En la disputa territorial entre guanacos y ovejas en la Patagonia, la disponibilidad de pasto no es el único recurso comprometido. Por el contrario, también hay que atender la provisión de agua, que en muchos casos, a pesar de contar con bebedores artificiales, no se concreta como debería.
Sobre este punto es que técnicos de la Agencia de Extensión Rural Los Antiguos del INTA, en la provincia de Santa Cruz, empezaron a hacer especial foco, con el objetivo de barajas estrategias que ayuden a los productores a cuidar mejor de sus rodeos.

Uno de los datos más alarmantes surgió de un trabajo que se extendió por más de un año -desde marzo de 2024 hasta abril de 2025, con un control adicional en diciembre de 2025- en establecimientos ganaderos del noroeste de Santa Cruz. Lo que se evidenció es que los guanacos realizan un uso más intensivo de los bebederos, llegando a tener un promedio de permanencia de 3 horas y 37 minutos, frente a la hora y 38 minutos que lo utilizan los ovinos.
A esto se sumó el comportamiento dominante demostrado por los guanacos, que tienden a ocupar y rodear los bebederos, dificultando el acceso de las ovejas.
“En la zona es común la escasez o mala distribución del agua de bebida para los animales dentro de los cuadros de pastoreo”, explicó el licenciado Martín Roa de la Agencia de Extensión Rural Los Antiguos.
Según dio cuenta, los productores se ven obligados a invertir gran cantidad de dinero para lograr un uso más homogéneo del recurso forrajero, ya sea mediante perforaciones o el abastecimiento de tanques australianos con camiones cisterna. Es en este marco que, de acuerdo con los productores, en los últimos años se ha intensificado el conflicto con la fauna nativa, particularmente con el guanaco, por el consumo de agua.
“El principal fue validar estrategias de restricción de acceso de guanacos a bebederos artificiales, analizando su efectividad y su impacto en el comportamiento de la fauna y en la dinámica productiva”, señaló Roa.
La metodología del estudio consistió en seleccionar bebederos frecuentados por guanacos y realizar un monitoreo previo mediante cámaras trampa para confirmar su uso. Luego se instalaron “restricciones” y se continuó el monitoreo durante un año para analizar los cambios.
Las alternativas evaluadas apuntaron a la construcción de un alero o techo sobre el bebedero, para impedir el acceso del guanaco sin afectar el ingreso del ovino por debajo, y a la colocación de un alambrado elevado, diseñado con una apertura inferior de unos 80 centímetros y un alambre superior a 1,20 metros, con el objetivo de impedir el salto del guanaco.
“Algunas de estas soluciones ya estaban presentes en establecimientos de la zona, pero nuestro trabajo permitió validar su efectividad y comprobar que no limitaran el acceso del ovino”, afirmó Roa.
Los resultados del estudio, titulado como “Validación de estrategias para el manejo del guanaco en campos productivos de Patagonia Sur”, arrojaron que estas instalaciones “demostraron ser una herramienta eficaz para modificar este patrón”.
“Se logró validar la efectividad de las restricciones, con una reducción significativa del consumo de agua por parte del guanaco. Esto tiene un impacto directo en los costos de producción, ya que disminuye la frecuencia de reposición de agua en sistemas abastecidos por cisterna, reduciendo gastos de combustible y mano de obra”, destacó Roa.



