Innovación agropecuaria
En un contexto global marcado por la adaptación climática y la necesidad de innovación agraria, la olivicultura argentina está encontrando un horizonte inédito en los climas fríos del sur. La Patagonia se proyecta con fuerza como el nuevo polo del Aceite de Oliva Virgen Extra (AOVE) de máxima pureza, y Santa Cruz ya dio sus primeros pasos firmes en la actividad a través de investigaciones exploratorias e incipientes en las localidades de Los Antiguos y Puerto Deseado.
- 27/05/2026 • 13:34
Santa Cruz se suma al mapa del aceite de oliva de alta calidad en la Patagonia
El impulso definitivo de esta tendencia quedó en evidencia tras la presentación del estudio «Esfuerzo de plantación de olivos en la Patagonia», coordinado por el especialista Víctor Tomaselli en el Congreso Mundial de Aceites y Grasas. El trabajo cuenta con el respaldo de un comité internacional de expertos de Grecia y España, quienes pusieron sus ojos en el potencial biológico y geográfico de la región austral.
El frío como escudo de calidad superior
Históricamente, la producción nacional se concentró en los valles cálidos de Catamarca y La Rioja. Sin embargo, la ciencia demuestra que las altas temperaturas de esas zonas disminuyen el ácido oleico, afectando la calidad exigida por el mercado internacional.
Es allí donde la Patagonia, y en particular el desafío extremo de Santa Cruz, emerge como una solución cualitativa. Las bajas temperaturas y el clima templado-frío permiten que el fruto madure de forma óptima, logrando parámetros químicos superlativos y perfiles de ácidos grasos altamente estables. El INTI ya ha certificado la excelente calidad de estas producciones en el norte patagónico, abriendo el camino para el desarrollo santacruceño.
El mapa del «oro líquido» sureño
La olivicultura sistemática actual se despliega a lo largo de un vasto territorio donde cada provincia aporta su experiencia:
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Santa Cruz: Inicia su camino con proyectos exploratorios en Los Antiguos y Puerto Deseado, evaluando el comportamiento de las plantas en las latitudes más australes del cultivo.
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Chubut: Registra producciones consolidadas en Puerto Madryn, Rawson, Trelew, Dolavon y Camarones, donde además se producen bioestimulantes a base de algas pardas.
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Río Negro: Destacan Viedma, Las Grutas y Ministro Ramos Mexía, localidad que cuenta con casi 2.500 olivos asistidos por riego por goteo alimentado con paneles solares.
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Neuquén: Mantiene plantaciones activas en Rincón de los Sauces, Añelo y Centenario.
Alianzas globales y rescate genético
El movimiento patagónico avanza en la búsqueda de la matrícula nacional ante el Instituto Nacional de Semillas (INASE) para declarar como «plantas madre» a los olivos patrimoniales de la región. Se trata de ejemplares centenarios sobrevivientes a los fríos congelantes, cuya savia adaptada evita que la piel de la aceituna se raje con las heladas.
A la par, la región se ha integrado plenamente a la International Olive Tree Alliance (IOTA) y a la asociación Mujer Alma de Olivo —liderada por la experta española Montse Godoy—, logrando un puente estratégico con científicos de Grecia y Arabia Saudita. Esta red global busca proteger el valor territorial del aceite sureño mediante futuras Denominaciones de Origen, promoviendo el arraigo rural y el retorno de las juventudes al campo bajo la premisa de «vivir mejor».



