El partido amarillo intenta reconstruirse en la capital bonaerense sin sus dos figuras históricas. Lo que queda es una «tercera línea» de dirigentes que apuesta a no desaparecer antes de 2027.
La lógica es la misma en varios distritos del país: reconstruir desde abajo porque arriba no hay nadie. En La Plata, el PRO atraviesa algo parecido a lo que le toca al partido en otras ciudades donde perdió el poder municipal: sin conducción clara, sin figuras capaces de ordenar al conjunto y con la estructura partidaria en modo supervivencia.
El intento de rearmado lo están empujando ex concejales, ex funcionarios de rango medio y algunos dirigentes barriales que en la jerga interna se ubicarían en una «tercera línea». No hay apellidos de peso detrás. Tampoco hay un liderazgo que centralice decisiones. Lo que hay, según cuentan cerca de ese espacio, es la voluntad de no quedar afuera del mapa político antes de las legislativas del año próximo.
El problema más evidente no es la falta de recursos ni de estructura: es la ausencia de quienes durante más de una década decidieron todo en el PRO platense. Julio Garro no aparece en ninguna foto del rearmado. Cada vez más alejado de la escena pública, el ex intendente arrastra causas judiciales que lo complican para asumir cualquier rol visible. ¿Hay posibilidades de que vuelva a ser el eje del espacio? Por ahora, la respuesta que circula puertas adentro es que no.

Luis Barbier tampoco está. El histórico armador del espacio habría optado, según fuentes cercanas a su entorno, por mantenerse fuera de la política por indicación de sus abogados. Que Barbier no esté no es un detalle: durante años fue el operador que tejía acuerdos, distribuía poder y resolvía conflictos internos en el PRO local. Sin él, el partido no tiene quien haga ese trabajo.
A eso se le suma otra ausencia que tampoco es menor: las figuras que en distintos momentos disputaron la conducción del espacio y que, en otro contexto, podrían haber sido las que ordenaran la reconstrucción. Hoy ninguna aparece con voluntad ni con capital político suficiente para encabezar algo.
Lo que queda es un partido que pasó, en poco tiempo, de gobernar el municipio más importante de la provincia a intentar reorganizarse desde los márgenes. El contraste con la época de mayor poder es llamativo, aunque tampoco sorprende: la derrota electoral de 2023 fue contundente, y el desgaste acumulado durante la última gestión de Garro dejó marcas que todavía pesan.
¿Alcanza con una «tercera línea» para sostener al PRO platense? Depende de qué se entienda por sostener. Si el objetivo es preservar la estructura mínima y llegar a 2027 con candidatos propios, quizás sea suficiente. Si la apuesta es recuperar protagonismo real en la ciudad, los nombres que hoy aparecen en el armado no parecen tener la capacidad para lograrlo, al menos no solos.
Por ahora, el escenario más probable es uno de presencia discreta: el PRO de La Plata compitiendo como un actor más del espacio no peronista, sin el peso específico de otros tiempos y con la interna todavía sin resolver.

