¿Cómo te llevás con esta generación que te conoció primero por memes?

-No tengo ningún problema con eso. Es más, defiendo el meme. Gracias al meme muchas generaciones me buscaron en YouTube y se enteraron de que había un actor que hizo un montón de cosas. Pero esos recortes sacados de contexto hacen que me vea como un mal actor, como demasiado estereotipado. Aunque si lo involucrás en su contexto, una imagen mía vomitando o borracho tiene que ver con que nadie se animaba a hacer eso en TV. Nadie se animaba a llorar descaradamente, o decir “necesito hacerte el amor”. Y el tipo venia de enterrar a su mujer y tenía deseos con otra. Manejaba una contradicción en su interior y lo exteriorizaba como podía.

-¿El meme no es una demostración de afecto de un público que no te olvidó?

-Hay un puñado de gente que me lo dice. Pero hay otro puñado que lo tiene como burla. Socialmente hablando está instalado como un sentimiento de burla general y eso no está bueno.

-Después de tantos años de carrera ¿te sigue pasando que los personajes te movilizan en lo personal?

Por supuesto. Jamás lo haría de taquito. Por eso pido silencio. Soy de una escuela donde la pasión no se negocia. Se lo digo a los chicos cuando alguno me pide un consejo. Hay que empezar barriendo el teatro. Por más chico que sea el bocadillo, todo texto puede decirse con el alma. Me enojo mucho cuando me cuesta encontrar el personaje. Yo no puedo transitar un texto sin ser honesto con el público y conmigo.

Una enseñanza a la sombra de la parra

Laport hace memoria y va a la infancia y a la juventud para rescatar postales emoticas de su padre. Foto Guillermo Rodríguez Adami

-¿Cómo fue tu papá?

-Mi viejo era de esas personas a las que les costaba muchísimo expresar sus sentimientos. Medio duro, exigente, algo gruñón. Pero sabés que de grande le decía a todo el mundo “corazón y te amo”, porque aprendió de mí a expresar sus sentimientos, a romper esa barrera. No era que él no lo sintiera antes, sino que no se atrevía, porque pertenecía a otra generación, porque fue censurado por sus padres, por sus mayores, por su entorno. Era gente de campo. Acá hay todavía gente con esa carga, con ese peso en la mochila. Aún hoy.

Y recuerda: «Yo crucé el charco con 18 años y cuando podía mandaba tres regalos: uno para mi hermana menor y otros para mis viejos. Y a mi viejo siempre le compraba lo mismo: una crema de afeitar. Cuando llamaba a un vecino, porque no teníamos teléfono, para hablar con ellos siempre atendía mamá. Yo preguntaba por los regalos y ella me lo agradecía y cuando preguntaba por papá ella me decía “viste como es papá ,que no es demostrativo”.

Sigue, a modo de catarsis emotiva: «Una Navidad voy a visitarlos. Imagínate la escena abajo del parral, yo dando los regalitos y mi viejo haciendo el asado y mi mamá dice ‘¿Lo descubrí, sabés qué hacía tu padre con los regalos? Se iba a llorar, contale viejo’. Ahí mi papá se hacia el que no y se enojaba».

El broche de la charla: «En esta anécdota hay algo que omití contar. En esos frasquitos de crema de afeitar, yo siempre dejaba un papelito que decía ‘Papá te quiero’. Con el tiempo, para que no pensara que yo era puto (marca las comillas con los dedos) me fui animando a ponerle ‘Papá te amo’. Eso lo mataba. Con los años, mi papá ya de grande se sentaba en la puerta y cuando alguien lo saludaba , él decía ‘Chau ,mi amor’, y ésa fue otra barrera que se borró».

Redacción

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