La preocupación puede ayudar a anticiparse y resolver problemas. Sin embargo, cuando ocupa demasiado espacio en la mente, genera tensión constante y empieza a afectar el descanso, el cuerpo y el bienestar, deja de ser útil.
El psicólogo argentino Daniel Bogiaizian, especializado en ansiedad desde hace más de tres décadas, aborda este tema en su libro Preocuparse de más, donde analiza el trastorno de ansiedad generalizada y propone herramientas para manejar el exceso de pensamientos y bajar el ruido mental.
Cuando preocuparse deja de ayudar
Según explica el especialista, muchas personas crecieron creyendo que preocuparse sirve para estar preparados frente a posibles problemas. Pero esa lógica tiene límites: preocuparse solo resulta útil cuando hay un problema concreto y una acción posible para resolverlo.
Cuando eso no ocurre, la preocupación termina alimentando malestar, tensión y síntomas físicos sin aportar soluciones.
Uno de los principales indicadores de una preocupación excesiva es el tiempo que permanece activa en la cabeza. Si alguien pasa horas o días pensando en algo sobre lo que no tiene control ni capacidad de acción, probablemente esté atrapado en un circuito poco saludable.
Bogiaizian remarca además que pensar repetidamente en una situación no cambia la probabilidad de que ocurra. También alerta sobre otra señal frecuente: perder la capacidad de dimensionar los problemas y reaccionar con la misma intensidad frente a situaciones de distinta gravedad.
Qué ocurre en el trastorno de ansiedad generalizada
El trastorno de ansiedad generalizada combina un estado mental de preocupación persistente con síntomas físicos relacionados al sistema de alarma del cuerpo.
Las personas con este cuadro suelen confundir lo posible con lo probable. Es decir, consideran escenarios negativos cotidianos como altamente probables y viven en alerta permanente.
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Eso puede expresarse a través de cansancio, tensión muscular, mareos, contracturas, dificultades para dormir o molestias digestivas. Muchas veces se consulta primero por estos síntomas físicos sin advertir que detrás existe un proceso psicológico sostenido por la preocupación excesiva.
El especialista señala además que la ansiedad no desaparece necesariamente con los años. Aunque cambien las preocupaciones, la manera de reaccionar frente a ellas puede mantenerse, por lo que aprender a gestionarla resulta clave.
La ansiedad no siempre es negativa
Lejos de verla solo como un problema, Bogiaizian plantea que la ansiedad puede cumplir una función útil cuando permite anticiparse a situaciones reales y actuar en consecuencia.
El problema aparece cuando la mente queda enfocada casi exclusivamente en escenarios negativos o improbables. Esa tensión permanente puede afectar el humor, la concentración, la calidad del sueño y el disfrute cotidiano.
También advierte que la incertidumbre actual y el exceso de información disponible, especialmente sobre temas de salud, pueden potenciar la preocupación. Según plantea, el flujo constante de datos en redes sociales y herramientas de inteligencia artificial no siempre reduce las dudas; muchas veces las incrementa.
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Herramientas para bajar el ruido mental
Entre las estrategias cotidianas, el especialista recomienda tomar cierta distancia de los propios pensamientos y preguntarse si realmente existen motivos para reaccionar con tanta intensidad frente a determinadas situaciones.
También sugiere enfocarse en aquello que sí puede hacerse. Si una preocupación persiste, puede ayudar reservar un momento concreto del día para pensarla, anotar posibles soluciones y evitar que invada toda la jornada.
Además, destaca actividades que ayuden a cambiar el foco, como caminar, leer, practicar deporte o mirar algo entretenido. A eso suma ejercicios de respiración y pausas breves durante el día para identificar tensiones físicas y bajar el nivel de activación del cuerpo.
En base a El Tiempo/GDA



