
Barcelona
El monasterio de Pedralbes cumple este año su 700 aniversario de su fundación. Se dice rápido pero a este recinto le atesora una historia apasionante que siglos después todavía se sigue investigando. Coincidiendo con esta efeméride, uno de los proyectos más destacados del cenobio ha sido el estudio de la tumba de la reina Elisenda de Montcada, la fundadora del monasterio con el apoyo de su esposo Jaime II.
Para ello, se ha abierto su sepulcro con más de 600 años de antigüedad y se han extraído muestras que han permitido profundizar en la historia de este lugar. Tras la muerte del rey, Elisenda de Montcada fijó su residencia en un palacio que mandó construir junto al monasterio.

Además de confirmarse la presencia de sus restos, la reapertura del sepulcro ha permitido saber que fue enterrada en una caja de madera medieval y las evidencias apuntan a que tuvo un enterramiento con una indumentaria austera, tal como requerían los hábitos monásticos. El análisis también concluye que se trata de una mujer de unos 70 años, con enfermedades asociadas al envejecimiento.
Todavía hay más sorpresas. El exterior de la tumba de la reina se puede ver a ambos lados del muro que une la iglesia y el claustro, lo que simbolizaría el vínculo entre el mundo exterior y el de clausura. Así, la cara que da al claustro aparece Elisenda como reina con sus atributos reales con su corona mientras la parte de la iglesia la muestra con el hábito de clarisa, en referencia a la orden religiosa femenina que había hasta hace poco en el cenobio.

Antes de la apertura, se creía que se trataba de un sarcófago único que atravesaba el muro entre la iglesia y el claustro. Ahora se sabe que esto no es así y la tumba no traspasa la pared sino que son dos vasos sepulcrales separados por un murete y la caja de la reina se encuentra en la esquina del sepulcro.
Por otro lado, los responsables del estudio destacan que la investigación “cuestiona atribuciones históricas consolidadas” tras abrirse otras siete tumbas del siglo XIV y haber estudiado 25 individuos. Por ejemplo, en el sepulcro atribuido a Artau de Foces no se ha encontrado ningún hombre sino dos mujeres y tres menores. O en la tumba de Francesca Saportella se han identificado al menos nueve individuos de cronologías diversas, “evidenciando reaperturas y alteraciones posteriores”.

Además, el estudio ha servido para documentar una gran diversidad de prácticas funerarias hasta ara poco conocidas en el monasterio. En este sentido, se han identificado entierros en fardos textiles y sacos funerarios, así como la presencia de elementos rituales como cordeles. “Estas evidencias apuntan a procesos de reorganización y reinhumación a lo largo del tiempo”, apuntan los autores de la investigación.
Este proyecto interdisciplinar, iniciado en 2024 y que todavía continúa, lo ha dirigido Anna Castellano, directora del monasterio, y lo ha coordinado Carme Aixalà, responsable de las colecciones del cenobio. También han participado Josep Maria Vila, director del proyecto arqueológico, Javier Chillida, director de conservación preventiva y restauración, y Carme Rissech, directora del proyecto antropológico, con el apoyo del Servicio de Arqueología de Barcelona.

Soy licenciado en periodismo por la Universitat Autònoma de Barcelona. Trabajo en La Vanguardia desde el 2007. Actualmente, formo parte del equipo de Última Hora, tras haberse estado en el departamento de Producción Propia y la sección Vivir.



